"Don Quijote" triunfa en el Teatro de la Zarzuela

 

Pendía, no nos engañemos, un gran interrogante sobre este "Quijote". Que la Compañía Nacional de Danza afrontase un clásico tan emblemático era un reto, pero un reto necesario. Éste es un momento crítico en el que la CND debe definirse, y el resultado va a marcar el futuro de esta formación y el de su director. José Carlos Martínez tenía que echar el resto, y no dudó en hacerlo.

 

Y ese esfuerzo se notó desde el principio. El telón de boca, la escenografía de Raúl García Guerrero, el vestuario de Carmen Granell... Un montaje clásico para una coreografía clásica, con el coste que eso conlleva, y un bailarín estrella como Joaquín de Luz: apuestas fuertes para complacer a un público ávido de ballet. Siempre con el valor añadido de la Orquesta de la Comunidad de Madrid.

 

Si bien al primer acto le faltó la garra que requiere la música de Minkus, el segundo cobra intensidad, primero con la danza de los gitanos y luego en la parte onírica, donde afluyen las esencias más puras del clasicismo, con un tratamiento excelente de la iluminación. Muy acertada la supresión de algunas escenas, que contribuye a aligerar el conjunto narrativo.

 

Una salvedad: la puesta en escena debe tener muy en cuenta el espacio del que se dispone, y el tamaño del escenario de la Zarzuela desaconseja la utilización de varias coreografías simultáneas. Disponer de un número de bailarines más que suficiente y de calidad, no significa forzosamente que todos hayan de bailar al mismo tiempo. Lo contrario genera un ruido visual que confunde al espectador -al que en alguna ocasión le cuesta localizar a la pareja principal entre los diversos grupos- y resta brillo a las ejecuciones.

 

YaeGee Park fue una Quitería de buenas cualidades técnicas, y aunque algo carente de la coqueta picardía que demanda el personaje, tuvo sus momentos de gloria. Habrá que estar atentos a la interpretación del papel por Elisa Badenes, bailarina principal del Sttutgart Ballet.

 

La elegancia del Espada interpretado por Esteban Berlanga despierta gran curiosidad por volverle a ver en el rol de Basilio.

 

Impresionante Anthony Pina como Jefe de Gitanos. Y que nadie se deje engañar por sus habilidades acrobáticas: nos encontramos ante un grandísimo bailarín.

 

Pero sin desmerecer el esfuerzo técnico e interpretativo de todo el elenco, el mayor atractivo del espectáculo fue, sin ninguna duda, Joaquín de Luz como Basilio, que estuvo inmenso. El bailarín demostró un estilo y un virtuosismo que arrancaron los vítores de los asistentes, sobre todo en la última escena, en la que exhibió un exultante alarde de facultades que recordó a todos la gran estrella que es. La potencia de sus "tour a l'air" dejó al público sin aliento. En el patio de butacas, donde se habían dado cita muchos bailarines flamencos, los aplausos se convirtieron en palmas, y los bravos se mezclaron con aclamaciones de "¡Torero, torero!" y el "Yo soy español".

 

En suma, el éxito de este "Quijote" significará un espaldarazo definitivo para el repertorio clásico de la CND.

 

Gabriel M. Olivares

(Fotografía: Jesús Vallinas)

 

 

 

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November 14, 2019

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