Entrevista a María Rosa

26/06/2016

 

Llegamos a la Escuela de María Rosa en la calle Castelló, en pleno barrio de Salamanca. Todo parece brillar. La tarde espléndida, iluminada por el sol radiante de comienzos del verano, lo llena todo de vida. Al atravesar la puerta de la escuela, esta sensación se acrecienta al notarse su ajetreo. Los niños salen de las clases y en el vestíbulo esperan a sus padres; juegan, y sus risas se confunden con la música de un  piano que marca los ritmos.

 

María Rosa, la dama de la danza española, hace honor a este título. Amonesta con cariño a los “ruidosos” estudiantes, que la adoran. Sus modales exquisitos envuelven con dulzura la gran firmeza de su carácter y su sabiduría. Parece como si los años no pasasen para ella, pues mantiene la misma viveza en sus ojos castaños y profundos que lucía en las fotografías de su época de bailarina.

 

 

 -¿Cuál fue la primera vez que pisaste un escenario?

 

-Fue a los 8 años en un festival del colegio Escuela Francesa. Mi madre, desde que tenía 5 o 6 años, ya me llevaba en Sevilla a aprender a bailar con el maestro Otero.

 

-¡Vaya privilegio! El autor del "Tratado de Danzas".

 

-Sí, el mismo. Si es que yo ya tengo muchos años... Un maestro bolero excelente.

 

-Hay una filmación de este maestro del año 1900, la pondré en la entrevista en su honor.

 

 -He tenido mucha suerte, porque en la Sevilla de mi infancia y juventud había unos maestros magníficos.

 

En la función escolar me vio bailar el director de las Galas Juveniles del Teatro San Fernando. Deseaba contratarme para esta compañía de niños que bailaban los domingos. Mi padre no quería para nada que yo fuera bailarina, pero le convencimos al fin porque, como era una cosa de niños, pensó que me divertiría.

 

Y fuimos de gira. La primera gira de mi vida... Con todas las vueltas que he dado bailando por el mundo... ¿Quién lo iba a decir?

 

-¿Dónde giraste con la compañía de niños?

 

-Lo recuerdo como un sueño, y sí, fue un sueño para la niña que yo era. Bailé en Madrid y conocí a Jorge Negrete.

 

-Debía de ser guapísimo. Cuando llegó a España tuvo que escoltarle la policía porque las mujeres se le echaban encima, fue la primera vez que se vivió el fenómeno “fan” en nuestro país.

 

-Sí, era guapísimo y encantador. Me sentaba en sus rodillas porque decía que yo le recordaba a su hija.

 

Cuando llegamos a Barcelona, sufrí una gran desilusión pues no nos dejaron bailar porque consideraron que era explotación de menores. Pero luego ya pude bailar en otras ciudades, y yo era feliz bailando, así que cuando volví a Sevilla, seguí estudiando danza con más ilusión, si cabe...

 

 -¿Con qué maestros continuaste tu aprendizaje?

 

-Con Eloisa Albéniz tomaba clases de ballet; con Arturo Pavón, escuela bolera, y con Enrique El Cojo, flamenco.

 

-Enrique El Cojo, debió de ser todo un personaje. Alguien que con su arte se sobrepone por instinto a su deformidad física.

 

-No era deforme en las proporciones de su cuerpo, salvo las piernas que las tenía muy cortas. Y dando clase era genial porque era muy simpático, tomar clase con el era muy divertido. Recuerdo como nos sentaba en el suelo a su sobrina y a mí, y él también se sentaba con nosotras.

 

-A mi me impresiona mucho el personaje, y algo que me contaron sobre su infancia, en la que su familia lo tenia encerrado por su defecto, y él escuchaba flamenco y danzaba en soledad, se perfeccionaba, incluso si no hubiera sido por la danza se hubiera vuelto loco, ¿Conoces esta historia?

 

-Algo he oído, pero no lo sé, a mi nunca me contó nada de eso

 

Tenía un sentido del ritmo prodigioso.

 

 -¿Cuál fue el momento en que pasas a ser una profesional de la danza?

 

-Yo estudiaba perito agrícola, porque mi padre quiso que así fuera, pero continuaba tomando clases. Un día actuamos en el Teatro de la Comedia dos parejas, Eloisa Albéniz, Arturo Pavón, Caracolillo y yo. Quizá ese fue el momento en que cambió mi vida.

 

-¿Por qué?

 

-Entre el público estaba Antonio Márquez, el torero que estaba casado con Concha Piquer. Y nos quiso contratar a Caracolillo y a mi para el espectáculo de Dª Concha.

 

Mi padre protestó, como siempre, pero como era más bueno que el pan terminaba diciendo a todo que sí.

 

Y actuamos nada menos que en el Teatro de la Zarzuela, en el Olimpia de París, y de allí fuimos a Miami, Radio City de NY... Una famosa actriz y cantante francesa, Patachou, nos contrató para bailar en Broodway y actuamos durante un mes, y Javier Cugat también quiso que bailásemos con su orquesta en el Waldorf Astoria... No paramos.

