Día de la Danza 2017 con el Joven Ballet Impulsa

03/05/2017

 

 

El 30 de abril, fecha en la que como cada año celebramos el Día Internacional de la Danza, es siempre especial. Y lo es porque, pase lo que pase, es un día alegre; es una celebración, conmemoramos la danza y celebramos la vida.


Los recuerdos de este día se van agolpando en la memoria. Imposible no recordar cuando el pasado año lo celebramos en Burgos acompañando a Juan Carlos Santamaría. En esta ocasión en la que hemos viajado a San Sebastián para ver la XXI Gala del Día Internacional de la Danza en el Teatro Victoria Eugenia -organizada por la Asociación de Profesionales de la Danza de Gipuzkoa- nunca hubiéramos podido imaginar que Juan Carlos fallecería tempranamente y el programa comenzaría con el pas de deux del Ballet "Polvo", bailado en su honor.


Y es que la vida es un espejismo, pero la danza... También es un espejismo. Ningún arte se parece más a la vida.  Esto es así por su evanescencia, por esos minutos intensos que de repente desaparecen sin dejar huella material alguna, pero que lograron hacer que nuestro corazón contuviera siempre y en cada latido el recuerdo de una emoción especial. 


La danza es vida,  vida que se renueva, vida que late, y vida que transita... No hay mejor forma de conmemorar el Día Internacional de la Danza que dejándose arrastrar por el torrente de ilusión de la gente que empieza.

 

Cuando este año quiso el azar que coincidiera en la estación de San Sebastián con las bailarinas del Joven Ballet Impulsa, decidí que las protagonistas de mi crónica serían ellas. 


"Es nuestro primer viaje para actuar", explicaba una de las jóvenes. Nunca habían viajado tantas para una gala.

 

Son alumnas de la Escuela de Pablo Savoye y Carmina Ocaña, donde se ha constituido esta joven compañía como una herramienta para la inserción profesional.

 

"Llevaba varios años pensando" -nos dice Pablo Savoye- "que faltaba un eslabón entre lo que es la escuela y el ingreso en una compañía. Es algo que he venido observando y también conozco por experiencia propia en mis vivencias como bailarín".

 

 

El Joven Ballet Impulsa es un paso previo entre la escuela y el futuro ingreso de los alumnos en un compañía profesional.

 

"Esta experiencia les permite coger tablas, aprenden a gestionar sus emociones, a controlar la tensión de los ensayos, de actuar en público, a conocer el repertorio de los grandes clásicos y otros autores más contemporáneos,  y también incrementar su ilusión", comenta el maestro, "estoy intentando arrancar este proyecto y está funcionando muy bien"

 

Y continúa explicando:

 

"Lo más importante para mi en este momento es encontrar espacios escénicos donde poder bailar, porque una vez nos ven, ya nos conocen y nos vuelven a invitar. Y estoy verdaderamente sorprendido del resultado. En solo un mes que llevamos hemos actuado en Ribarroja, Albacete... y ahora llegamos a San Sebastian".

 

Me invitan a acompañarles al ensayo que tendrá lugar esa misma tarde en el Teatro Victoria Eugenia.

 

 

El teatro Victoria Eugenia es un lugar maravilloso. Fue construido en el año 1911, y sobre su escenario ha quedado escrita una página de la historia de la danza, pues  la mítica compañía de los Ballets Rusos de Diaghilev estrenó allí dos obras: "Las Meninas" y "Kimimora".

 

Pero las 10 bailarinas que actualmente forman el Joven Ballet Impulsa, aunque vivamente impresionadas por la belleza del lugar, permanecen ajenas a esos fantasmas del pasado que seguro habitan entre las bambalinas del teatro.

 

Sus risas llenan el espacio, transforman el silencio en alegría. Mientras se disponen a recibir una clase de Pablo, me dicen sus nombres: "Nerea Astorga, Anne Barrio, Francesca Busquets, Clara del Cerro, Celia Dávila, Rocío Escámez, Natalia García, Ommaira Isis Kanga, Fernanda Tarriba y Bárbara Verdasco".

 

Van a interpretar "Paquita", uno de los célebres ballets de Petipa que tiene la peculiaridad de que su trama acontece en una Zaragoza imaginaria invadida por los franceses. Es un ballet muy exigente, un gran reto para las bailarinas pues requiere un alto nivel de técnica académica. Pablo Savoye es quien ha decido montarlo al ser una obra que conoce en profundidad, pues la ha bailado mucho durante su carrera. Además, tuvo la suerte de trabajar y ensayarlo nada menos que con Tatiana Legat. 

 

Las jóvenes bailarinas me cuentan algunos detalles de sus propias historias. Sus trayectorias son diferentes, vienen de distintos lugares de nuestra geografía. Dos de ellas, al ser vascas -Celia, que se formó en el conservatorio de José Uruñuela de Vitoria-Gasteiz, y Anne, en la escuela de Igor Yebra- están muy ilusionadas de poder bailar ante sus familias.

 

Francesca Busquets es mallorquina, y ha viajado mucho, pues con solo 14 años ingresó en la Escuela del Ballet de la Opera de Viena: "Estoy muy ilusionada. Siento que estamos viviendo el principio de algo. Es muy bonito que estemos aquí todas juntas y que tengamos un objetivo por encima de nuestras aspiraciones individuales. Pablo y Carmina me inculcan que no eres tú solo, sino que formas parte de algo. En su escuela me han abierto la mente, el corazón... y ahora queda disfrutar de lo que hemos trabajado durante estos últimos meses"

 

Ommaira se marchará pronto. Ha sido contratada por una compañía inglesa y, si todo sale bien, este verano estará allí. En breve cumplirá su sueño, un deseo de ser bailarina que sintió desde niña. Ella se formó en el Conservatorio Fortea aunque compaginaba sus clase con la asistencia a la escuela de Pablo y Carmina, y también ha estado de aprendiz en la Escuela del Joffrey Ballet. Pero decidió regresar para perfeccionarse. "Todavía nos quedan 2 actuaciones en Madrid (el jueves 4 de mayo en el Centro Paco Rabal de Madrid) y ya me marcharé", me cuenta. "Estoy muy agradecida a las enseñanzas que he recibido de Pablo y Carmina. En su Escuela he aprendido muchísimo y sé que sin ellos esto no habría sido posible"

 

La función va a empezar. Las bailarinas se miran al espejo como si fuera una ventana a otro mundo. Perfilan sus maquillajes. Bromean para atenuar sus nervios.

 

Se hacen fotos. Ya quedan pocos minutos...

 

 

Pronto se abrirá el telón. Solo es cuestión de segundos...

 

Ha sido un placer compartir con ellas ese momento tan especial que nunca olvidarán. Se inicia para las jóvenes bailarinas una nueva vida: su vida escénica.

 

Acuden a mi mente las palabras de Trisha Brown, que han sido escogidas este año como mensaje del Día de la Danza 2017: "Me convertí en bailarina por mi deseo de volar"

 

¡¡¡Feliz Día de la Danza a todos!!!

 

MERCEDES ALBI

 

 

 

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