Conversando en el Ateneo con la maestra Esther Escudero (entrevista)

20/01/2019

 

Durante el ciclo de conciertos Manuel de Falla celebrado el pasado domingo en el Ateneo de Madrid, tuvimos el placer de encontrarnos con la maestra Esther Escudero que se sentó a mi lado.

 

Me gusta su conversación, especialmente, porque de inmediato te das cuenta  que es de esa clase de personas que van por la vida sin doblez, a cara descubierta, pero ante todo con buena voluntad y un inmenso amor por la danza.

 

Resulta muy interesante el hecho de que formara parte del primer elenco de bailarines del Ballet Nacional de España, ahora que conmemoramos los 40 años de su fundación. Ella estuvo allí. Es un símbolo de un tiempo pasado que sigue vivo, porque lo efímero de la danza se hace eterno en esa transmisión del maestro hacia sus discípulos. 

 

 

Para introducir el concierto de Jota del Nacho del Río, proyectamos unas imágenes de jotas antiguas y una portada del ABC de 1950, donde aparecen Alberto Portillo y María Victoria Montes bailando esta danza sobre el escenario del Covent Garden. El director artístico del ciclo, José Manuel Hernández, me pide que salga con él a presentarlo. El aforo está completo. Es una mañana muy especial. No encuentro en el mundo nada más gratificante que dejarse llevar por todas las maravillosas sensaciones que nos brindan tan excelentes artistas

 

  

P-¿Cómo empezaste en la danza?

 

-Empecé a los 4 años, gracias a una tata que teníamos en casa. Ella vio como me movía y pensó que tenía que ir a aprender. Todavía vive, tiene más de noventa años y está en Venezuela. Mantenemos el contacto y me comunico con ella por vídeo conferencia.

 

P-Y ¿Dónde te llevó?

 

 -A la academia de las Hermanas Celinda, que enseñaban la danza española. Y claro, me encantó, me fascinó, nunca dejé de bailar desde entonces.

 

P-¿Cómo recuerdas aquellos tiempos?

 

-Con mucha ilusión. Descubrí todo un mundo. Me pusieron de pareja de Antonio del Castillo y así empezamos.

 

 

Había muy buen ambiente, también estaba el guitarrista Serranito y otros jóvenes. Pero en aquellos tiempos había muchísimas compañías de danza y trabajo para todos, algo que por desgracia no sucede ahora.

 

P-¿Quién te impresionó más de los que conociste?

 

-Me impresionó muchísimo Antonio el Bailarín, por ejemplo. Nos lo presentó Mimí Montián en una fiesta y nos vio a Antonio del Castillo y a mi bailar. Y nos dio su veredicto…

 

P-¿Cuál fue?

 

-Dijo que éramos muy buenos. Nunca lo olvidaré. 

 

P-¿Cuál es tu opinión sobre la evolución de estilo en la danza española?

 

-La danza española que se interpreta ahora ha cambiado mucho en relación al estilo que se bailaba antes. Para mi gusto se ha perdido la esencia de lo que es la danza española. No había tanta técnica, pero había más amor, más expresión, más fuerza…

 

Ese competir en las clases unos con otros, en busca de la perfección técnica, mata.

 

P-¿Te refieres a que el exceso de técnica académica mata la personalidad del intérprete?

 

-Sí, hay cosas que se han perdido. Un paso de danza, un movimiento si está bien hecho y con esencia es suficiente para emocionar, no hace falta hacer 400 movimientos… Mira como bailaban Rosario, Pilar López… Se ha perdido la feminidad en el escenario.

 

Hay una series de cosas que unas llevan a la otras, y  también en los tiempos que corren la vida va “muy técnica”, tanta tecnología se nos ha trasladado también a la parte artística, pero aun hay bailarines que tienen sabor especial.

 

 

P-¿Quiénes?

 

Por ejemplo, Antonio Márquez. Aunque está casi retirado.

 

P-¿Y de mujeres?

