Conversación con Pastora Imperio por César González Ruano

(Reproducimos íntegra y con sus correspondientes fotografías la entrevista publicada en en el Diario Arriba el domingo, 14 febrero de 1954, encontrada en el archivo de Dolores de Pedroso, custodiado en la Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo)

 

 

De Pastora se sabe ya todo o debe de saberse. Pastora Imperio es como una asignatura llave del genio español. Sin saber esta asignatura de memoria, “de coeur”, no se debería pasar adelante del preparatorio de las primeras letras flamencas de la hispanidad. Yo aprobaría benévolamente a quien no supiera de los Reyes Godos, pero no a quien estuviera flojo en Pastora.

 

A los muy jóvenes o a los muy descuidados habrá que recordarles en cuatro palabras extremos que apenas pueden entrar sin sonrojo en una conversación con Pastora, Pastora es Sevilla. Naturalmente. Es del barrio de la Alfajalfa, y nació lo que se dice mismita casa que el Espartero. Nada menos. Su padre era sastre y hacía ropa para toreros.

 

-¿A los grandes toreros Pastora?

 

-¡Digo!

 

Trajes para el Cúchares, para Reverte y Bienvenida. La madre de Pastora fue “la Mejorana”. Sin hacer de menos... “La Mejorana” era la mejor artista del baile flamenco que a su vez había parido madre.

 

-Con ser hija de La Mejorana ¿Sabe usted?, ya tengo bastante.

 

Se vinieron a Madrid y Pastora tenía entonces once años.

 

-Vivíamos aquí mismito, en la calle de la Aduana.

 

 

Y la niña empezó a ir a una academia de baile, la Academia de Isabel Santos. De aquí enseguida al Japonés. Se las anunció y todo: “Las hermanas Imperio”. Pero ¿Quien era esta otra hermana Imperio? No había tal hermana. Era una chunga. Se llamaba María. Del Japonés pasó nuestra Pastora a Actualidades. Enseguida se abrió el extranjero para ella. No vean ustedes.

 

Se dice que Pastora Imperio tiene ahora un restaurante. Vamos a no exagerar. El restaurante, muy gracioso por cierto, con un bar delante, lo tiene Gitanillo de Triana, el torero, que es el marido de la hija única de Pastora. Se llama “La Pañoleta” y está en la entrada de la calle de Jardines. Ella me lo había dicho por teléfono.

 

-Según usted tira a la izquierda.

 

-¿Se ve pronto?

 

-¡Qué si se ve! ¡Tenga usted cuidado con la ceja!

 

Y allí entré a las siete en punto. Eran las siete en punto de la tarde. Pastora tardó unos minutos. Me senté a una mesa. Había en otra unos chavales claramente gitanos y una señora extranjera de pelo rubio que hablaban con ellos y que les contaba como acababa de comprar a plazos una gramola. En un español divertido explicaba el acontecimiento.

 

 

Cruzó la sala, larga y estrecha, Gitanillo de Triana, pasando por delante de la cabeza de un toro disecado que tiene en la pared como un trofeo. Enseguida entró Pastora. Pastora está guapa. Con dos ojos verdes que no se han desteñido con el tiempo. Lo primero que hace es invitarnos a café y presentarme a sus nietos. Son dos chicas y un chiquillo que es el más pequeño y que sale rubiales: María del Carmen, Pastora y curro. Falta aquí otro nieto que se llama Rafael.

 

-Claro... De eso no habrá ni que hablar, ¿Verdad Pastora?

 

Pasa por la plaza mayor de la memoria, faraónica y grave, “El Gallo”, el que fue marido de Pastora.

 

-Es cosa tan vieja que no puede ya interesarle a nadie.

 

-¿Ni recuerdo?

 

-Hombre, recuerdo, sí; ya lo creo que hay recuerdo. Me acuerdo de él como sé que él se acuerda contantemente de mí. Me acuerdo de Rafael como de una cosa buena. Pero aquello pasó del todo.

 

-Y ahora, con la calma de la vida, ¿No admite usted que...?

 

-No, señor. Pasan todas las cosas que no se siguen.

 

 

¡Grave sentencia! No puede decirse mejor. Se van los nietos de Pastora. Nos quedamos solos revolviendo un poco melancólicamente el azurcar del café. En una mesa lejana están los nietos de Pastora con su madre, muy gitana de estampa, muy guapa, muy esos que llamamos para entendernos Romero de Torres. Hay que decir algo.

 

-¿Tiene usted dinero Pastora?

 

-No señor. Gané mucho, pero lo gasté. Toda la vida me gustó vivir muy bien. No me privé de nada y tenía cuatro casas que pagar.

 

 

Hablamos ahora del arte del cante y del baile. No íbamos a hablar de los problemas del tráfico o de Priciliano.

 

-Usted, Pastora, por de pronto, movió los brazos como no los ha vuelto a mover nadie.

 

-Sí, señor, moví los brazos y todo lo que había que mover, porque con los brazos solo hubieran acabado por meterme en una maceta.

 

-¿Se debe decir flamenco o cante gitano?

 

-Cante gitano.

 

-¿El “ballet” es gitano o es siquiera flamenco?

 

-No, señor. No puede serlo. Solo hasta tres personas, como máximo, pueden conjuntar una cosa gitana. Más ya es una verbena.

