El prodigio del Ballet Moiseyev

 

 

Ayer, para todos los que estuvimos en el Teatro Real viendo al Ballet Moiseyev, fue una noche extraordinaria. Nos encontramos ante la compañía de autor más grande del mundo y también, junto con la de Martha Graham, la más antigua, pues fue fundada por Igor Moiseyev en 1937.

 

Las coreografías están llenas de vigor, los bailarines despliegan una inmensa energía sobre escena con unos movimientos de tal dominio técnico que hacen posible lo imposible, como si fuera cosa de magia. Pero la magia, aunque parezca mentira viéndolos –como en la pieza “Partisanos” que cerró la primera parte- no existe y sí el enorme trabajo y las miles de horas de ensayo que hay tras él, pues han logrado una coordinación de pasos y movimientos semejante en su perfección a los engranajes de un reloj. 

 

Y una característica también única de la compañía: el arte de desplazarse por la escena. El bailarín casi nunca camina hacia un lugar del escenario, hace su danza y regresa al punto inicial sin más, no, nada de eso, cada movimiento forma parte de un todo continuo. Igor Moiseyev tiene en sus coreografías un estilo propio en el que el conjunto prima sobre la individualidad y domina como nadie la composición espacial. La danza fluye y emplea con frecuencia el dificilísimo elemento de la estructura circular. Sin embargo, tampoco descuida la teatralidad y el humor que surge de vez en cuando en chispazos, porque siempre transmite aquello que los franceses denominan la “joie de vivre”. 

 

 

Este abanico de coreografías mostrado en el espectáculo “Danzas de los pueblos del mundo” no decae nunca, y cada pieza es más original que la anterior. Igor Moiseyev era un ser prodigioso algo que queda claramente evidenciado en el fragmento de  “Futbol”, un ballet creado cuando solo tenía 24 años del que ya nos separan casi el siglo desde su creación. Y es que nos encontramos ante un clásico, en el sentido de la famosa definición que del término hizo el torero Rafael el Gallo: “clásico es aquello que no se puede hacer mejor”.

 

El espectador goza boquiabierto y le sabe a poco, pues los aplausos no cesan esperando un bis para que esa sensación de placer que nos han transmitido no se apague con la caída del telón. Nos encontramos, sin lugar a dudas, ante la mejor compañía de danzas de carácter del mundo. Agradecemos que conserve la pureza y el entusiasmo con que fue creada y aplaudimos la labor de su actual directora Elena Shcherbakova.

 

Un pueblo que mantiene la esencia de lo creado con tal autenticidad permanecerá siempre frente a los avatares de la historia.

 

MERCEDES ALBI

Fotografías Evgeniy Masalkov

 

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