"Ikarus" vuelta alto en Königsfelden

24/06/2019

 

El Festival que cada dos años tiene lugar en la Abadía de Königsfelden (Suiza), bajo la dirección de Brigitta L. Merki, es un acontecimiento ineludible para los aficionados a las artes. En el corazón de Centro Europa se generan unas obras escénicas de vocación interdisciplinar en las que el flamenco suele ocupar un lugar destacado.

 

 

Las representaciones se celebran entre los muros del templo, una construcción gótica del siglo XIV, que ofrece unas posibilidades distintas a a las de un mero escenario teatral. La verticalidad se acentúa obedeciendo a la primitiva idea de elevar las plegarias, un efecto que resulta idóneo para las ansias de vuelo de estos Ícaros.

 

 

En este espacio las esculturas aladas de Roman Sonderegger -cuyo hipotético punto de fuga se situaría en lo alto- crean además del suelo otro plano superior que enfrenta a músicos y bailarines desde ambos lados de la escena.

 

 

Toda una amalgama de elementos se integran, pero no se fusionan, porque la concurrencia de estilos dancísticos solo tiene un único motivo, un profundo significado los vertebra sin distorsiones.

 

 

La coreografía creada conjuntamente por  el artista canadiense  de estilo contemporáneo Rob Kitsos y Brigitta L. Merki, de estilo flamenco, queda conformada sin fisuras. Lo más curioso es que no han buscado homogeneizar el conjunto, el reto consistía en unirlo sin que se notasen las costuras.

 

 

Un elenco excelente de trece bailarines con formaciones distintas entre contemporáneos y flamencos (Eloy Aguilar, Adi Akiva, Natalia Alcalá, Iván Amaya, Carmen Iglesias, Valentina Pedica, Sara Pennella, Sebastian Rowinsky , Antonio Somera, Lexi Vajda, Elihu Vázquez), al que se han unido 2 espectaculares breakdancers (Javier Sánchez y Dany Zoo) dando vida a una historia que se repite desde el inicio de los tiempos.

 

 

Es una trama circular que parte de donde los anteriores ícaros lo habían dejado. Hubo un fracaso y quedan unos restos de palos y alas que los “nuevos” toman a modo de relevo. Todo vuelve a comenzar porque nada está acabado. Por eso la música ideada por  Christoph Huber es absolutamente continua, enlazándose unas melodías con otras de principio a fin. Son los músicos un conjunto de jazz formado por Christoph con Michael Haudenschild, Raphael Heggendorm, Corine Nora Huber y Lukas Rutzen, que se ubican en la parte superior izquierda, e integra desde el lado contrario a los guitarristas flamencos, Juan Gómez y Pascual de Lorca, así como la voz de la cantante argelina Karima Nayt.

 

 

La música se expande y se adelgaza, incluso se enmudece, pero siempre favoreciendo la expresividad de la danza y según lo que está sucediendo.

 

 

Hay varias fases, un combate dual inicial entre Dédalo e Ícaro que obedece a la concepción terrestre del flamenco frente al deseo de volar de los bailarines contemporáneos. Las castañuelas de los primeros parecen servir a éstos de advertencia. El dinamismo se incrementa, se vuelve muy variado, con unas imágenes coreográficas de gran plasticidad que huyen del hieratismo.

 

 

El Ícaro breakdancer desafía y cae finalmente, acompañado de un solo de saxo. El duelo de las dos voces femeninas enfrentadas, el baile por tarantos de Eloy, y la resurrección plasmada en el baile de conjunto por bulerías con cante de Karima…

 

 

¿Qué significa toda esta afluencia? Significa libertad, porque el de Ícaro es un vuelo siempre único que se emprende en soledad. Nace de un soplo interior que algunos pensadores antiguos identificaron como la señal de la deidad que habita en nosotros. Estas chispas del Aliento creador son para el artista como un fuego que les quema y solo se transmite si, como con este Ícaro de Königsfelden, saben inmolarse y entregar al público en cada representación lo mejor de si mismos. 

 

MERCEDES ALBI

 

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