 

-Me gusta Olga Pericet, Mar Vivó, que ya no trabaja, pero es una bailaora muy buena, Me encantan Esther Jurado y Vanessa Coloma, que fue alumna mía… Me invitó a verla en el Fernán Gómez y me quedé alucinada. Me gustó muchísimo, es mujer que sí sabe ser femenina y tiene esos pellizquitos tranquilos cuando se mueve sobre las tablas. Otra alumna mía que me gusta mucho es Guadalupe Torres.

 

Carlos Rodríguez también es alumno mío.

 

P-¿Te gusta Carlos?

 

-Sí, mucho. Rodríguez y Rojas son una pareja estupenda.

 

P-¿Tú has sido más de danza flamenca?

 

-No, yo soy clásica española, si bien por mi modo de expresión y temperamento artístico me gusta más el zapato que la zapatilla. Eso es algo que depende de cada intérprete, que dentro del amplísimo y extraordinario abanico de posibilidades de la danza española escoge su estilo.

 

P-¿Cómo fueron tus primeras andanzas sobre escena?

 

-Mi experiencia artística ha sido muy buena, mi camino ha sido muy pleno. He tenido maestros grandiosos, Paco Reyes, Gloria Librán, recuerdo aquellos brazos tan preciosos que tenía porque cada maestro te enseña una cosa; Héctor Zaraspe, quien me mostró la parte artística y profesional. Gracias a él obtuve mi primer contrato en París con solo 15 años en el Ballet de Rafael Aguilar.

 

P- Debió ser impresionante de repente estar en un escenario como la Ópera de París.

 

-Fue una experiencia fabulosa, Rafael Aguilar y su mujer Manolita fueron encantadores conmigo y conservamos siempre una gran amistad.

 

P-¿Qué interpretasteis en París?

 

-Hicimos los danzables en unas óperas. Y Luego también fuimos a continuación a actuar en Bruselas.

 

Aunque te confieso que a mí me daba lo mismo bailar aquí que allí, porque yo solo quería bailar, era lo único que me preocupaba,  era lo único importante y lo que más amaba, bailar con quién fuera dónde fuera... Y seguía actuando y formándome. De jovencita me tiraba todo el día bailando de academia en academia con maestros inigualables que siempre llevaré en mi corazón: Pedro Azorín, Alberto Lorca, María Magdalena, José Granero…

 

P-Dime con quién has bailado.

 

-He bailado con Fernando Belmonte, con Caracolillo, marido de Juanita Reina, ya han muerto los dos. Con Antonio del Castillo bailamos, por ejemplo, en la película de la Nueva Cenicienta con Antonio y Marisol.

 

 

P-¿En qué escena?

 

En todas la escenas de baile. Yo tenía unos 15 o 16 años y allí estaba con Antonio del Castillo.

 

P-¿Cuándo dejaste los escenarios?

 

-Cuando conocí a mi marido y me casé, entonces abrí en Móstoles mi academia. Hasta los 67 años que me he jubilado he estado enseñando.

 

P-¿Tu marido era artista?

 

-Mi marido era técnico de iluminación en el Teatro María Guerrero. Y nos conocimos en el Ballet Nacional de España. Fue durante la primera gira de la compañía que viajamos de gira a Caracas. Mi marido vino porque el ministerio de cultura lo mandó como técnico. Al regresar a España a los cuatro meses de conocernos, nos casamos.

 

P-¿Qué opinas de los extranjeros que vienen a aprender danza española?

 

-Hay quienes lo hacen muy bien, además, es un honor que aprecien nuestra danza porque además, por ahí fuera estamos en un pedestal y, sin embargo, aquí estamos tirados por tierra, aquí no se le da a los bailarines el reconocimiento que merecen.

 

 

P-¿Está la danza  suficientemente valorada?

 

-La danza es un trabajo inconmensurable, requiere un sacrificio enorme y hay  gente que todavía la ven como una especie de pasatiempo. Es un Arte, y quienes nos dedicamos a él nos entregamos en cuerpo y alma. Por eso terminamos mal de las lumbares, de las rodillas…

 

Todo lo damos,  el bailarín se entrega entero sobre el escenario y no recibimos casi nada comparado con lo que damos. Solo nos queda la satisfacción que nos produce el haber hecho lo que nos gusta.

 

                                                                                                      MERCEDES ALBI

                                                                                           Fotografías: Gabriel M. Olivares

 

 

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