Recuerdos de Carlos Vilán, evocando a Maya Plisetkaya

04/05/2015

 Tener al Cisne enfrente fue una emoción que aun me sigue conmoviendo.

 

Recordaba de pequeño haber visto ese aleteo de sus brazos que no sabías describir, y volver a ver entre cajas a esa BAILARINA ABSOLUTA QUE NO TENÍA EDAD, SOLO CUMPLÍA ARTE, aquella mezcla de Divinidad y Animal, que jamás hubiera esperado conocer. ¡Cómo amaba la Danza Española! Maya nos miraba a nosotros bailar (Lola Greco, Aida Gomez, Antonio Canales, Joaquín Cortés, etc…), admiraba tanto el genio español y el toque de castañuelas. Y cuando sentías que estaba ella, no sabías si bailar al público o hacia la caja donde se ocultaba, vestida con sus calentadores, su bata y su tocado de Cisne, penetrando con su mirada cada movimiento y aplaudiéndote al finalizar el “Asturias” de Antonio Ruiz Soler.

 

  Luego, con su gran sonrisa, nos abrazábamos, y con Ricardo Cue y su traductora decía: “¡Eres España!”  El porte, el palillo, la pasión de la ejecución de nuestra danza la hacía exaltarse. Y también le encantaba  verme calentar como un bailarín de clásico, haciendo mi barra y mi centro.

 

Realmente esos 5 años de estas Galas de Estrellas, de las cuales aprendía cada noche de cada una de ellas… Fueron mis comienzos, yo empezaba, aproveché la oportunidad que Ricardo Cue me brindó; Maya te hacía sentir esa estrella. Acude a mi cabeza la emoción de los primeros aplausos, el contacto con el público, que te esperaba a la salida del teatro. Yo me retrasaba por pura timidez; Ricardo Cue tiene muchas anécdotas de ese tiempo, pero prefiero que él os lo cuente.


Maya se sabía el “Asturias” y la “Farruca del Molinero” al dedillo. En las cenas posteriores a la función, te hacia poses de lo que habías bailado con rigurosidad, y te quedabas atontado. El trato sencillo de esa Bailarina Absoluta era tan conmovedor...

 

Quiero agradecer a Maya, esté donde esté, su apoyo en  un proyecto que fue un sueño maravilloso. Fue después de las Galas de Estrellas, estando en Buenos Aires. Le pedí que fuera la Madrina del Ballet Español que yo dirigía, y accedió encantada. Yo iba a ser nombrado director del Teatro Avenida y ella me animaba: “así es como debe ser, un teatro debe dirigirlo un artista, pues sabe la pasión y lo que es arte, y lo dirigirás perfectamente".

  Aquel Teatro, referente del Arte Español, estuvo cerrado 17 años tras un incendio, y la Colectividad Gallega lo rescató y lo ofreció a la ciudad en agradecimiento a su acogida a todos los emigrantes gallegos, mi padre uno de ellos. Recuerdo que la rueda de prensa fue muy temprano, pero Maya estaba ahí, guapa a rabiar, con esa clase y ese halo que las divinidades poseen. No andaba, flotaba en el aire envuelta en el mejor de los perfumes, abriéndote sus brazos, o mejor dicho sus alas, para darte el mejor de los abrazos y decirte en su español-ruso tu nombre, que sonaba a gloria de su boca.

 

Ese escenario que había sentido las pisadas de Carmen Amaya, Antonio y Rosario, Lola Flores, Paco de Lucia, Camarón y un largo etcétera, que el fuego había hecho cenizas para subirlo aun más a lo más alto, renovado como el ave fénix, era PISADO E INAGURADO por LA HISTORIA VIVA DE LA DANZA MUNDIAL PARA DARLE MÁS HISTORIA TODAVÍA en su reapertura.


Cuando la presenté estaba entre cajas con Ricardo Cue, elegantísima, y el público y la prensa le dieron una ovación atronadora nada más aparecer, como si hubiese bailado esa noche. Me agradeció mis palabras en la rueda de prensa que se hizo sobre el Escenario, deseándonos a todos lo mejor en esa andadura. Lamentablemente, los apoyos gubernamentales de los Ministerios de Cultura de ambos países, España y Argentina, no continuaron,  y fue imposible seguir con ese gran proyecto que era una extensión del BNE y del Teatro de la Zarzuela para coproducir espectáculos de repertorio de danza española y de zarzuela. Llueve sobre mojado... 

 Pero volvamos a Maya; siempre que coincidíamos te reconocía y te abrazaba cariñosamente llamándote por tu nombre. Un ser ESPECIAL E IRREPETIBLE. UNA DIVA HUMILDE, CON UN GRAN CORAZÓN E HIDALGUÍA DE ZARINA, AMANTE DE ESPAÑA Y DE SU DANZA.

 

No puedo escribir más, la emoción me ha tocado.

 

 Nunca te olvidaremos, Maya Plisetskaya.

 

CARLOS VILAN

 

 

 

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