El Ballet de Igor Moiseyev, historia de un mito

04/11/2019

 

Próximamente el Ballet de Igor Moiseyev gira por España, lo cual es todo un acontecimiento cultural pues se trata de una de las grandes compañías de Rusia junto con las del Bolshoi y Marinsky.

 

 

Y como todo lo que es grande tiene una historia detrás, no hay que olvidar que este mítico conjunto tuvo el honor de ser la compañía predilecta de Stalin. El Ballet de Igor Moiseyev era el escaparate de la potente maquinaria de la Rusia soviética, todo un símbolo del vigor con que Rusia sorprendía al mundo.

 

 A modo de ejemplo copio algunos fragmentos de las críticas internacionales que cosechaba:

 

En abril de 1958 , el diario del New York Times hace una curiosa advertencia:

 

<<Si el año próximo la temporada lírica no se puede realizar en el Metropolitan Ópera, que nadie se extrañe. Ello significará que el público rebosante de entusiasmo durante los espectáculos rusos, ha hecho volar en astillas el teatro>>.

 

El diario “Il messaggiero” en un artículo de Gino Tani, uno de los más prestigioso historiador y crítico, escribe:

 

<<Las transiciones de los pasos clásicos a los movimientos de las danzas populares, son extrañamente delicadas y a penas sensibles; dos estilos confundidos en un todo único y armónico a un ritmo endiablado. No hay conjunto coreográfico en el mundo, que pueda mantener este ritmo, ni incluso la mitad>>.

 

 

La crítica en España se sumó a las alabanzas recibidas en todos los lugares donde actúa la compañía:

 

Igor Moiseyev, músico, coreógrafo, bailarín e investigador insigne, ha logrado crear no sólo un elenco sensacional de bailarines sino lo que es más importante, un estilo nuevo que fundándose en el folklore “incomparable folklore ruso” presta a la danza una riqueza, variedad y expresión de auténtica categoría universal

 

Diario Madrid, J. Espinosa Orlando

 

El Ballet Moiseyev, es una feliz síntesis del estilo musical, sentimental de un pueblo que a través de todas sus transformaciones políticas, sociales y económicas, ha sabido salvar una alta fidelidad a si mismo. Está compuesto por una pléyade de bailarines, cada uno de los cuales, podría, si se lo propusiera, ser figura destacada en cualquier ballet del mundo”.

 

ABC, Lorenzo López Sancho

 

 

¿Quién era Igor Moiseyev?

 

Nació en Kiev en 1906, y con solo 18 años entra en el Teatro Bolshoi donde se graduará en 1924. Allí va se va realizando como artista y siente el influjo de Alexander Gorsky, el gran director y coreógrafo entre cuyos méritos figura la autoría de la versión canónica del ballet El Quijote, que mejoró la de Petipa en cuanto a la participación del cuerpo de danza en la acción. El maestro que lo acompaña desde el cuerpo de baile hasta sus papeles de principal fue Kasian Goliezovski. El joven Moiseyev aspira bajo este influjo a conseguir veracidad en las escenas de masa y recurre a las danzas de tradicionales de carácter como fuente de inspiración.

 

 

 

Las primeras obras que realiza Moiseyev para el Bolshoi - donde fue uno de sus más destacados bailarines hasta 1939- “Futbol”, “Salambó” y “Los tres gordos”-, definen con inusitado éxito su inclinación por los grandes cuadros y ballets de multitudes.

 

 "Futbol" coreografía creada por Moiseyev a los 24 años de edad para el Bolshoi

 

El genio creador popular, me reveló así mi vocación”, afirmaría Moiseyev, que se convirtió en un viajero ferviente movido por el afán de recopilar y estudiar las danzas folklóricas bebiendo de sus más genuinas fuentes.

 

 Igor Moiseyev en Tadjikistan (1930) 

 

Emprende viajes por Ucrania, Bielorusia, Tadjikistan, la orillas del Volga, el Ural, Siberia, el Caúcaso y Crimea. No es un mero espectador, sino que se integra con las gentes, convive con ellas y aprende sus danzas, incluso participara bailando en las fiestas populares como uno más.

