Antonia Mercé y el estreno de "El Amor Brujo" en París (1925)

08/09/2015

 Entre las artistas que, además de la rusa María Kousnezoff, quedaron fascinadas con el estreno de “El Amor Brujo” en el Teatro Lara en 1915, se encontraba una joven bailarina que durante años soñaría con poder representarlo. Pues desde aquel momento, una chispa que nunca se apagaría quedó prendida en el alma vivaz y creadora de Antonia Mercé, la Argentina. Si en ella reside el mérito y el talento de ser la pionera en elevar la danza española desde el “tablao” a los escenarios más importantes del mundo, no podemos olvidar el importante papel que “El Amor Brujo” jugaría en esta transformación. Antonia Mercé esperó diez años desde que Pastora Imperio protagonizara Candelas pues “no quería ofenderla bailando un papel de su repertorio”.

 

 

El 25 de mayo de 1925, día memorable en la historia de la danza española, tuvo lugar el estreno de “El Amor Brujo” en el Teatro Trianon-Lyrique de París. La chispa interior que Antonia Mercé sentía por la obra se materializaría al fin en un verdadero incendio.

 

 

No fue fácil convencer a Manuel de Falla, que vivía retirado en Granada y deseaba evitar cualquier clase de agitación. El compositor aun recordaba con disgusto los problemas acaecidos durante el estreno de 1916, especialmente los generados por las discusiones del productor y libretista de la obra, Martínez Sierra, con el autor de la escenografía, el pintor Néstor, cuyo planteamiento escénico no fue respetado. El pintor grancanario había diseñado el cuadro segundo -en el que la acción se sitúa en una cueva en penumbras- a base de un marcado contraluz. Pero Martínez Sierra, sin consultarle, ordenó encender unos focos rojos para que se viera bien a Pastora Imperio. Néstor no pudo perdonar la insolencia del productor, y tal vez en ello estribe la causa de que no realizara los decorados y figurines en las nuevas representaciones, los cuales fueron encargados a  Bacarisas.

 

 

El mérito de embarcar a Don Manuel en esta nueva aventura escénica corresponde al compositor Joaquín Nin, gran amigo de Antonia Mercé, a quien le fuera encomendada la tarea de mediar con el maestro, que casi se echó atrás en un par de ocasiones.

 

 

En el transcurso de los años, Falla había ido aumentando el potencial sinfónico de la obra. La música se había enriquecido, y se había modificado también el argumento, con la supresión de las partes habladas. El “bailable-lírico-pantomimesco” de Pastora Impero fue transformado en ballet.

 

Es fundamental el papel que ejerció el compositor Joaquín Nin en la concepción del género balletístico elaborado por la compañía de los Ballets Espagnols de Antonia Mercé. Fue idea del compositor recrear los "bailetes", un género propio del teatro español del siglo XVII, consistente en pantomimas danzadas que aderezaban el final de las representaciones teatrales. 

 

 

Tuvo un reparto antológico. El protagonista masculino, Carmelo, recayó en el gran bailarín Vicente Escudero. Y hubo una gran novedad, muestra inequívoca de la modernidad y de la capacidad de fusión de la danza española: el papel del Espectro no fue interpretado por un bailarín sino por el mimo francés Mr. Wague.

 

 

Los amigos de la colonia española de residentes en París acudieron a acompañar a Falla al estreno, invadidos por una gran expectación. El propio maestro dirigiría la orquesta desde el foso. La música de la “Historia de un Soldado” de Stravinsky inauguró la velada, y una parte del público comenzó a abuchear, lo cual aumentó el nerviosismo de los españoles que se miraban unos a otros. <<¿Qué nos pasará ahora a nosotros?>>, preguntó el dramaturgo Marquina a Gisbert, el cual continúa describiendo: << Nosotros éramos, naturalmente, “El Amor Brujo” y Falla. Desde los primeros acordes el público estaba ya fascinado. Los aplausos se repitieron en toda la obra y cuando al fin llegó la Danza del Fuego, y cayó el telón, el entusiasmo fue delirante y hubo de bisarse la parte. Antonia Mercé y Vicente Escudero, de la mano de Falla, fueron paseados en triunfo por el escenario >>

 

 No se había visto un entusiasmo de público semejante en París desde los tiempos de la llegada de los ballets de Diaghilev, comentaría la prensa al día siguiente. “El Amor Brujo es un espectáculo extraordinario, de una profundidad de acentos arrebatadora. El éxito ha sido triunfal” (Comedia, París, 1 de junio 1925)

 

 

Es muy significativo para conocer la parquedad de medios escénicos de que dispusieron en la representación, el texto de una carta que Vicente Escudero envía a Manuel de Falla desde Nueva York en 1935. El bailarín le informa sobre el éxito que acaban de obtener en la ciudad de los rascacielos con “El Amor Brujo”, y resalta el hecho de que en esta ocasión hubiera 37 bailarines en escena, no como en el Trianón Lyrique -rememora el pasado y el mítico espectáculo- donde sólo contaron “con 8 bailarinas, y con los vestidos faltos de tela. Los fuegos fatuos dos alambres con una bombiyita a la punta y tirándolos por los lados de la escena (…)”.

 

 

La maravillosa música de Falla unida al entusiasmo y al genio de Antonia Mercé y de los artistas que allí intervinieron fueron los verdaderos artífices del milagro. Pues “ya soy Candelas para mientras viva” (Carta de Antonia Mercé a Manuel de Falla, 5 de agosto de 1925).

 

 

El éxito obtenido fue el impulso que necesitaba la bailarina para consolidar su compañía de danza española, con la que recorrería los grandes escenarios del mundo.

 

Mercedes Albi

 

 

 

 

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