Rocío Molina en el Teatro Español con "Caída del cielo"

 

Tras el éxito internacional cosechado a su paso por el aclamado Festival de Flamenco de Nîmes y la Bienal de Flamenco de Holanda, Rocío Molina regresa a España con su última creación, Caída del cielo, que el Teatro Español acogerá los días 16, 17 y 18 de febrero. La pieza, que se estrenó el pasado noviembre en el Thêatre National de Chaillot en París, del que Molina es artista asociada, recala por primera vez en Madrid, acompañada en escena por algunos de sus músicos habituales y con la codirección artística de su también frecuente colaborador y cómplice Carlos Marquerie.
 
Caída del Cielo es un espectáculo rompedor que aúna vanguardia y tradición flamenca en una explosiva exhibición de baile; una propuesta que indaga en el cuerpo de la mujer, sus raíces y sus entrañas, colisionando con otras maneras de entender la escena y otros lenguajes, en una expresión sin domesticar. Esta obra es un viaje, un tránsito, un descenso. Desde un cuerpo en equilibrio a un cuerpo que celebra ser mujer, inmerso en el sentido trágico de la fiesta.
 
Caída del cielo comienza su gestación en el verano de 2015. Es un trabajo de equipo coproducido junto al Théâtre National de Chaillot para el que ha contado con el autor, director e iluminador Carlos Marquerie, la bailarina y coreógrafa Elena Córdoba, los músicos Eduardo Trassierra, Pablo Martín Jones, José Ángel Carmona y José Manuel Ramos “Oruco”, y la diseñadora de vestuario Cecilia Molano.

 

  
La artista


Rocío Molina es una de nuestras bailaoras y coreógrafas más reconocidas nacional e internacionalmente. Con solo 26 años recibió el Premio Nacional de Danza por “su aportación a la renovación del arte flamenco y su versatilidad y fuerza como intérprete capaz de manejar con libertad y valentía los más diversos registros”. Artista precoz y coreógrafa iconoclasta, Rocío Molina ha acuñado un lenguaje propio cimentado en la tradición reinventada de un flamenco que respeta sus esencias y se abraza a las vanguardias. Radicalmente libre, aúna en sus piezas el virtuosismo técnico, la investigación contemporánea y el riesgo conceptual.
 
A sus 32 años, ha firmado ya doce creaciones propias - Entre paredes (2006), El eterno retorno (2006), Turquesa como el limón (2006), Almario (2007), Por el decir de la gente (2007), Oro viejo (2008), Cuando las piedras vuelen (2009), Vinática (2010), Danzaora y vinática (2011), Afectos (2012), Bosque Ardora (2014) y Caída del cielo (2016) -, con las que ha recorrido grandes teatros y festivales, como el Barbican Center de Londres, el New York City Center, el Esplanade de Singapur, el Festival de Otoño, Madrid en Danza, el Festival SPAF de Seúl, el Festival Dance Umbrella, el Festival Flamenco de Dusseldorf, el Mercat de les Flors, el Chaillot de París o el Bunkamura de Tokio; y templos del flamenco como la Bienal de Sevilla y el Festival de Jerez, por citar solo algunos.
 
Colaboradora habitual de grandes figuras del flamenco nacional -María Pagés, Miguel Poveda, Chano Lobato, Pastora Galván, Manuel Liñán, Belén López, Manuela Carrasco, Antonio Canales e Israel Galván, entre otros- y de figuras de la creación escénica contemporánea como Carlos Marquerie, Mateo Feijóo y Sébastien Ramírez, su búsqueda artística ha sido reconocida con un gran número de premios dentro y fuera de España, además de granjearse el apoyo unánime de la crítica nacional e internacional -“Una de las mejores bailaoras de flamenco que jamás haya visto” (The New York Times)-.

 

  
Presentación de Carme Portaceli


“Vi Caída del cielo en Girona, en el Festival de Temporada Alta, en noviembre de 2016. Conocía a Rocío Molina y sabía que este nuevo espectáculo me gustaría. Pues no es la palabra. Me dejó boquiabierta, impresionada. Es un espectáculo de una calidad extraordinaria, un viaje que te abduce y te hace reír, te emociona, te lleva y te trae por todo su recorrido haciéndote olvidar la realidad durante el tiempo de su duración. Lleno de magia, de imágenes muy comprensibles que te llegan al corazón, lleno de poesía, de humor y siempre lleno de contenido”, asegura Carme Portaceli.
 
“Y una cosa elemental: la generosidad de Rocío es fuera de serie. Cuando acabó su juego con sus músicos y cantaores, con el público, divirtiéndose todo el mundo, los de dentro del escenario y los que mirábamos, todo el mundo, sin quedar fuera ni una sola persona, se levantó gritando bravos y sonriendo. Y no porque este viaje no sea crítico, el arte siempre lo es, sino porque la generosidad de Rocío levanta a las piedras”, prosigue.
 
Portaceli añade: “cuando lo vi, acabada de ser nombrada directora del Teatro Español, supe que quería a Rocío y su gente en nuestro teatro, en la Plaza de Santa Ana, en el teatro más antiguo del mundo, en Madrid. En nuestra programación de puertas abiertas, de hospitalidad con mayúsculas, Rocío Molina no podía quedar fuera: excelencia artística, rigor, trabajo bien hecho y un discurso convincente que mezcla la tradición del flamenco con la danza contemporánea, las artes plásticas, la música, el lenguaje del siglo XXI, un ejemplo de Teatro completo. De lo que nos gusta”.

 

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Fotografías de Pablo Guidali

 

 

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