 

Separada de Caracolillo me marché a Los Ángeles. Actué primero en un tablao y luego, con el dinero que gané, lo ahorré y di un recital en el Wilcher Theatre, y de allí a otro tablao, uno que se llamaba Casa Madrid.

 

-¿Participaste en alguna película?

 

-Me presenté al casting de West Side Story, pero no me cogieron porque mi inglés no era bueno y aunque estuve a punto no me dieron el papel.

 

Sí me contrataron para grabar un disco de castañuelas, y me pagaron generosamente. Yo siempre he tenido fama de tocar muy bien las castañuelas.

 

 

-¿Cómo era el ambiente flamenco en Los Ángeles?

 

El tablao Casa Madrid tenía muchísimo ambiente, allí iban todos los artistas de cine. Fue cuando conocí a Martín Vargas y nos hicimos pareja para dos recitales San Francisco y San Diego.

 

-¿Cuánto tiempo estuviste en Estados Unidos?

 

-20 meses, pero cuando lo cuento parece mucho más, de tantas cosas que hicimos. Volví porque mi madre, que siempre venía conmigo, estaba preocupada porque mi padre estaba solo en Sevilla.

 

-¿Y tu madre sí estaba de acuerdo con que fueses artista?

 

-A mi madre le gustaba más que a mí.

 

-¿En qué momento decides montar tu propia compañía?

 

-Fue en el año 1963. No era exactamente una compañía, sino digamos que el embrión. Un ballet pequeñito de 4 parejas y yo, y empezamos bailando en Torremolinos.

 

Un año después decido montar mi propia compañía, y la presento en los Festivales de España. Ese fue el comienzo.

 

-¿Tuvisteis éxito?

 

-Sí, mucho éxito y de nuevo nos aguardaba el Teatro Zarzuela, que es uno de los teatros al que más cariño tengo. Y también hicimos 3 o 4 programas de televisión, con lo que se consolidó nuestra fama.

 

-¿Girabas con tu compañía?

 

-Por todo el mundo. En 1967 fuimos a Rusia. Imagínate que fuimos la 2ª compañía de danza española que había ido allí a actuar. La primera fue la de Antonio El Bailarín.

 

-¿Cómo era la Rusia soviética?

 

-Para bailar era maravilloso porque el público era muy entendido. Se volvían locos, todo el mundo se agolpaba bajo el escenario y aplaudían más de un cuarto de hora, y no te exagero. Era increíble como disfrutaban.

 

-Y en tu compañía, ¿Cómo era el ambiente?

 

Muy bueno, viajábamos y siempre existía entre nosotros un gran compañerismo, y bailábamos y lo pasábamos muy bien.

 Éramos grandes amigos, siempre he tratado de que así sea, y después de bailar nos relajábamos e íbamos de cena de tapeo, y siempre nos reíamos un montón. He tenido mucha amistad con José Antonio, Goyo Montero, Carlos Vilán, Rafael Amargo...

 

-Goyo Montero ha fallecido la semana pasada, ¿Qué recuerdas de él?

 

Tantas cosas... Goyo debutó conmigo con solo 16 años. Era muy pequeñito y tenía un talento bárbaro. En la gira rusa bailaba vasco, y a continuación, nada menos que Pedro Azorín bailando la jota. Se partían el pecho a ver quien lo hacía mejor.

 

-¿Qué opinas de la situación actual del folklore?

 

-Los únicos que hacen folklore hoy en día bien hecho son el Ballet Folklórico de Madrid. Los otros dicen que lo hacen, pero no es verdad.

 

Es una pena, yo he sido la bailarina que más folklore ha llevado en su compañía. Vasco, gallego, catalán, aragonés... De toda España. Y me he ocupado de aprender incluso piezas que nunca he bailado en público.

 

Mira, en esta foto estoy bailando gallego.

 

  

Y en esta otra con Pedro Azorín, bailando la jota.

 

 

-¿De qué forma se podría revitalizar la danza española?

 

-Si se promocionase la 10ª parte de lo que promocionan las televisiones el fútbol, la danza española tendría un gran auge.

 

Si la danza es la cenicienta de las artes, la danza española es la más pobrecita de la danza. No se le da el mérito que tiene, su gran riqueza, su inmenso legado cultural único en el mundo.

 

Tendrían que poner el fútbol a las 3 de la tarde, y así no harían tanto daño a los teatros, pobrecitos, que se quedan vacíos cuando hay partido.

 

El otro día leí que en León iban a poner los toros en hora nocturna para que no coincidieran con el fútbol. Hay fútbol a todas horas, porque nos lo han metido por los ojos para que nos olvidemos de otras cosas que pasan...

 

-¿Qué significa para ti Antonio El Bailarín?

 

-Yo con Antonio aprendí muchísimo. Ha sido el bailarín más grande de todos los tiempos, el más completo y el que ha hecho de todo. He visto a grandes bailarines llamarle maestro.

 

 -¿Cómo quién?

 

-Pues otro grande como fue Antonio Gades, por ejemplo.

