"La Source": el Ballet de la Ópera de París recrea su antiguo esplendor

01/01/2015

Durante el pasado mes de diciembre ha cosechado un gran éxito, en la sede del Palais Garnier de la Ópera de París, el ballet “La Source”.

 

La obra original se estrenó 1868, en los últimos años de la era postromántica. Fue una época de esplendor -bajo el reinado de Napoleón III y su esposa, la española Eugenia de Montijo-  que produjo algunos títulos emblemáticos que todavían permanecen en el repetorio, como el ballet “Coppelia”.

 

Edgar Degas, asistió a aquel primer estreno de "La Source" y quedó tan profundamente fascinado por la actuación de la bailarina Eugénie Fiocre, que le inspiró el cuadro titulado ”Mademoiselle Fiocre en el Ballet La Source”. Por desgracia el incendio del edificio de la antigua Ópera -sita en la calle Peletier- en el año 1872, destruyó el atrezzo y los archivos existentes. Este lamentable suceso convierte a la pintura de Degás en uno de los pocos indicios que se conservan de la obra primigenia.

La versión actual fue realizada por el bailarín étoile y coreófrafo, Jean-Guillaume Bart, en 1977, quien propuso esta brillante idea a Brigitte Lefevre. No se trata, por tanto, de una reconstrucción sino de una re-creación de la trama original con su música (Minkus y Delibes). El ballet se ha sintetizado en dos actos y tres escenas.

Se abre el telón y la magina de la danza nos traslada a un reino imaginario, donde conviven a la par el ambiente exotico de una corte del Caucaso con el mundo fantástico de las ninfas y los elfos del lago. En esta atmósfera plena de reminiscencias orientales, acontece una historia de amor a tres bandas entre el cazador Dejemil (Karl Paquette), Nouredda (Laetitia Pujol) y la ninfa Nalia, el espíritu de la fuente (Ludmila Pagliero).

La coreografía de Jean-Guillaume Bart es todo un homenaje a la técnica de la escuela francesa de ballet. Es un ballet muy dinámico que alterna las danzas de conjunto con bellísimos pasos a dos y solos de esmerado vituosismo, sin que decaiga en ningún momento la atención del espectador.

 

La étoile Ludmila Pagliero brilla sobre el escenario con luz propia. La bailarina argentina posee una técnica envidiable que conjuga a la perfección con unas grandes dotes interpretativas. Ludmila sobre el escenario se convirtió realmente en una ninfa, un ser etereo proveniente del más allá, de un lugar donde los seres alados existen y parece que  en vez de caminar se deslizan como si flotaran ajenos a la fuerza de la gravedad.

Karl Paquette fue un perfecto partenaire cuya danza destacó por sus magníficos giros; Laetitia Pujol ofreció una muestra de equilibrio y armonía en total consonancia con su papel de Nouredda.

 

Alister Madine, en el rol del elfo Zael, y Vicent Chaillet como Mozdock, el hermano de Nouredda, compaginaron un tandem dancístico que subrayó la diferencia entre los dos mundos escénicos: el de la ligereza de las ninfas y elfos, con el reino del Cáucaso y sus danzas de caracter.

 

La variación de Nalia (Ludmila Pagliero) del primer acto, y la escena final, en la que la étoile alcanza su culmen interpretativa, muriendo para que su amado Dejemil logre ser su felicidad al lado de Nouredda, fueron momentos inolvidables por su alta intensidad poética.

La meditada sencillez de los elementos escenográficos concentró toda la carga visual en el magnífico vestuario diseñado por Lacroix con piezas de Swarosvski.

 

Todo un sortilegio de la imaginación quedó desplegado en torno al cuadro de Degas, así el atuendo de la Nouredda moderna recuerda en su inspiración al que vistiera la “mademoiselle” del cuadro, Eugénie Fiocre.

 

Y es que con “La Source”, el Ballet de la Ópera de París ha logrado recrear un título desaparecido para convertirlo en un ballet inolvidable.

 

PAOLA PANIZZA

 

(Fotografías Julien Benhamou) 

 

 

 

 

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