“Los Tarantos” el adiós de Carmen Amaya, la bailaora de las líneas quebradas

12/03/2015

 

Corría el año 1963 y la vida de la bailaora de las líneas rotas anunciaba sus últimos quiebros. Rovira Beleta -director de cine- sin pretenderlo nos brindó a todos, incluida ella, la última oportunidad. “Los Tarantos” fue la Crónica de una muerte anunciada.

Alfredo Mañas había escrito para teatro “La historia de los Tarantos”. El guión para la película llega a las manos de Rovira y su olfato le dice que se encuentra ante una película fascinante. El trabajo realizado tuvo tanta calidad que incluso fue nominado al Óscar a la mejor película de habla extranjera.

 

 Poco a poco se irán tejiendo los hilos de un “Romeo y Julieta gitanos" de la mano de Sara Lezana y Daniel Martín -el menos gitano de todos los personajes-. Contaba Rovira que para el papel de Julieta había elegido a “La Chunga” -bailaora y musa de Picasso y Dalí entre otros-. Ella denegó la invitación argumentando que no podía darle un beso a ningún hombre que no fuera su novio o marido. Los productores ya conocían a Sara Lezana, protagonista de la obra de teatro, y le insistieron al director para que fuera ella quien hiciera el papel.

“Sole” la hermana de “Rafael” fue interpretada por Antonia “la Singla”. Cuando rodó la película era sorda, pero la gracia que tenía bailando por rumbas, sorprendió tanto a Rovira que le brindo la mejor oportunidad de su vida.

 

 Y así, una casualidad llevo a la otra y Rovira se decidió por un elenco que dio si cabe más categoría a la película. Cuentan que Lola Flores se ofreció a los productores para realizar el papel de “Angustias” madre de “Rafael” (Romeo). Rovira denegó el ofrecimiento porque tenía muy claro que su protagonista era Carmen Amaya y el entorno, el barrio barcelonés del Somorrostro. El valor de la película sin duda residió en esa elección.

 

Carmen estaba en el final de sus días. Su rostro así lo anunciaba y quizá  ella también lo intuía. La fotógrafa Colita le regaló a la historia algunas imágenes de aquellos días. Su mirada perdida y triste vagaba por otros lugares. La soledad de su rostro aún hoy estremece. Dicen que los “grandes genios” son lobos solitarios y así debía sentirse ella. En esa soledad estaba la mujer y no la artista.  Se intuía el abandono forzoso de “La Capitana”. Ella ya es consciente de que las fuerzas no le acompañan.

Rodó aquella película en contra de los consejos de Dr. Puigvert. Cuentan que su salud ya estaba tan delicada que entre escena y escena Carmen aplacaba los dolores a base de calmantes. Se alimentaba de cafés y tabaco. Las líneas de su cara denotaban el cansancio que se hacía dueño de su vida. Pese a todo, bien por los fármacos o bien por los alientos de los últimos suspiros, le regaló al mundo su mejor obra.

Los presentimientos no le engañaron y murió en Bagur el 19 Noviembre. La película se estrena el 5 de Noviembre y ella ya no puede acudir.

 

El día de su muerte, otro de los mitos de nuestra danza, Antonio Gades, con el que también compartió elenco, se encontraba en Barcelona cuando conoció la noticia.

 

«Me fuí por todos los tablaos de Barcelona –contaba el bailaor a ABC en 1993–. Cuando llegué al de la antigua vedette Bella Dorita, estaba la gente dando palmas y yo me puse a gritar delante de todo el mundo: "¡No tenéis vergüenza! ¡Que esté Carmen Amaya de cuerpo presente y haya un tablao abierto!". Me dediqué a cerrar todo lo que hubiera abierto de flamenco».

 

No tuvo el placer de convivir con él durante el rodaje ya que grababan las secuencias en distintos días. Antonio en aquellos momentos se encontraba en la Scala de Milán. Pero aquello no fue excusa para que ambos sintieran una profunda admiración.

“Era la única persona ante la que yo me he sentido espectador, Antonio Estévez Rodenas – decía para mis adentros- , olvídate de todo lo que sabes y de todo lo que puedas aprender, porque aquí no vas a aprender nada. Siéntelo y basta”.

Esa insondable fascinación fue la que le llevó a acompañar a Carmen en su despedida. En una entrevista a ABC en 1993 lo contaba así:

“Llegamos a Bagur. En aquella casa desnuda estaban Pilar López y Rosario, que habían alquilado un taxi desde Madrid. La escena era impresionante. Subí unas escaleras y allí estaba, en el suelo, al lado de un somier. La velamos toda la noche. Al día siguiente fuí uno de los que tuvieron la tristeza de llevar la caja.”

Y así lo recogían algunos diarios al día siguiente.

 

GEMMA ORTEGA

 

 

 

 

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