 

Ahora hay que agradecer a Antonio Najarro que haya hecho el “Homenaje a Antonio Ruiz Soler”, porque lo tienen muy olvidado en España, los niños en los conservatorios de danza ni lo conocen, y esto no puede ser, es muy injusto. Antonio El Bailarín es una figura de una categoría como Nijinsky o Nureyev.

 

En Madrid, sin embargo, le han puesto calles a mucha gente y de menor categoría, y no a Antonio. No me parece bien.

 

-Muchas veces la política se mezcla con el arte.

 

-Esto no debería ser así, porque el arte es el arte. Está por encima de la política. A mi me hicieron primera bailarina del Ballet Foklórico de Madrid, pero cuando llegó un político al que no le gustaba el folklore, quitaron la compañía. Y eso no puede ser.

 

Me contrataron para ir con mi ballet al Japón, Irak, Marruecos, Jordania, Corea (estuve en los Juegos Olímpicos representado a España), y por toda Europa...

 

-¿Qué opinas del estado actual de la danza española?

 

-La danza española se pierde. La gente, o baila flamenco puro o fusión. Yo no estoy muy de acuerdo con la fusión, porque si se baila con una orquesta, ya no es flamenco, será otra cosa, pero no flamenco.

 

Y la danza española solo la hace el Ballet Nacional de España. Si la compañía desapareciera pienso que se podría llegar a perder la danza española.

 

Desde que en el 2003, año en que me retiré, la Compañía de Antonio Márquez y la mía eran las únicas junto con el BNE, que hacíamos danza española -me refiero a compañías de tamaño grande, y de danza española, porque de flamenco sí queda alguna- Ahora ya solo hace danza española el BNE.

 

-¿Cuáles han sido los ballets de repertorio con más éxito en tu compañía?

 

-Los ballets con más éxito, “Bodas de Sangre”, “El Sombrero de Tres Picos”, de Antonio, y “El Rocío”, que también es de Antonio. Me he referido únicamente a los ballets de argumento.

 

Ahora todos los buenos ballets los ha hecho el Ballet Nacional; otro que hizo ballets buenos era Rafael Aguilar; luego ha habido ballets, que a pesar de su calidad, se han formado y desaparecido rápidamente.

 

-¿Cuál crees que es la causa de la falta de permanencia?

 

-Hacer un ballet de argumento cuesta mucho dinero. "El Concierto de Aranjuez" no fue muy caro. Pero el vestuario, coreógrafo, guión, cuando son de argumento, aumentan mucho el presupuesto. "El Rocío” me costó mucho dinero, hubo hasta que construir carretas de verdad, varales...

 

-¿Te fue rentable?

 

“Bodas de sangre” fue más rentable que "El Rocío", que es muy comercial pero circunscrito al ámbito de Andalucía. Pero perder dinero, no he perdido nunca, a mí me ha sido rentable todo. He ganado para vivir, y vivir bien.

 

 

-¿Cómo es que sigues al pie del cañón, ahora con tu escuela de danza?

 

-Me retiré en 2003, tenía a mis nietas y no quería hacer nada, pero se hicieron mayores, y mi hija me animó para fundar un centro de danza.

 

-¿Si volvieras a nacer serías de nuevo bailarina?

 

Sin dudarlo. La danza me ha dado muchas recompensas, y la mejor y la mayor siempre para un artista es el público. Si a eso le añades la Medalla de Oro del Trabajo, la de Andalucía, Bellas Artes, Mérito Artístico, Giraldillo de Plata, etc... Me siento verdaderamente dichosa.

 

-¿Qué aconsejas a tus estudiantes?

 

Les digo que la técnica es muy importante, pero el artista nace y luego se hace. Hay un algo que poseen algunos que se nota nada más salen al escenario. Si no eres artísta, no hay nada que hacer.

 

Si tienes técnica y no tienes tu personalidad... Malo. Mi consejo, pisar el escenario pensando “yo soy el mejor” para que eso se lo transmitan al público.

 

Hay figuras de la danza que no tenían una técnica prodigiosa, y sin embargo, eran grandes porque eran artistas.

 

-Dime algún nombre.

 

-(Ríe). Yo no digo nombres.

 

-Te digo uno: Lola Flores.

 

-Cierto, porque como se decía de ella “ni cantaba, ni bailaba pero no le hacía falta”.

 

Hay gente que no ha necesitado las 8 piruetas, y dando solo 3, el público se los ha comido.

 

-¿También en ballet clásico?

 

-En ballet pasa lo mismo. Cuando aparece una estrella en el escenario se nota.

 

-Venga, dime alguien de estilo español que, sin técnica, fuera un gran artista.

 

-Pues Manuela Vargas. Ella era una diosa, no necesitaba una técnica maravillosa. Era un genio.

 

-¿Cómo se reconoce un artista y se diferencia del que no lo es?

 

-Yo lo veo de forma instantánea. Si lo está interpretando pero no lo está llevando desde su corazón... Nunca le saldrá, interpretará, pero nunca arrebatará el alma.

 

MERCEDES ALBI

 

 

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