El Ballet "Sorolla" arrasa en los Teatros del Canal

31/08/2014

Cuando Joaquín Sorolla recibió el encargo de la Hispanic Society de Nueva York para pintar su Visión de España, se enfrentó con un colosal desafío: en primer lugar, porque había de hacerlo a través de una serie de lienzos de enormes proporciones; y en segundo lugar, porque reflejar toda la variedad y la riqueza de nuestra cultura era un reto al que solo un genio podía enfrentarse.

 

Escritores, compositores y artistas como Federico García Lorca, Antonio Machado, Valle-Inclán, Manuel de Falla, Joaquín Rodrigo, Picasso, Zuloaga, o el propio Sorolla, sintieron una fascinación por lo español que inspiró sus mejores creaciones. Fascinación que fue compartida en el ámbito del ballet por figuras como Diaghilev, Massine, Lifar... Y por supuesto, por todos los grandes de nuestra danza.

 

Una de las tareas fundamentales del Ballet Nacional de España ha de ser la preservación y difusión de la danza española. Pero ello no significa mirar únicamente al pasado. Sería sin duda, muy necesario, llevar a cabo una reconstrucción "arqueológica" de nuestras danzas, sobre todo en base al mantenimiento de nuestro patrimonio coreográfico, uno de los más importantes del mundo.

 

Sin embargo, "Sorolla" va más allá. Nos recuerda el pasado, pero dirigiendo su mirada hacia el futuro. En un tiempo en que la danza parece haber agotado su lenguaje y sus formas de expresión, el gran acierto de "Sorolla" está, no solo en recordar al público la extraordinaria diversidad de nuestras danzas tradicionales, sino en que, al mismo tiempo, hace de ellas su fuente de inspiración para crear algo nuevo.

 

Al igual que el flamenco ha evolucionado y, sin dejar de conservar sus esencias, ha sabido fusionarse con diversos ritmos y estilos, otras danzas de nuestro acervo cultural han iniciado ahora su particular proceso evolutivo con el ballet "Sorolla". Se ha abierto una nueva ruta sobre la escena que merece ser explorada.

 

La música de Juan José Colomer convierte lo tradicional en contemporáneo. Supone la estilización de lo folklórico hacia lo sinfónico, traducido en el uso de "leitmotiv" que garantizan la cohesión de la partitura, y de una orquestación rebosante de matices: el lirismo de la introducción, el aliento ancestral de la Fiesta del Pan y del aurresku, la solemnidad de los penitentes, la vitalidad de los toreros o el frenesí de esa enardecida "muñeira", que arranca las ovaciones del público.

 

Sin olvidar las composiciones del gran Paco de Lucía y de Enrique Bermúdez, cuyos acentos flamencos palpitan en las voces bellamente entrelazadas de Saray Muñoz y María Mezcle.

 

En lo que se refiere al elenco, está constituido por verdaderas figuras, pero cada bailarín imprime su propio carácter al conjunto.

 

Las coreografías, pese a ser de autores diversos, van fluyendo con transiciones casi poéticas. Al vigor exultante de las tres piezas de Miguel Fuente (“La Romería”, “Los Bolos” -bailado con brillantez por Eduardo Martínez- y “La Jota”), Arantxa Carmona añade su particular alma poética (“Extremadura”, “El Mercado”, “La Fiesta del Pan”, “El Pescado”, “Las Grupas” y “El Palmeral” -que Inmaculada Sánchez danzó con un derroche de gracia-); Manuel Liñán confiere la nota flamenca, que alcanza su cumbre con “El Encierro”, donde sobrecoge la estampa de Francisco Velasco y la fuerza de Mario Bernal.

 

Las piezas de Antonio Najarro tienen la elegancia que caracteriza todas sus creaciones. En “Los Toreros”, se adorna con una vibrante escuela bolera, destacando el bailarín Sergio Bernal por la belleza y la perfección de su estilo -cabe preguntarse si alguna vez se ha planteado una coreografía bolera para la escena de los toreros en "Don Quijote"-. En “Los Nazarenos”, el director asume el reto de incluir una pieza de estilo contemporáneo, tratando con hipnótica abstracción la danza de los penitentes. Y la pieza final, “El Baile”, que ha coreografiado conjuntamente con Manuel Liñán, la que mayor paralelismo guarda con el cuadro de Sorolla del mismo título.

 

Pero no hay que olvidar que la danza es un arte eminentenente visual. En este sentido, el vestuario de Nicolás Vaudelet, por la paleta de colores escogida y por la estampación directa sobre las telas, produce en el espectador una fuerte sensación plástica que lo sumerge en el mundo pictórico del maestro valenciano.

 

Cuando en el último tercio del siglo XIX, Wagner definió el concepto de "Gesamtkunstwerk", la Obra de Arte Total, atribuyó ese título a la Ópera, que aunaba sobre el escenario música, teatro y artes visuales. Es obvio que la coréutica, como forma de expresión artística, puede asumir los mismos criterios, por lo que el concepto de Obra de Arte Total debe extenderse también a la Danza.

 

Y el ballet "Sorolla" es buen ejemplo de ello.

 

Gabriel M. Olivares

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