Entrevista a David Coria en el Festival de Jerez

12/03/2019

 

Tenemos el placer de viajar al Festival de Jerez, donde asistimos al estreno del espectáculo “Anónimo” de David Coria. Todo lo que este bailarín-creador hace está impregnado de sí mismo, de una energía honesta que bulle e inflama el escenario de intensidad.

 

Me encuentro con él después del espectáculo. David sigue sin parar saludando a unos y a otros en las tascas cercanas, y me lo llevo de allí para hacernos una foto. Cuando llegamos de nuevo frente a la fachada del Teatro Villamarta todo está en silencio, pero su vitalidad sigue llenando el vacío que indudablemente se siente cuando uno acaba de entregarse totalmente en escena para el público.

 

La noche parece como un sueño. David tiene un físico que es atemporal, le digo que parece un personaje salido de una película de piratas, con su pelo negro de rizos desordenados, sus ojos oscuros e intensos y ese aro característico que pende de su oreja. Es cierto, es el pirata de Espronceda, su tesoro es el barco de la danza flamenca y su dios, la libertad. David navega hacia el futuro surcando y trazando nuevos caminos en el inmenso océano del arte.

 

 -¿Por qué “Anónimo”? ¿Qué significa el título de tu nuevo espectáculo?

 

-Anónimo es una fantasía personal. Y la he construido a partir de ese concepto. Para mí significa una identidad desconocida, un secreto un misterio, la cantidad de seres que habitan dentro de una misma persona y que son desconocidos para la norma social.

 

Las convenciones obligan a un determinado comportamiento, entonces las personas vamos configurándonos según lo que se exige socialmente de nosotros. Nos modelamos poniendo filtros al verdadero ser que somos. Yo he querido crear un espacio donde se cuestione esa imposición y juguemos a burlarnos de ella.

 

-Dame un ejemplo de cómo trasladas esa idea abstracta al campo concreto de la escena.

 

-Por ejemplo,  la ropa que utilizo. Ten en cuenta que la primera imagen que recibimos de alguien nos la aporta su vestido. La ropa está impregnada de norma. No es lo mismo llevar un zapato Gucci que unas zapatillas del rastro. Catalogamos en base a las apariencias, por esto juego con la desnudez y con las distintas prendas que nos vamos poniendo y quitando…  Me pongo la chaqueta, miro los relojes, me quito esto, me pongo aquello… Todo son capas diferentes de uno mismo que se van mostrando.

 

Con ello hago una reflexión sobre qué somos en realidad.

 

-¿Crees que hay mucha apariencia en lo que mostramos al exterior?

 

 -Sí, también la imagen que difundimos por las redes sociales contiene algo de falsedad. Por eso reflexiono en “Anónimo” sobre la persona que mostramos y la que somos en realidad, un algo que permanece oculto.

 

En “Anónimo” voy construyendo las imágenes a base de aspectos diferentes de lo que es la masa de gente. Individualizo, no somos más que carne, hueso, pellejo, hay un algo más profundo en el ser humano que tener vulva o pene. Esa es la base de la escena de la hembra gigante con los bailarines que a su lado parecen liliputienses. Por eso jugamos también con la desnudez.

 

-¿Por qué sois tres bailarines hombres en el elenco?

 

-Los otros dos son un reflejo de mí. Es un ser único que a veces son tres en uno, me desdoblo.

 

-¿Quiénes son los otros dos bailarines que te acompañan?

 

-Rafael Ramírez; lo conocí y trabajé con él en mi anterior espectáculo “El encuentro”. Es el más joven, me gusta la forma en que concibe su arte, su forma de expresarse, y por eso quise volver a contar con él; y a Eduardo Leal lo conozco desde hace muchísimo tiempo, desde los dieciocho años. Hemos bailado juntos en otras compañías como la de Rubén Olmo. Encuentro siempre bailando con él un sentimiento muy emotivo.

 

 -¿Y la música?

 

-Mi mano derecha en la música es Jesús Torres. Es un guitarrista peculiar, creativo, con un universo interior increíble. Admiro su dominio de la guitarra y el profundo conocimiento que tiene del flamenco. Me entiende perfectamente, le digo lo que quiero y traduce a música mi deseo de una forma alucinante.

 

Daniel Suárez tiene en su percusión el secreto de saber crear ambientes maravillosos con muy buen gusto. Son ya parte de mi equipo y me ponen fácil lo que van a hacer porque me comprenden.

