Conversaciones en el Ateneo: entrevista a Ana Abad Carles

01/11/2015

 

Conocía a Ana Abad Carles únicamente como ferviente lectora de su libro “Historia del ballet y la danza moderna” (Ed. Alianza Editorial) que siempre he consultado, pues lo considero el mejor y más completo análisis que se ha escrito en lengua española sobre la materia. Pasaron los años y un guiño del azar me posibilitó contactar con ella. Fue a través de una red social en la que colgué un dibujo de Monique Lancelot adquirido en una subasta. Y cuál no sería mi sorpresa cuando Ana me escribió un comentario indicándome el tratado de danza donde figuraba esta bella ilustración.

  Ana era mi escritora, yo su lectora. Ella no lo sabía. El muro de distancia que separa al autor de su lector, se había roto. Mi escritora se había vuelto real, no podía dejar de conocerla.

 

Quedamos en el Ateneo de Madrid. Entramos en un gran salón de cuyas paredes pendían los retratos de los grandes intelectuales del pasado. Allí nos sentamos en unos sillones fraileros junto a un piano con la tapa echada. Este piano pensé, es como ella, su teclado está oculto, guarda todas las notas de su música dentro de sí, deseo abrirlo...

 

 Ana posee una gran inteligencia, tiene el don de la claridad y una capacidad de analísis certera, pero no hay que dejarse engañar por su raciocinio. Su espíritu no se mueve por la frialdad del intelecto sino que son los sentimientos quienes la empujan hacia la acción. Y es que Ana es fundamentalmente soñadora, un ser idealista al que el tiempo, el estudio, su constancia y sobre todo su gran amor por la danza la convirtieron en una erudita.

 

Pregunta-¿Qué motivo te ha traído a Madrid?

 

-Vengo bastante, cada dos semanas, pues estoy impartiendo las clases sobre industrias culturales en el Master en Gestión y Liderazgo de Proyectos Culturales de la Universidad Rey Juan Carlos.

 

-¿Vives ahora en España?

 

-Sí, regresé desde la Argentina en marzo del 2014 por cuestiones familiares.

 

-¿Cómo encontraste todo a tu regreso?

 

-Yo me marche en el 88 porque las cosas no estaban bien... Y vuelves y resulta que está todo peor.

 

-Peor...¿En qué sentido?

 

-Cuando me fui la situación de la danza estaba mal, pero había un ímpetu, un movimiento incipiente, un deseo de mirar hacia fuera, de hacer cosas... Ahora no queda nada de eso. Lo que se hizo estaba mal construido y ahora estamos viviendo su derrumbe.

 

-¿A qué te refieres?

 

-Proyectos que se iniciaron cuando yo estaba fuera, como la incursión de la danza en la universidad, la creación de los centros coreográficos, de los grados superiores de danza... No han dado los frutos esperados.

 

-¿Dónde crees que está el fallo?

 

-Alguien dijo parafraseando a Graham Greene que “la transición cultural española es un viaje sin mapas” y tenía toda la razón. Se iniciaron muchas cosas, pero no se sustentaron sobre unas bases sólidas, no había dirección, un objetivo y cuando parecía que los políticos mostraron interés en ello, llegaron las olimpiadas y se fijaron en otras cosas.

 

-¿Crees que todavía estamos a tiempo de revertir la situación?

 

-Estamos en un momento importantísimo de cambio absoluto del paradigma social, cultural, educativo, y es el momento de que si España se apostase firmemente por la cultura y las artes podríamos impulsarlas de nuevo.

 

 

-¿La crisis ha afectado a la cultura más en España que en el resto del mundo?

 

-La crisis ha provocado un sunami en todo el mundo, pero en España se siente más porque había menos. Era todo más endeble, aunque la crisis artística y creativa es global. Por ejemplo, el Londres del 88 que yo encontré cuando llegue allí no tenía nada que ver con el del 2011. Es por lo que me marché, mis referentes ya no estaban allí, se había producido un relevo generacional muy mal impulsado durante el gobierno de Tony Blair y se perdieron muchos valores artísticos.

 

-¿Nos encontramos ante un camino sin rumbo?

 

-Se acaba una época y empieza otra, pero lo viejo no se acaba de marchar y lo nuevo no acaba de llegar.

 

Se siguen representando los “lagos” del siglo XIX y el XXI no termina de arrancar. Hemos agotado las formas, siento que hay un agotamiento de las formas...