 Breve historia de sus viajes. La primera vez que salió de España fue a Lisboa.

 

-Apenas tendría yo catorce años.

 

-¡Para acabar con el mundo!

 

-Pues, mire usté, la verdad, me daba lástima...

 

Teatro de Doña Amelia en Lisboa. Debe ser el mismo teatro que despue´se se ha llamado de San Carlos. De ahí inmediatamente a París.

 

-Sí señor, al Casino de París.

 

Y a América. La primera vez que va Pastora a La Habana. Tenía dieciseis años.

 

-¿Cuantos viajes a hecho usted a América?

 

Pastora hace girar rápidamente sus tremendos ojos verdes.

 

-Me parece que quince.

 

Recordatorio de los grandes artistas del cante gitano. Para Pastora uno de los mejores ha sido Chacón, aunque...

 

-Aunque Dios no quiso que naciera gitano. Pero era magnífico.

 

-¿Y quienes más?

 

-Pues Manuel Torres y ahora Antonio Mairena.

 

-¿Le da usted en esto mucha importancia a lo de ser gitano?

 

Pastora se echa para atrás en su silla.

 

-¡Hombre usted dirá!

 

Y me lo dice lo mismo que si le preguntara a Azorín que si le daba importancia a un escritor que escribiera bien. Luego explica:

 

-El cante gitano va mucho con el eco. Eso es muy importante. Ha que saber llorar y saber decir.

 

Sabía que Pastora daba algunas lecciones. Le pregunto sobre esto y ella me lo cuenta:

 

-Poquitas y solo para particulares; a profesionales no me gusta.

 

Pronto salto de tema. Pastora contesta a todo con precisión lenta, atenta y poniendo punto final a cada cosa.

 

-¿Y se encontraba usted bien fuera de España?

 

-No, señor; en cuantito faltaban seis meses ya me ponía como loca.

 

-¿Cuál ha sido en los tiempos aquellos el mayor sueldo que ha cobrado usted?

 

-Mi doscientas pesetas por noche.

 

Pastora, salvo el dinero, no ha perdido nada. Nada de todo aquello que hizo su personalidad una de las más completas y grandiosa del mundo español. Hablar con ella es como verla bailar: un continuo pase entre lo dramático, lo patético y la gracia, el respingo.

 

NODO  (1964)

 -¿Qué vida hace usted ahora Pastora?

 

-Muy sencilla. Soy muy casera. Comprendo que resulto muy rara en mis gustos, muy rara en mis amistades. Soy también poco visitadores de escenarios. Me gusta la soledad y hablar poco.

 

-¿Ese poco , con quien?

 

-Ese poco lo hablo sola. Pero no crea usted que con aguantar. Tengo saciadas todas las alegrías de mi alma.

 

No hay azucar que revolver con el café. Como alguien ha dicho de Pastora pensaba alguna vez escribir sus Memorias, el pregunto sobre esto, recordando incluso y unas Memorias que Encarnación López escribió en París, un libro que parece era interesantísimo y que ella titulaba “El baile de mi tiempo”. Ese libro creo que se perdió definitivamente y, por tanto, no lo podremos ver nunca.

 

-Sí señor, me gustaría escribir mis Memorias. Escribirlas con alguien, claro. He tenido ya una proposición importante de Buenos Aires y otra de España. Del año que viene no pasa que salgan mis Memorias allí o aquí. Y hablando de proposiciones, ¿Sabe usted que me han hehio una popropuesta interesante para trabajar en la Televisión? Se trata de “El Amor Bruhjo” que escribió para mí Falla.

 

-¿Y en escenario no quisiera usted trabajar todavía?

 

-Ya no. He trabajado la última vez hace hace unos tres años.

 

Se podría pasar, no toda la tarde y toda la noche hablando con Pastora, oyéndola hablar, recordando juntos cosas, animando en mil recuerdos la estampa flamenca y la misma estampa general española, porque si Pastora ha pasado por todo, todo ha pasado también por Pastora y ella pertenece a un tiempo que, bien pensado, tal vez haya sido el más pintoresco tiempo contemporáneo: los flecos de una Europa que todavía no habían conocido, en la medida de que lo que tenían que conocer, el sufrimiento ni el hastío: pero hay que saber sacrificar muchas cosas que no por la literatura, sino por arquitectura. Ni una conversación ni un artículo deben, en cuanto a su arquitectura, diferenciarse demasiado de un soneto. Soneto extraño y mágico, en el que, a lo mejor, en último terceto se adelanta, porque así lo quiere Dios, antes de segundo cuarteto.

 

-Adiós, Pastora.

 

Todavía volvimos a vernos aquella misma noche. Fue en un “cocktail” que ofrecía Luis Escobar a la artista francesa Suzy Solidor. Suzy Solidor no puedo asistir porque imprevistamente había salido de España aquel mismo día. Pero asistieron los muchos invitados que representaban muy bien al “todo Madrid”, al Madrid de la aristocracia, al de las Letras, al de las Artes... Y en aquellos salones Partora Imperio se encontró como un mágico homenaje rendido a ella. Porque pastora fue la reina de la noche. Nadie podía disputarle mejores razones de genealogía para ocupar el trono.

 

César González Ruano

Fotos Pastor

 

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