Entrevista a Ludmila Pagliero (2): una étoile argentina en la Ópera de París

01/01/2015

(Primera Parte)

-¿Surgió una salida?

 

-Siempre intervino en mi vida el elemento sorpresa, el azar inesperado y emocionante. En 1999, Ricardo Bustamante, el director del Ballet del Teatro Colón se marchaba al Ballet de Santiago de Chile. Un día, de repente, suena el teléfono.

 

Era Ricardo, que me ofrecía un contrato de un año para cuerpo de baile. Estaba tan impaciente de entrar en el escenario que acepté inmediatamente sin preguntar nada a mis papas. Mas tarde este día, se lo cuento a mis papás y... ¡Se arma una revolución en mi casa! Fue mi primera separación familiar.

 

-¿Fue duro?

 

-Me sentía feliz de poder trabajar y subir al escenario. Yo estaba en mi mundo. Vivía sola, tenía un sueldo, y siempre fui alguien para quien su libertad era muy importante. Pero el desarraigo físico y la lejanía familiar ha sido un precio muy caro a pagar.

 

-¿Cuánto tiempo estuviste en el Ballet del Teatro Municipal de Santiago?

 

-Tres años. Se me abrió un mundo lleno de posibilidades.

 

-Cuéntame un momento importante de esa época.

 

-Cuando bailé la Aurora de ”La Bella Durmiente”, mi primer gran ballet, con 17 años. Fue un hito en mi vida. De mi etapa en Chile recuerdo el cansancio físico, porque cada día me imponía nuevas metas y trataba de ir un poco más lejos. Con “La Bella Durmiente” sentí por primera vez lo que significa llevar el peso de una obra a tus espaldas. Es un estrés de de responsabilidad distinto, porque en el cuerpo de baile te escondes, no te sientes tan expuesto.

 

 

-¿Consideras que el escenario es la gran escuela?

 

-Aunque pudiera pensarse que es la última etapa, hay toda una evolución que se realiza sobre el escenario. Y poder hacer varios espectáculos es lo que posibilita avanzar, es el arte viviente. Es muy importante la experiencia escénica, lo que se aprende entre las paredes del estudio es solo el proceso técnico. En la escena llega la hora de la verdad.

 

-¿Cuándo dejas el Ballet Nacional de Chile?

 

-A los tres años se marchó Ricardo Bustamante, y no sabía qué hacer, estando en Chile, Europa y USA me parecían algo demasiado lejano. Fue entonces cuando conocí a Bernard Courtot.

 

-¿Quién es?

 

-Un bailarín free-lance con el que bailé “El Corsario”. Él comienza a hablarme de lo que hay en el mundo... Y me aconseja que me presente al Concurso Internacional de Ballet de NY, donde gano la medalla de plata y el Premio Ygor Youschevich, por el que logré un contrato de un año para el American Ballet Theatre.

 

Ya me veía bailando con Ángel Corella, con Paloma Herrera, con Joaquín de Luz... Entonces, cuando vuelvo a Santiago con el premio bajo el brazo, este amigo francés me cuenta que hay un concurso en la Ópera de París. Le contesto que está loco, que jamás me van a coger en la Ópera de París. Y además un viaje tan largo era muy costoso, mi familia tampoco me podía ayudar económicamente... Y mi sueldo en Santiago no me hacia rica.

 

Pero al final me lancé. Siempre parecía que había algo más. Invertí todo el dinero del premio del Concurso. Y me propuse ir a aquel mítico escenario del Palais Garnier, aunque solo fuera por pisarlo una vez en la vida.

-Llegas a París... ¿Qué sucede?

 

-Me fui una semana antes para preparar el examen, pues tenía que preparar una coreografía: la prueba consistía en una clase y una variación. Me encontré aprendiendo la variación en 15 minutos en la calle con una bailarina de la ópera, amiga de Bernard. Busqué un estudio el siguiente día, pero el piso del que encontré estaba tan deslizante que tenía miedo de herirme antes de la audición. El día siguiente era día feriado en Francia y todos los estudios estaban cerrados. Empece a sentirme desesperada. Finalmente Bernard consiguió que otra bailarina de la ópera me permita entrar y bailar en un estudio de la Ópera de París el siguiente día, y me enseñó durante una media hora que en la Ópera de París los brazos son así, asá... Y esa fue toda mi preparación.

 

Hice el examen, y tuve mi primera gran decepción. No era en el escenario, sino en la Sala Petipa, y yo que había ido para poder pisar su suelo aunque solo fuera una vez...

 

-¿Pasaste la prueba?

 

-Termino quinta y me dicen que no tenían contrato para mí, pero que si acaso, ya me llamarían. Dije “chao”. Si no hay contrato... Regreso a Chile, hago una última producción y me voy a Argentina para preparar mis papeles, la visa a Estados Unidos.

 

Pero como se quejaba mi madre, siempre hay algo más...

 

-¿Qué fue esta vez?