 

-¿Hacia dónde va la evolución?

 

-No sabemos a dónde vamos. Cuando organicé el Londres un congreso sobre esta materia, hace ya 10 años, tampoco ellos lo tenían muy claro. Recuerdo que el coreógrafo Javier de Frutos vaticinó que la revolución vendría de la calle, del mundo urbano y que el hip hop tenía que estar en ella. Aunque ha transcurrido una década desde entonces y eso no ha sucedido. Esa revolución no tuvo lugar, ha pasado de largo, algún elemento de danza urbana se ha incorporado a las nuevas creaciones pero no se ha dado ninguna revolución.

 

 Javier de Frutos

 

Nos encontramos en un momento de cambio de paradigma, estamos sumergidos en un letargo, seguimos buscando al nuevo Balanchine, pero este ya murió hace tiempo, pertenece al siglo XX, y no podemos seguir buscándolo en el XXI. Es importante tener referencias pero se cae en el error de mirar desde el presente lo que va a venir con los ojos de lo que ya pasó.

 

Un problema muy grave se ha generado como consecuencia de la globalización: las artes se han desconectado de la vida y ya no tienen relevancia.

 

-¿Qué quieres decir?

 

-Te pondré un ejemplo. Cuando nace el Royal Ballet no era más que una compañía formada por un grupo de amigos. Entonces, estalla la II Guerra Mundial, y tienen ir girando por toda Inglaterra sin apenas medios, pues los bailarines son reclutados, y actúan como pueden. Al terminar la guerra como premio a su esfuerzo se les recompensa dándoles la Royal Opera House ¿Cómo sucedió esto? El influyente economista John M. Keynes estaba casado con la bailarina Lidia Lopokova, amaba su mujer e hizo todo lo posible para que el ballet fuera apoyado. Y esto nos desvela otro factor muy importante: no existe creación sin poder, si el poder no apoya... No hay nada.

 

  Lopokova y Keynes

 

-Y volviendo al tema de España, ¿Dónde estaría la solución?

 

-En España tal y como está ahora se necesita galvanizar las artes y crear un caldo de cultivo que permita el brillo del talento. Es de sobra conocido que en nuestro país es un lugar donde florecen los artistas, lo sabemos todos. Pero falta nivel intelectual en la formación de los bailarines. Habría que fomentar el estudio de la danza más allá de lo puramente mecánico. Es necesario que al aprendizaje de los pasos se incorpore también la mente. Ser capaz de hacer los 32 fouettes no sirve de nada si no sabes cuando se tienen que dar y de dónde vienen. Falta investigación. Por ejemplo, los bailarines rusos y franceses tienen una educación teórica mucho más sólida, un conocimiento de su historia enviable.

 

-¿Falta un proyecto de cultura definido?

 

-El problema es que no hay un proyecto, ni siquiera se ha hecho un relato claro de lo que nos ha pasado.

 

-¿Habría que buscar una finalidad?

 

-Te responderé con una típica frase de congreso: “necesitamos saber de donde venimos para saber a donde vamos”. El que comprende su presente entiende la realidad y sabe hacia dónde ir.

 

-Pero, ¿Cuál es la realidad?

 

-La realidad es compleja y esto se debe al cambio provocado por la era digital, por la forma en que ahora procesamos la información, ahí está la verdadera revolución.

 

Antes tenías el vídeo de una representación y lo guardabas como oro en paño, lo veías una y otra vez hasta llegar a saber como el bailarín movía la ceja en cada momento. Ahora, sin embargo hay una saturación de medios. Esto conlleva el peligro de una escasa profundización. You tube es maravilloso y nunca agradeceré suficientemente su creación. Pero hay que ser conscientes del gran efecto que tiene sobre la forma en que miramos de danza.

 

-¿Cómo cambia esta percepción?

 

-Se pierde una dimensión, en las filmaciones, la danza no se mueve en el espacio, la vemos de forma bidimensional.

 

Las grandes creaciones del siglo XX no se grabaron en su momento. Y, justamente, la gran innovación del XX frente al XIX vino en materia de espacialidad, que pasó a ser mucho más compleja. Si en el XIX se usaban principalmente las líneas diagonales y rectas, mucho círculo todo muy centrado, y en el XX el uso del espacio es más complejo, hasta llegar a Merce Cunningham que jerarquiza por completo el espacio esénico.

