Los recuerdos de Carlos Vilán: Antonio El Bailarín (I)


En Buenos Aires, cuando yo era niño, había oído hablar de Antonio Ruíz Soler vagamente, como una evocación de sueños sobre un mundo lejano -no había los medios de difusión que existen actualmente, ni siquiera imaginábamos que algún día podría existir YouTube-. Yo disfrutaba con las películas de Carlos Saura “Bodas de Sangre” y “Carmen” por lo que Antonio Gades me era más familiar.


Sin embargo, recuerdo que mi maestra María Luisa Pericet me decía que yo tenía un aire a ese genial “desconocido”, no sé si por la fuerza y rapidez que tenía, o esos brazos que venían de la misma escuela, ya que Antonio había estudiado en Sevilla con su padre. Su hermano Ángel me contaba que Antonio era un niño de aquellos que rompían moldes y un poquito a su aire... Y otras anécdotas sobre cuando ellos eran pequeños que me narraba con esa guasa sevillana que tiene tanto arte.


Unos tiempos en los que el niño Antonio comenzaba a bailar para poder llevar algo de dinero a su necesitada familia.


Y a su madre, por la que siempre sintió adoración.


Ya una vez vine a España, Paco Romero, mi primer maestro en Madrid, me hablaba de Antonio a quien consideraba su referencia y su espejo. Esto le hizo dibujar sus mismos trazos en “Asturias” de Albeniz y el “Zapateado” de Sarasate, unas piezas que yo también bailaría muchos años después.


Cuando en el Ballet de María Rosa, a finales de 1986, se nos anunció que el gran Antonio venía a dirigirnos, se armo un gran revuelo. Alguna bailarina que había estado en su compañía nos previno sobre él, nos contó que era durísimo y de un carácter tremendamente fuerte, rozando la crueldad. Pero nunca me dejé, ni me dejo llevar por lo que dicen... Allá las leyendas y sanbenitos que te los cuelgan con mucha facilidad y con poca razón... Entoncés, le conocí, apareció ese pequeño GRAN HOMBRE. Vino a ver un ensayo en el estudio de María Rosa. Yo le bailé el Benamor de Betty, y ya allí, con un respeto increíble, me preguntó donde había estudiado y diciéndole que venía de los Pericet, acusó con gran alegría mi forma de escuela sevillana al bailar y a la cual él había pertenecido.



He de decir que jamás tuve ni una riña, ni una impertitencia, ni una mala palabra de esas que me habían contado que pronunciaba, sino que absolutamente maravillado sentí que tenía enfrente al GENIO DE LA DANZA ESPAÑOLA EN AQUELLA EDAD DE ORO.


Su estudio en calle COSLADA 7 bis

Entrar por primera vez en su estudio fue como entrar en una Catedral, hoy por suerte recuperado por Carmen Roche.


Dos fotos inmensas suyas presidían la entrada, había obras de incalculable valor histórico dándote la bienvenida, y a la izquierda, el gran salón con sillones y cuadros inmensos de Antonio con su perra bóxer, el gran gobelino, regalo de Cayetana de Alba, y ese gran telón de boca pintado del Teatro de la Comedia, que adornaba el escenario.


Su sobrino Paco Ruíz, que era su secretario y su sombra, salía a recibirnos y de repente, ese SER INCONMENSURABLE, aparecía con una enorme sonrisa abriendo sus inmensos brazos, que le llegaban casi a las rodillas, con un gorro turco, unas botas altas, jersey de cachemir puro sobre su piel y un poncho auténtico de vicuña argentina, y me decía: “CAJLITOOO, ESTO VA EN TU HONOR”.

Realmente, agradecí tal recibimiento. En ese tiempo hay que pensar que Antonio había sido cesado por María de Ávila del BNE, y no pasaba por sus mejores momentos, y fue por el mérito de María Rosa que lo volvió a colocar en la brecha irradiando luz.


Antonio amaba Buenos Aires, ya que ahí fue el primer lugar donde emigró en plena guerra civil y donde Carmen Amaya lo había incorporado a su compañía junto con su pareja Rosario, como los Chavalillos Sevillanos, pasaporte a Hollywood para las películas que filmó.


También me contó de anécdotas con Ava Gardner en el Gran Hotel Alvear, que ella enojada porque él llegaba tarde a su presentación en el teatro de la Ópera, estuvo llamada al orden por los conserjes del Alvear, pues quería tirar los muebles de la suite por la ventana....jajajaja, son tantas anécdotas las que me contó que es para escribir memorias.


Era un Sir, también Vivien Leigh, Walt Disney, (foto sup.) y otras y algún príncipe europeo suspiraron por él, era guapísimo y con un don tan inmenso y enigmático que levantaba grandes pasiones en su juventud.

Cuando le mirabas a los ojos, tenía el mismo misterio de Lola Flores en su mirada, aparte de ese arte único e inimitable. De Antonio había mucho que aprender, aparte de los pasos.


Cuando te mostraba los recortes y recuerdos de todo el mundo, incluida una escultura de su pie cuya réplica se conserva en el Teatro de Scala De Milán, o el gorro que Juan XVIII le regaló que tenía en una urna acristalada en ese museo colindante a su oficina del primer piso, era alucinante.

Libros y más libros exquisitamente encuadernados en cuero guardaban, fotos, recortes, criticas, y las paredes con los afiches de sus presentaciones las vestían. Fotos dedicadas y enmarcadas en plata de su gran amigo Nureyev, Fonteyn, Víctor Ullate y tres años después pase a esa lista con una foto mía que me pidió con una pose de El cuando fui contratado para la Gala de Estrellas. Un gran honor!


Pues nada, ahí empezamos el montaje del Allegro de Concierto de Granados, Paso a Cuatro, Almería y su Rocío. Me nombró primer bailarín de María Rosa y repetidor de la compañía. Cada paso, cada movimiento absorbí de El, tenía al MAESTRO POR EXCELENCIA poniéndome todos los pasos de su repertorio para mí y todo el ballet. Los bailarines y la misma María Rosa se reían pues desde su balcón en voz alta decía....CAJLITOOOO, DONDE ESTAS QUE NO TE VEO....! Y yo estaba enseñando pasos, dale que te pego con el ballet, de arriba para abajo, iba como los locos y hasta debía adivinar zapateados que desde el Balcón de su oficina del primer piso me hacia....TE HAS ENTERAO....? cualquiera le decía que no....se lo hacia y decía ...ESO ESO ESO, PONLO! Desde allí le gustaba ver los dibujos de sus coreografías con bailarines que habían estado en su compañía, como Carmen Rojas, Mary Luz Galicia y tantos otros que invitaba. Había felizmente resucitado!


Ya a media tarde bajaba con su agüita a la mesa central frente al escenario para vernos, CUÁNTO IMPONÍA, y cuando se subía al escenario ya a montar con sus castañuelas....era estar contemplando la HISTORIA VIVA DE LA DANZA, ESE BRACEO QUE LLEGABA AL CIELO Y SOBRE TODO ESA IDIOSINCRACIA, GENIO Y ESTILO ÚNICOS QUE LLEVABAN OLOR DE NARANJOS, ESOS ESTILOS QUE HOY SE HAN PERDIDO POR QUERER HACER MAS QUE NADIE O CULPA DE LA GLOBALIZACIÓN, SUPONGO....


(continuará)

CARLOS VILÁN

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