 

-Justamente el día que me levanto en la mañana para ir a la Embajada de Estados Unidos a por la documentación, suena el teléfono. ¡Me llaman de la Ópera de París! Me ofrecen un contrato de 3 meses.

 

Recuerdo que estaba con mi mamá tomando unos mates, eran las 8 de la mañana. Me quedé sin saber qué hacer, y pregunté si lo podía pensar. Me contestaron que no, porque si no aceptaba llamaban a otra. Y en un minuto decido: me voy para allá. No me voy a USA, me voy a Europa, y empieza toda una revolución en mi casa para ir a Europa.

-¿Por qué Europa?

 

-Había algo con Europa... En el Instituto del Teatro Colón nos ponían vídeos de la Opera de París. Era como no podría decirte... Allá, el estilo ideal de la bailarina era el estilo francés. Es el estilo que podíamos ver en las vídeos. Me dije, me voy 3 meses, y luego me buscaré alguna compañía en Italia, Alemania o Inglaterra. Seguía pensando que lo de París era un sueño imposible.

 

-¿No pensabas que te pudieras quedar en la Ópera de París?

 

-Yo tenía la idea de que, como existe un puente entre la escuela y la compañía de la Opera, todos los bailarines estaban formados allí. Ni conocía la historia de José Martínez ni de esos pocos artistas extranjeros que lo habían logrado.

 

-Y te quedas...

 

-Sí, voy renovando el contrato. Y una vez más llega “La Bella Durmiente” y bailo una de las hadas. Yo solo era refuerzo del cuerpo de baile, pero resultó que las seis bailarinas que tenían que hacer el papel se lesionaron.

 

-¿Cómo se llega a étoile?

 

-Se hace por nominación. No hay concurso. El director de la ópera y el del ballet deciden hacerte étoile por un espectáculo específico.

 

-¿Cual fue el tuyo?

 

-Otra vez el azar... Nunca lo olvidaré. Fue el 22 de marzo de 2012. Estaba programada en una pieza de Mat Eks y otra de Robbins en el Palais Garnier; y en Bastille se hacía la Bayadère.

 

El maestro de bailé y asistente de la dirección me dice: “mira, Ludmila, ya sé que hace dos años que bailaste el papel, pero necesitamos que sustituyas a la Gamzatti en una semana, porque la bailarina no se encuentra bien...” Uff, pensé que era complicado, pero respondí que ok. De repente veo que a la chica, que tenía que bailar esa noche, le cuesta caminar.. El maestro me viene a ver. Presiento que hay un grave problema. Y me pregunta: “¿Cómo te sientes para bailar hoy? No tenemos a nadie más, sois vos o probaremos con otra”. Yo me quedé helada.

 

No podía ni ensayar, y por si fuera poco, aquella función se retransmitía en directo para los cines de toda Europa. Y él me dice: “Bueno, no lo pienses, simplemente hay un poco más de gente que te va a estar mirando...”

 

Hacemos un ensayo de media hora y casi corriendo nos vamos de Garnier a Bastille, para probarme los trajes. Y aquella función fue por la que me nombraron étoile.

 

-¿Cómo pudiste recordar un papel que no habías ni ensayado? ¿Cuál es el secreto?

 

-¿Secreto? Hay una memoria corporal que es increíble, que queda en el cuerpo. Es como si el movimiento quedase escrito y registrado dentro de uno mismo.

 

-Insisto, me parece que para hacer algo así hay que tener una cualidad muy especial, porque incluso se puede producir un bloqueo, un terror escénico y quedarse en blanco, sin saber qué hacer. Dime cómo lo haces.

 

-Lo que uno trata de hacer sobre el escenario es una acción. El público quiere verte en ese instante. No se plantea cuánto tiempo te ha costado preparar el papel. Nadie te lo va a preguntar, lo que desean ver es el resultado. Así, en la pelea con Nikiya quieren que la bailarina lo viva en el instante. Yo me lo planteo como una oportunidad de experimentar, me meto en el papel como si estuviera ocurriendo realmente por primera vez en mi vida. Viví, me sumergí en las emociones del personaje, no pensé en que podía bloquearme, en los posibles errores en los pasos y me lancé a sentir. Ese es mi secreto.

 

-¿Has bailado en España?

 

-Sí, he estado en galas con José Martínez y debo decir que cuando yo era solista el fue quien me dio mi primer rol protagonista en “Les Enfants du Paradis”. También he actuado en el Teatro Real con “Joyas” de Balanchine, pero todavía no era étoile.

 

-¿Qué piensas de la situación de la danza en España?

 

-La danza está en España. Se siente. Son sociedades que han crecido con el que baila, porque lo llevan en la sangre. La danza en España no desaparecerá aunque actualmente por la crisis las circunstancias sean adversas. Estoy segura que resurgirá.

 

"Un ser alado en este corto vuelo
prende como una aparición de llama ardiente,
surge de entre las sombras con anhelo
el brillo de Ludmila evanescente"

 

MERCEDES ALBI

 

(Fotografía de cabezera por Julien Benhamou)

 

 

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