 

Por eso es muy complicado explicar a los alumnos las coreografías del siglo XX, porque la concepción espacial no se puede apreciar en las filmaciones. Ahora se está perdiendo el uso del espacio, así verás, si te fijas en los vídeos musicales, que los bailarines baila en el sitio y apenas se desplazan de forma básica.

 

-¿En qué se traducen estos cambios?

 

-En un cambio sobre la percepción de las artes. Y quizá, a las artes les ha faltado rapidez de respuesta, se están quedando cada vez más fuera de la sociedad. Y al estar fuera, si desaparecen no pasa nada... Ha existido una política de absoluta invisibilizacion por parte de lo medios y el poder. Se necesita un cambio urgente.

 

Hay que conseguir que la gente venga a los teatros, que el público descubra la magia de la inmediatez, a pesar de que con un simple clic ya puede acceder a ver mil cosas desde una pantalla.

 

-¿Se está planteado de forma seria cómo abordar el problema?

 

-Nos enfrentamos a un problema muy complejo y me sorprende que no se estén generando estos debates en el mundo de las artes.

 

Parece que seguimos anclados discutiendo que si ballet, español, o contemporáneo... En Inglaterra ya hace décadas que comenzamos a plantear estas cuestiones, y aquí seguimos sin analizar lo que nos pasa. Surge gente con talento, pero habría que explicarles que el mundo que les va a tocar vivir ahora es muy diferente.

 

-¿Qué sucederá con la nueva generación?

 

-La capacidad del ser humano para adaptarse es increíble. Sin embargo, si no se desarrolla el sector cultural, no les quedará otra solución que emigrar, lo cual es muy triste dado el talento que hay en este país.

 

-¿Qué opinas sobre la danza que se programa en los escenarios españoles?

 

-La danza se programa muy poco. No hay una tradición coreográfica en nuestro país, por ejemplo, no se conoce el repertorio del XX. Hay un vacío que va desde Raymonda a la llegada de Duato. El ya dijo cosas como “o la fille mal gardé o yo”. Y se creó en la Compañía Nacional de Danza un vacío de 100 años que nunca hemos llenado. Se intentó en la época de Maria de Ávila, cuando se bailaron por vez primera “Serenade” y “Jardín de Lilas”. Fue la primera llegada de obras internacionales de gran prestigio a España, algo que continuó en la época de Maya.

 

  -He traído tu libro, me encantaría que me lo dedicaras.

 

-Faltaría mas.

 

-¿Por qué escribiste este libro?

 

-Cuando volví de Londres yo quería ser coreógrafa, y como no encontraba la posibilidad, la única manera de no detener mi mente era recordando las obras que había visto y así empecé a escribir. En un viaje a Madrid, Henry Brown, Director de la Asociación de Profesionales por la Danza, leyó mis escritos y dijo que me los iba publicar todos. Yo me sorprendí.

 

-¿No tenías vocación de escritora?

 

-No, nunca. La primera vez que realmente fuí consciente de que podía escribír bien fue cuando murió MacMillan, y me llamó Henry para encargarme que escribiese el obituario. Yo le respondí que lo lógico era que lo escribiese él que había trabajado con MacMillan. “No, quiero que lo escribas tú”, me dijo. Me impresionó.

 

 

Seguí colaborando con la revista Por la Danza y el Teatro Real me contactó para que escribiera las notas al programa de “La Bella Durmiente”, que inauguraba su temporada con el Royal Ballet después de la rehabilitación. La editorial Alianza, dándose cuenta de que en su catálogo había un vacío en relación a la historia de la danza, me hizo el encargo.

 

-¿Por qué es este libro tan especial?

 

-(Ríe) Bueno, a veces me han dicho que se nota que está escrito con cariño. Te contaré el secreto. La clave que me inspiró fue pensar qué me hubiera gustado que me enseñaran sobre historia de la danza y nadie en España me supo contar. Cuando era estudiante yo preguntaba a cerca de muchas obras de las que nadie sabía nada... El libro es lo que me hubiera gustado saber sin tenerme que marchar de España.

 

Lo escribí desde Londres movida por el deseo de que si alguien se hacía aquellas mismas preguntas que yo me he formulado, pudiera al menos encontrar una respuesta.

 

 

MERCEDES ALBI

(Fotografía de portada Eugenia Sartorius)

 

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