 

Ama lo que ve, lo vive, lo asimila y lo estiliza para mostrarlo al mundo.

 

 Moiseyev en Pamir (años 30)

 

Y en 1937 es encargado de organizar el primer Grupo de Danzas Folklóricas de la URSS.

 

Pero Igor Moiseyev no se va a limitar a recopilar y reproducir las danzas populares, como hacía por aquel entonces el profesor V. Vsevolojky Guerngross en el Teatro Etnográfico de Leningrado, que existió desde 1929 a 1933,  sino que innovo en su ejecución de una forma que podríamos calificar de revolucionaria. Así, gracias a Moiseyev, las danzas populares se bailan primera vez con bailarines profesionales, creando su propia escuela.

 

 

Se hace muy consciente y sigue en cierta forma una opinión del escritor Nicolás Gogol que tildaba a los  ballets que se representaban en París y San Petersburgo de “faltos de carácter” y de excesiva uniformidad, cuando:

 

<<El español no baila como el suizo, ni el escocés como el alemán de Teniers, ni el ruso como el francés, ni como el asiático. Incluso en un mismo país las danzas cambian de ritmo y de sentido, según las provincias. Así, el ruso del norte no baila como el pequeño ruso o el eslavo meridional. Ni el polaco como el finlandés. En unos el baile “habla”, en otros es impasible. Hay bailes tempestuosos, frenéticos y en otros casos lentos. En algunas provincias es rígido, pesado, en otras ligero, etéreo ¿De dónde viene esa gran variedad de bailes? Viene del carácter del pueblo, de su vida, de sus costumbres y sus ocupaciones. Un pueblo que ha conocido una intensa vida de lucha, expresa este orgullo en sus bailes. Un pueblo indiferente y libre, expresa esta libertad sin límites y este hechizo poético en sus danzas. Un pueblo con temperamento ardiente, introduce en sus danzas la misma voluptuosidad, en la que intervienen la pasión y los celos.>>

 

 

Por lo que Moiseyev con completa consciencia y fascinación de lo popular, tratará de penetrar en la esencia de las danzas, y sin desdeñar la estética y la imaginación, las recreará de forma inigualable con bailarines de técnica prodigiosa.

 

 

Y supera los límites de las vastas fronteras rusas y comienza a estudiar danzas las todo el mundo aprovechando los viajes de su compañía. Fue en 1967 cuando en España queda fascinado por la jota aragonesa. Entonces, y cada día de los tres meses que duró aquella gira, trató de que sus bailarines asumieran el ritmo de aquel “endiablado” baile. Los ensayos de prolongaron en la Sala Tchaikovsky de Moscú a donde acudieron especialistas venidos de pueblos de Aragón, Zaragoza, Huesca, Alcañiz… y después de 10 meses logró finalmente el resultado deseado.

 

 

Los pensamientos de Igor Moiseyev, que ha traducido en un brillante artículo Tatiana Solovieva, merecen una especial atención, pues nos encontramos ante un filósofo del movimiento.

 

 El gran artista superó la centuria falleciendo a los 101 años, sin faltar a sus clases. Tal era su pasión.

 

Sobre las circunstancias de la existencia afirmó:

 

<<Resulta que la cuestión es que una buena persona es capaz de sacar algo bueno de lo malo. La mala persona hasta de lo bueno puede hacer una cochinada.

 

¿Cómo hay que reaccionar…? Sabemos que la gente culta hasta en los campos de concentración intentaba crear universidades, intercambiar conocimientos. Y al revés, los delincuentes maltrataban a otros solo porque eran cultos.  Así que creo que una buena persona crece con cualquier adversidad, y cuanto mas horrorosas son las adversidades, más les acercan a los mejores valores>>

 

Igor Moiseyev, toda una lección de vida.

 

 

 

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