"Electra", un ballet que crea su propio género

10/12/2017

 

A través de la “Electra” del Ballet Nacional de España el espectador sensible adquiere la conciencia de penetrar en un mundo con una estética sobrecogedora, sin aditivos, pura, magistralmente inspirada en las fotografías de Ortiz Echagüe, gracias al vestuario de Rosa García Andujar, la escenografía de Paco Azorín e iluminación de Olga García.

 

Un mundo oscuro a la par que bellísimo y atemporal porque los mitos son eternos.  

 

Esta traslación de la tragedia griega al drama de la España rural concebida por su creador, el coreógrafo Antonio Ruz, no solo sorprende sino que va más allá, impacta, pues apela a lo profundo de las emociones, al odio y la venganza, “la sangre llama a la sangre”, declamará con hondura la voz flamenca de Sandra Carrasco. El papel que desempeña el  coro en la tragedia de Eurípides ha quedado concentrado en una sola cantora que hace las veces de narrador. 

 

También la música compuesta por Pablo Martín Caminero, Moisés Sánchez y Diego Losada, se ciñe a la acción y la acrecienta,  bajo la batuta de Manuel Coves y la ORCAM.

 

La trama, con guión de Alberto Conejero, es muy equilibrada, consta de un prólogo, siete cuadros y un epílogo. El prólogo hace referencia a los hechos del pasado, con una boda imaginada de Ifigenia que es un guiño a la tradición escénica flamenca y a las “Bodas de Sangre” de Gades (sin olvidar la “Medea” del maestro Granero), pues la concepción de Antonio Ruz es muy ambiciosa, abarca un amplísimo espectro de influencias, ha bebido de muchas fuentes: la expresividad de la danza-teatro alemana (Pina Bausch y Sasha Waltz), el folklore español, las escenas grupales flamencas creadas por Olga Pericet, algún paso del sirtaki griego y hasta una danza de derviches etc... 

 

 

Todo se desarrolla en armonía, está sincronizado. Porque  “Electra” son varios arroyos que, fluyendo por caminos diferentes, convergen a la vez y forman un nuevo río inmenso y caudaloso

 

Es danza contemporánea con toques flamencos que la acentúan, no se desvirtúa por tanto el estilo, sino que se llevan al máximo las posibilidades técnicas de unos bailarines que, sacados de su estilo habitual, se exploran a si mismos, dotándoles de un nuevo abanico expresivo. El cuerpo de baile es un protagonista más de la acción. Los cuadros coreografiados por Olga Pericet son estéticos y vivaces, destacando el elemento femenino en la hermosa escena de "El agua nada se lleva".

 

 

Y son los bailarines los que aportan su personalidad propia a los personajes. Inma Salomón es una Electra etérea y dolorosa, más dulce que el agrio prototipo que exige el drama teatral. Su ductilidad y amplio espectro técnico la posibilitan para adaptarse con mucha comodidad a la danza contemporánea, y esto la hace brillar de forma poética. Electra-Inma se desenvuelve con seguridad ante el que es el papel de su vida.

 

Sergio Bernal como Orestes, queda desnudo de los giros y saltos para rendirse ante la naturaleza actoral de un personaje tan complejo que es nada menos el antecedente del Hamlet de Shakespeare. Y Sergio como actor transmite sentimientos, conforma un Orestes inocente, desvalido y a la vez lleno de fuerza. 

 

La escena culmen será su duelo con Egisto, en el cuadro titulado “La Cacería de Egisto” donde el cuerpo de baile masculino luce su destreza. Antonio Najarro como Egisto muestra una gran presencia escénica. Es un Egisto lleno de poderío que lucha con Orestes en un paso a dos que podría calificarse de memorable. Y es que Antonio Najarro, después del paréntesis que ha supuesto su actividad como director del BNE, demuestra estar en plena forma con esa elástica elegancia que siempre ha caracterizado su estilo de gran bailarín.

 

Orestes-Sergio asesina también a Clitemnestra (Esther Jurado), su madre, en una escena en la que ambos alcanzan el punto álgido de la emoción que transmite la obra.

 

“Electra” dejará impresionado al público más culto pero llegará a todos. Aquellos percibirán mejor cada detalle, pero la función primordial del arte no es comprender sino sentir. Cada espectador la recibirá de una forma diferente sin que ninguno quede ajeno a la emoción que subyace en la tragedia provocada por la guerra, la violencia y su eterna espiral de venganza.

 

Estamos ante una obra de vanguardia, si por ella entendemos que innova, que va un paso más allá, que abre un camino no explorado. 

 

El ballet “Electra” crea su propio género en el BNE. 

 

MERCEDES ALBI

FOTOGRAFÍAS JESÚS ROBISCO

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