Entrevista a Yannick Boquin

 Nos reunimos con Pablo Savoye y Yannick Boquin en el Café Europeo, en la zona de Ópera. Es domingo por la tarde y toman algo después de una jornada de trabajo intenso en la Escuela de Carmina Ocaña y Pablo Savoye, donde Yannick está impartiendo un curso.

 

Están felices y relajados. El hecho de que un maestro de la categoría de Yanick esté impatiendo clases en una escuela cuando se lo disputan en las grandes compañías de danza de todo el mundo... Tiene su "misterio". Es la amistad de dos grandes profesionales, Pablo y Yannick, que desde los tiempos de su infancia en Paris hasta hoy en día han seguido manteniendo.

 

Es un verdadero placer conversar con Yannick. Su trato es afable, distendido y muy cordial. Se nota que se seinte feliz, que ama lo que hace y por ello transmite goza transmitiendo su sabiduría con generosidad.

 

 

P-¿Es la primera vez que impartes tus clases en España?

 

-No, vine hace 5 años como profesor invitado a la Compañía Nacional de Danza, poco antes de la marcha de Nacho Duato.

 

P-¿Cómo fue que empezaste a elaborar tu método de impartir clases que te ha convertido en un maestro tan demandado por las grandes compañías?

 

-En mi carrera de bailarín he sufrido muchas lesiones. Durante el tiempo que tenía que permanecer convaleciente reflexionaba mucho. Y empecé a cuestionar el modo en que se nos impartían las clases, pues eran para algunas cosas demasiado rápidas y habían aspectos que se tenía que profundizar más. Fui elaborando mis propios criterios. Y claro, no se puede criticar por criticar, hay que hacerlo de forma constructiva, y si dices que algo no está bien... Hay que proponer una solución.

 

Entonces inventé las clases que a mí me gustaría recibir y las puse en práctica.

 

 

P-¿Cuándo comenzaste?

 

-La primera vez que probé mi método fue con un grupo de 8 bailarines de mi confianza, cuando estaba en el Ballet de la Ópera de Berlín.

 

P-¿Qué era lo que considerabas que se podía mejorar en las clases?

 

-Generalmente, las clases se impartían por mujeres que daban mayor prioridad a ciertas cosas y menos a otras que yo consideraba muy importantes, como por ejemplo los saltos. Y además, las clases solo duraban como una hora y cuarto, por lo que no había tiempo para perfeccionar. He buscado con mi método una mayor eficiencia.

 

 

P-Entonces... Cuando das tus clases en una compañía, ¿Cuál es el resultado final? ¿En qué aspectos se mejora?

 

-Bueno, lo que suelen decir desde la dirección de las compañías es que aprecian que sus bailarines se ponen en buena forma, saltan, giran mejor; y por parte de los bailarines me cuentan que se siente más seguros y preparados.

 

 

Dar una clase es algo que mucha gente puede hacer, pero enseñar, lo que se dice enseñar, cuando los bailarines han llegado a lo más alto, no es tan simple. Y eso es lo que yo hago. Yo solo soy un profesor que enseña, y los bailarines notan esa diferencia.

 

En las compañías, preparando las actuaciones, siempre falta tiempo para aprender y mejorar porque no importa que un bailarín sea una primera figura, siempre hay que perfeccionar para poder dar el máximo.

 

 

P-Además de los saltos, ¿En qué haces mayor incapié?

 

-Por ejemplo, trabajo mucho la coordinación de brazos y piernas.

 

P-¿Qué opinas de los bailarines españoles?

 

-Los bailarines españoles que me encuentro en las compañías extranjeras suelen ser muy buenos. Son muy apreciados.

 

P-¿Qué característica técnica destacarías de ellos?

 

-Los giros. Los bailarines españoles giran muy bien. La primera bailarina española con la que bailé fue Arantxa Arguelles, y me llamaron muchísimo la atención sus giros, las mejores fouettes dobles que hasta entonces había visto... Luego, claro, he visto muchos más. Tamara Rojo es maravillosa y también tiene esos giros.

 

P-Si los bailarines españoles se caracterizan por sus giros, ¿Podrías decirme qué diferencias encuentras entre los estilos de diferentes escuelas de danza de cada país?

 

-En otra época sí se podía reconocer a los bailarines por sus diferentes estilos. En un concurso veías bailar a alguien y podías saber la nacionalidad. Pero en la actualidad eso ya no es posible.

 

 

El mundo se ha globalizado, los bailarines viajan y acuden a cursillos de aquí y de allá, sus maestros también vienen a veces de otros lugares, proceden de diversas escuelas, y además está internet, “youtube” etc... Y obtienen muchísima más información, todo es mucho más abierto. Esto hace que no se pueda distinguir fácilmente a un bailarín por su origen.

 

Sin embargo, si es difícil encontrar diferencias entre un bailarín italiano, un francés, un español o un americano, no se puede afirmar esto de los rusos. El estilo ruso no ha cambiado tanto, a un bailarín del Bolshoi se le reconoce porque se les imparte un método que es una especie de Biblia, un canon no permeable a otras influencias.