 

Es la primera vez que he trabajado con Sancho Almendral, el chelista. Lo vi en El Quijote de Andrés Marín y me encantó.

 

¿Y qué puedo decirte de Gemma? Su cante, su voz… La admiro muchísimo. Necesitaba esa voz, esa fuerza para lo que yo quería mostrar. Además, es la única mujer y esto también amplía el significado de que no importa si eres hombre o mujer ni una sola mujer entre tantos hombres.

 

La iluminación de Gloria Montesinos y el sonido de Quique Seco fueron también muy importantes.

 

 

-¿Cómo es que te dedicaste a la danza flamenca?

 

En mi casa, de pequeñito, mi hermana bailaba, a mi padre le encanta el flamenco, mis hermanos tocan la guitarra, y aunque no se han dedicado a ello profesionalmente sí nací en un ambiente muy propicio para desarrollarme en ello. Así comenzó todo.

 

-Creo que sois una familia muy numerosa.

 

-Sí, somos diez hermanos de Coria del Río.

 

-¿Tu nombre artístico es por tu pueblo?

 

-Cuando llegué a Madrid con 17 años, y hablaban de mí, decían para reconocerme “el de Coria” y así me quedé: David el de Coria, David Coria… No tuve que buscarme un nombre artístico.

 

-¿Por qué viniste a Madrid?

 

-Mi meta era entrar en el Ballet Nacional de España.  

 

Fue en el momento en que Aída Gómez dejó el BNE y convocó audiciones para su compañía y me cogió. Luego, cuando cumplí los 18, entré BNE con Elvira Andrés.

 

-¿Cómo fue tu experiencia en el BNE?

 

-Muy buena. Me fui porque quería probar cosas nuevas, pero fue una experiencia preciosa en la que pude vivir y compartir con los grandes de la danza. Gades, Granero, Alberto Lorca, Pilar López, que vino a reponer concierto Aranjuez, Juan Mata, Maribel Gallardo, Lola Greco… Por nombrarte a unos cuantos.

 

Me enseñaron lo que es la profesión, tienen muchos medios y te inculcan lo que significa el trabajo bien hecho.

 

Luego he trabajado con muchas otras compañías: Rafaela Carrasco, Rocío Molina, Rubén Olmo, Brigitta L. Merki…

 

-¿Cuándo decides que quieres dar el paso de intérprete a creador?

 

-Es una inquietud que siempre tuve dentro.  La primera vez que coreografié  algo fue una pieza con Guadalupe Torres y Jonathan Miró que llamamos “Momentos”, nuestro primer juego…  También hice algunas pinceladas con Rafaela Carrasco. Empiezas a meterte y vas siendo consciente de la existencia de un universo infinito.

 

-¿Qué es para ti el impulso de crear?

 

-La creación es como tener la capacidad de escribir, de dibujar, pues se puede expresar a través de muchos medios pero su meta es convertirse en arte. Es dar rienda suelta a tu imaginación, dejar abierta una puerta que solo puedes traspasar con el arte. Es algo que me atrapa, es como  jugar a ser lo que quiera, es vivir los sueños, porque estos cobran vida.

 

 

-¿Cómo piensas que es el flamenco actual?

 

-En este momento hay una explosión de gente creativa en el terreno artístico, mucha gente aportando y las aportaciones que valen la pena, el flamenco las absorbe y las que no, pues las desecha. Esto es lo que marca la evolución del arte flamenco que se va construyendo a lo largo del tiempo. Hay muchísimo talento, muchísimos artistas que hacen cosas muy bonitas.

 

-¿Ha evolucionado el estilo flamenco?

 

-El flamenco es un ente vivo, se define y va con el tiempo que le toca vivir, como las personas, que somos hijos de una época y no podemos sustraernos de ello, y esas vivencias se plasman en el flamenco.

 

Es un arte vivo, cada uno baila como es en verdad, no se puede mentir con la energía que el artista despliega sobre el escenario porque siempre transmite cómo es él. Su danza es un trozo de su persona y esa persona está dentro de su momento histórico, no puede ser de otra manera. Así los artistas vamos configurando el arte flamenco.

 

MERCEDES ALBI

FOTOGRAFÍAS ESCENA: DANIEL MUÑOZ PANTIGA

 

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