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Bailando en la mina: "Ruhr-Ort"

Una de las apuestas más arriesgadas del Festival Madrid en Danza 2014, ha sido la obra de Susan Linke, “Rurh Ort", cuyo estreno tuvo lugar el año 1991.

Susan Linke es una de las pioneras de la Tanztheater alemana. Fue alumna de Mary Wigman y pertenece a la misma generación de Pina Baush. Su investigación coreógrafica se centra en cuestionar las motivaciones del movimiento.


A la entrada de la sala se reparten entre los asistentes tapones para los oídos. Y por megafonía se advierte que el sonido de la representación supera en algunos momentos los diez mil decibelios, por lo que se aconseja su uso.


Una puerta de enorme de chapa metálica hace las veces de telón. Se abre para introducirnos en el mundo subterráneo de las explotaciones mineras, un lugar sórdido, inquietante y agobiante. La primera escena muestra unos railes por donde circular el tren minero con su sonido característico, se dirige hacia la mina y así comienza la función...


La coreografía de Susanne Linke es muy enérgica y requiere gran esfuerzo físico; los ocho bailarines no convencen en cuanto a técnica dancística y expresividad, predominado en ellos una magnífica destreza atlética. Narra a través de la danza contemporánea y los estilos break dance y Hip Hop la vida de los mineros dentro de mina.


Destaca la escena de los mazos trabajando, en la que los bailarines golpean sin cesar una placa de metal; mientras uno corre sobre ella, el ritmo de sus pasos marca los del resto que se mueven y golpean el suelo con sus mazos, como una forma de mostrar el cansancio teñido de desesperanza que los envuelve.


La música de Ludger Brummer es un ruido continuo y ensordecedor, una mezcla de sonidos metálicos, chasquidos, martillos neumáticos, maquinas en movimiento, también de burbujas de agua y explosiones lejanas. Estos ruidos están basados en sonidos reales que se han grabado en las minas y en los altos horno del valle del Ruhr.


La escenografìa se conforma con paneles metálicos que cambian -en algunos momentos se transforman en unos altos hornos-, y una serie de proyecciones de los túneles mineros contribuyen fomentar en el espectador la sensación de encontrarse en el subsuelo.


La obra prescinde de una armónica belleza. No tiene color, es profunda y oscura como el fondo de la tierra. Es una experiencia diferente que no logró llenar ni a la mitad del aforo del teatro.


PAOLA PANIZZA

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