 

También a los que provienen de la escuela Royal se les reconoce ese estilo que es muy puro. Y también los cubanos poseen un estilo reconocible, conformado con una base de enseñanza rusas y reelaborado con las características cubanas.

 

Por ejemplo, hoy nos vino a la escuela de Pablo una niña de Portugal y me llamó la atención que tenía un estilo cubano. Y es que venía de la Escuela Annarella que es una profesora cubana.

 

 

P-Dime una bailarina cubana que te guste.

 

-Yolanda Correa me encanta. La conocí cuando me llamaron para dar las clases cuando estaban montando El Quijote de Nureyev en el Ballet de Oslo, pues es donde ella está ahora y es una bailarina increíble.

 

P-Y entre los bailarines masculinos, ¿A quien podrías considerar como la mayor promesa del ballet cubano actual?

 

-Un chico, Osiel Gouneo, al que también conocí en Oslo, pero ahora está en el Ballet de Munich, aunque también suele bailar como invitado en el English pues lo llama Tamara Rojo.

 

 

P-¿Dónde vas a dar tu próximo curso?

 

-En realidad lo estoy dando. Estoy dando un cursillo en el Ballet Capitole de Tolouse. Y por eso estoy aquí, el fin de semana, como estaba cerca, he venido a dar las clases a la escuela de Pablo, pero el martes tengo que regresar a Tolouse.

 

-Pablo: en realidad me ha hecho un gran regalo, me ha regalado un cursillo (ríen).

 

P-¿Desde cuando os conocéis vosotros?

 

-Son muchos años.

 

 

P-¿Cuando érais niños en la Escuela de la Opera de París?

 

-Antes de la Ópera coincidimos en la misma escuela. Y después entramos al mismo curso en la Escuela de la Ópera de París, donde también estaba Manuel Legris.

 

P-¿Qué te están pareciendo estas clases en la escuela de Pablo?

 

-Estoy muy agradablemente sorprendido. Los alumnos tiene muy buena base, fuerte técnica, giran, se colocan en buena posición de brazos... Y mañana lunes voy a dar la clase a los alumnos más avanzados, y espero ver como reciben la clase al ritmo de compañía, mucho más profesional: quiero ver cómo la gestionan.

 

 

P-¿A qué te refieres con “ritmo de compañía”?

 

-Una clase en una compañía suele durar hora y cuarto, pero la que impartimos hoy fue de 2.20. La clase de mañana va a darse con la misma rapidez que se tiene en las compañías, es para bailarines casi profesionales. Vamos a ver como reaccionan.

 

P-Cuando ves a los alumnos... ¿Puedes pronosticar quién tiene proyección de futuro?

 

-No, la verdad es que he visto de todo. He conocido algunos que parecía que no tenían ante sí una gran carrera y cuatro años más tarde eran magníficos, y también lo contrario, estudiantes muy prometedores que no llegaron a nada.

 

 

P-¿De qué depende?

 

-Depende de la cabeza, del físico también, pero una gran parte de la cabeza, no hay que menospreciar la inteligencia y la voluntad. Llega aquel que es capaz de perseverar con inteligencia.

 

P-¿Qué aconsejarías a un bailarín que se va a presentar a un concurso internacional?

 

-Habría que saber si se presenta por tener una experiencia más o para ganar. Y si es para ganar tiene que tener confianza en si mismo, y pensar “soy el mejor y voy a ganar”, no dejarse desmoralizar viendo de lo que los otros con capaces. Si piensas que no vas a llegar no llegas. Si piensas que hay alguien mejor que tú te intimidas y el miedo paraliza.

 

La presión psicológica es muy importante. Hay bailarines que son buenos en sala y no lo son sobre el escenario porque la presión los supera. Y también pasa al revés, y se crecen en el escenario. Son una clase de bailarines cuya personalidad se desarrolla más frente al público. Cada artista es un mundo.

 

P-¿Cómo evalúas la experiencia de impartir un cursillo en una escuela como la de Carmina y Pablo cuando tu sueles dar tus clases a profesionales de destacadas compañías de danza de todo el mundo?

 

-Gracias a Pablo estoy aquí y es una experiencia de la que aprendo mucho. Me atrevo a decir que aprendo más dando clases en una escuela que en una compañía. Tengo tiempo de profundizar, de reflexionar, pues me proporciona una óptica diferente y tengo la impresión de que aprendo más.

 

El alumno de escuela tiene que aprender mucho más que un profesional, tiene mucho más campo que desarrollar, y es por eso una enseñanza mucho más profunda en la que hay que hacer y corregir mucho más. Yo valoro muchísimo la labor de las escuelas. Nunca hay que olvidar al primer maestro, y siempre hay que recordarlo y estarle muy agradecidos, pues es quien construye los cimientos de lo que es y será un gran artista.

 

MERCEDES ALBI

Fotografías Estudio Carmina y Pablo por Jesús Vallinas

 

 

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November 14, 2019

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