La Compañía Nacional de Danza emprende su nuevo vuelo


Verdaderamente, este primer programa de la CND que sube a las tablas su nuevo director, Joaquín de Luz, es exquisito. Las tres partes que lo componen son obras inolvidables, que no difieren entre si aunque correspondan a tiempos y artistas diferentes. La calidad musical con la orquesta en directo, bajo la batuta de un Manuel Coves que comienza a peinar alguna cana, lo cual es señal que está alcanzado la sazón de su maestría, fue clave fundamental del resultado.


La armonía y la elegancia encandiló a un público que fue entusiasta desde la filas del paraíso. El aforo del teatro se resiente por la pandemia, sobre todo en las zonas que suelen ocupar las personas de mayor edad, pero la seguridad en el Real es absoluta. Nada debería impedirnos hacer la vida de siempre mientras nos mantengamos dentro de los estrictos límites establecidos por la normativa. Nadie se ha contagiado por asistir a un teatro.


Si el día del estreno el aliciente se encontraba en poder admirar a Joaquín de Luz y Gonzalo García en “Concierto DSCH”, tal y como estrenaron el papel en el New York City Ballet, en esta segunda función la intriga se situaba en el papel de “Apollo”, bailado por Sergio Bernal, quien es uno de los mejores bailarines de danza española en la actualidad, y que recientemente dejó las filas del Ballet Nacional de España, en las que era primer bailarín, para emprender su aventura en solitario.


Entonces se plantea una interesante cuestión: ¿Puede un intérprete de danza ser tan completo que no se le resista nada y ser capaz de transitar del español al ballet clásico? Depende de lo que se pretenda. Es comparable a lo que sucedería si a un magnífico tenor se le diera un papel de barítono. Su registro es diferente, pero como es excelente, podrá acometerlo, aunque jamás cautivará. Para emocionar al público, un artista no debe vulnerar su propio destino.


El equilibrio de las tres piezas del programa también estaba marcado por la similar duración de sus tiempos. Todo fue muy meditado, imaginamos a Joaquín de Luz concibiendo, a lo largo de la extensa carrera del que es uno de los mejores bailarines del mundo, lo que iba a hacer si su sueño de dirigir la Compañía Nacional del país que le vio nacer, se cumplía. Responde, por tanto, a un plan que no deja nada al azar, con un elenco que va consolidándose y preparándose para su despegue internacional. Una gran carta de presentación para un nuevo rumbo que se presagia exitoso.


MERCEDES ALBI


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