El Ballet Clásico de Eva Borg (4): Conversando con Raúl Cárdenes

30/09/2014

 

Me reúno con Raúl Cárdenes en la terraza del Museo Thyssen. Los días de verano tocan a su fin y la nostalgia que provoca su fugacidad, hace que este atardecer sea un marco perfecto para evocar el pasado. Deseo que Raúl me cuente como fueron sus inicios como bailarín en la compañía de Ballet Clásico de Eva Borg, a lo que accede gustosamente. En sus ojos brilla la chispa de la inteligencia, y su voz contiene el eco de un alma sensible.

 

Le pido que recuerde y retroceda a aquellos momentos en que la bailarina Eva Borg y la pintora francesa Monique Lancelot, fundaron la que sería la primera compañía de ballet clásico en España, donde él bailó con otros treinta jóvenes venidos de todos los rincones de la península.

Le muestro una fotografía en la que aparece preparándose para actuar con ellos.

 

Se muestra feliz, y afirma:

 

-Es muy importante recuperar la memoria. Hay que trasladarse a aquella época de finales de los años 70. Ver lo poco que había antes, lo que se hizo y lo que se perdió...

 

Mercedes -¿Qué recuerdas de Eva y Monique?

 

Raúl - La relación entre Eva Borg y Monique Lancelot fue una historia de amor y de arte. Y esta historia se llevó a cabo con el máximo respeto y con todo el rigor de la devoción que ambas sentían por la danza clásica.

 

Y por España. Se enamoraron de España.

 

M-¿Cómo era la pintora Monique Lancelot?

 

Raúl -Monique era una creadora nata, una persona muy vital. Le encantaba cocinar y nos invitaba a todos, siempre bebía champagne. Y hacía unos platos... Alta cocina francesa, algo que nosotros por entonces jamás habíamos probado.

 

Y sus dibujos... ¡Era prodigiosa! Trazaba cuatro líneas y ya había creado un obra maestra. Te decía sobre la marcha: te voy a hacer un dibujo, y zas, zas.

 

Monique pintaba para exponer y vender sus cuadros, con los que había ganado una verdadera fortuna en Francia, para poder pagar los gastos de la compañía. Sacrificó su carrera por Eva.

 

M-¿Cómo era físicamente Monique?

 

R -Aunque ella y Eva tenían la misma edad, Monique aparentaba ser mayor. Se movía con dificultad, y se ayudaba con unas muletas.

 

M- Mira, tengo una foto, sólo una foto en la que aparece Monique. La pondré aunque no tiene buena calidad, es todo un testimonio porque no se conservan imágenes de ella. También sales tú y Monique está sentada entre vosotros.

 

R- Me emociona verla, y no sólo por ver a Monique con sus gafas de sol, y verme yo tan joven, sino sobre todo porque aparece Lorenzo Godoy.

 

M -¿Quién era Lorenzo Godoy?

 

R – Fue el verdadero impulsor de la danza en Las Palmas y un pionero de la danza contemporánea en España, Este año se cumplen 30 años de su muerte. Fue gran bailarín y artista en todo el sentido de la palabra, que se formó en París y conocía a Lifar y Nureyev, con los que mantenía contacto. Fue precisamente gracias a Lorenzo por quien nos enteramos de que se iba a formar la compañía de ballet clásico de Eva Borg, y fuimos a la audición.

 

M - ¿Qué edad tenías?

 

R -Yo tenía 16 años. Entonces que no había nada de ballet. Enterarnos de la convocatoria de una audición en Madrid ¡Fue tan emocionante!

 

M – Cuéntamelo

 

R – Era la primavera del año 1977. La audición significó un encontronazo repentino con un montón de bailarines, que ni te imaginabas que podía haber tantos... Los primeros sorprendidos éramos nosotros mismos. Algunos nos conocíamos de los cursillos, pero de verdad que fue tan impresionate tomar conciencia por vez primera de que éramos un colectivo.

 

Primero hicimos las dos funciones del Teatro Romano de Sagunto, en julio de ese mismo año; luego en el Campo de Marte -Festivales de Tarragona- media docena de funciones más, y regresamos a Madrid.

 

M - ¿Sabías quién era Eva Borg?

 

R -Antes de Eva ella tenía otro nombre, pero se lo cambió cuando se escapó de la Alemanía del Este. Era la hermana de Peter Van Dyk, aunque no hablaba mucho sobre su parentesco.

 

Yo la conocía porque había venido a dar cursillos a Karen Taft. Y recuerdo cuando ensayábamos en los estudios del maestro Morales, en Recoletos; también en los estudios del Maestro Portillo que estaban frente al Teatro María Guerrero. El maestro Alberto Portillo ha sido injustamente olvidado porque además opino que se trata del coreógrafo más versatil que ha tenido España. En los 70 Carmina Ocaña abrió en esta sede su famosa escuela.

 

M - ¿Por qué crees que quisieron fundar su compañía con bailarines españoles?

 

R – Ellas lo que soñaban era con hacer el Ballet Nacional Clásico de España, ese era el objetivo que buscaban, y también su gran decepción, porque cuando se creó la compañía de la que ahora conmemoramos el 35 aniversario, ellas elaboraron un dossier y se presentaron para dirigirlo, pero fue Víctor Ullate al que el Ministerio de Cultura le enconmedó la tarea.

 

Cuando dejamos la compañía de Eva Borg, nos volvimos con Lorenzo Godoy a fundar “El Ballet Contemporáneo de La Palmas”.

 

M – Hay una filmación muy curiosa de esa época (1978) con Lorenzo explicando y vosotros bailando. La pondré.

 

M –  ¿Y cuando vino Serge Lifar?

 

R – Lifar, madre mía, también nos impresionó. Era un hombre encantador. Vino a dirigir su “Suite en blanc” para la Gala de Uniceff en el Palacio de Congresos de Madrid. Su visita fue como algo mágico. Era para nosotros como un mito viviente y vértelo de repente así, cara a cara. Él ya tenía 78.

 

Nos montó la coreografía de uno en uno, todos pasamos por él. Empezó por los solistas hasta el cuerpo de baile.

 

M - ¿Cuál fue la opinión de Lifar sobre los jóvenes bailarines españoles?

 

R – Lifar dijo: “bailan muy bien, pero les falta técnica”, y así era, nosotros teníamos tanto entusiasmo cuando dazábamos, estábamos tan llenos de vida...

 

Lifar apreciaba muchísimo a Eva y a Monique, por eso vino a ayudarlas.

 

Monique además de ilustrar todos los libros de danza de Serge Lifar, hacía diseños para los vestuarios de sus ballets y plasmaba en dibujos las coreografías, por eso tenía un estudio en el Palais Garnier que él le había cedido.

 

M Mira aquí he encontrado un dibujo de un traje de torero que Monique diseñó para Lifar. Lo exhibieron en una exposición conmemorativa sobre él que tuvo lugar en la ciudad de Chartres (2007).

 

 

M - ¿Por qué crees que el proyecto de Eva y Monique fracasó?

 

R- Tuvieron mala suerte. Eva era una diva y no se dió cuenta que España estaba cambiando, que en esos años se estaba fraguando una revolución social hacia la modernidad. Monique y Eva fueron contra corriente.

 

Además sus galas eran costosísimas, se hacían con todo lujo y sin escatimar ningún detalle. Mantener un ballet privado y con no menos de treinta bailarines era una hazaña que requería ayuda estatal. Nunca la consiguieron.

Pero lo que hicimos fue lo nunca visto en España, unas producciones de superulujo. Recuerdo “La Celestina”. Eva bordó el papel. Mira esta foto estamos ella y yo. Es del ballet “Theosomega”. Ella hacía de “la muerte” y me decía “tu me tienes que matar”, lo que a mi me sorprendía. Estábamos descubriendo nuevos contextos de la danza.

 

M - ¿Volviste a ver a Eva después del fracaso de su compañía y su retorno a Francia?

 

R - Sí, ella siempre me ayudó. Me montó mi coreografía cuando me presente a las pruebas de la compañía nacional. Recuerdo que fue con música de Satie. Se lo pedí con un poema de Jean Cocteau, que era amigo suyo.

 

Eva volvió alguna vez a España; Monique ya nunca regresó. Nunca ví un caso semejante que entregase todo por la danza. La compañía se mantenía con las exposiciones de sus cuadros que se veía obligada a vender, cuando algunos eran piezas únicas de las que no quería desprenderse. Eran escenas pintadas en la Ópera de París, con Lifar, Claude Bessi, Vyroubova, Attilio Labis, Van Dyk...

M – Sí, Monique lo dió todo, y hasta de esos cuadros que un pintor se niega a vender y que lleva consigo donde quiera que va porque son sus recuerdos, los tuvo que dejar. Se los quedó un amigo de ellas, productor de cine, que les prestó una gran suma de dinero para que pudiera continuar la compañía. Pasaron los años y este director -creo además que se suicidó- tenía los cuadros amontonados en el sótano de su casa, y los descendientes, que ni sabían de quién eran, los malvendieron.

 

Cada cuadro de Monique Lancelot es una joya única, un momento irrepetible de la historia de la danza.

 

R - Me siento muy feliz de formar parte de esa memoria, porque yo no me considero haber sido alguien muy especial, pero sí he estado en muchos momentos especiales. Y este fue el principio...

 

 

MERCEDES ALBI

 

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