Vera Karalli: una pionera del cine de danza

24/02/2018

 

Vera Alexeyevna Karalli (1889-1972) nació en Moscú en una época de efervescencia artística que se inicia cuando el gran Stanislavsky -cuyo método para la enseñanza de actores sigue vigente- crea El Teatro del Arte.

 

 

Todas las influencias confluyen en Moscú, y la línea oficial del Teatro Bolshoi recibe el impacto de los artistas de la vanguardia teatral, así como de los "vientos del norte" procedentes del ballet de San Petersburgo. Isadora Duncan visita Rusia y Fokine, impactado por un sentimiento nuevo de libertad, crea para Pavlova "La muerte del cisne".

 

Vera Karalli es un producto moscovita y su danza hereda unas grandes dotes actorales con las hace suyo el papel más emblemático de Pavlova. Las élites artística de Moscú y San Petersburgo rivalizan y discuten cual de las dos, si Karalli o Pavlova, interpreta mejor "La muerte del cisne". Pero es Vera Karalli la primera en llevarlo al cine en el año 1916:

 

 

Y es es que la bailarina Vera Karalli fue pionera en el cine de danza. Podemos admirarla en unas filmaciones tan fascinantes como la película muda "Crisantemos" de 1914, una joya que nos permite conocer como eran las representaciones balletísticas en los teatros de principios del siglo XX y como ha evolucionado el estilo, que potenciaba ante todo la expresividad del bailarín con una técnica que estaba muy alejada del virtuosismo exigido en la actualidad a una estrella del ballet.

 

Vera Karalli en Crisantemos hace el papel de una bailarina que es víctima de un seductor. La actriz-bailarina interpreta en la filmación 2 escenas de danza: una de ballet, y otra que es claramente a la manera de Isadora Duncan, un ejemplo palpable de la profunda influencia que su visita causó en Rusia.  Podemos ver la película completa a continuación.

 

 

Diaghilev escogió a Vera Karalli para participar en el primera temporada de los Ballet Rusos, en el año 1909, y el mismo la describe como "poseedora de un rostro inolvidable, aunque muy lejos de la perfección de sus rasgos..."; y el periodista Burssels la dice de ella cuando ensaya su papel estelar en "El pabellón de Armida": "esa muchacha morena y esbelta con ojos de almendra y tez de marfil, que evoca sueños del magnífico oriente, es Vera Karalli de Moscú".

 

 

Pero la apasionada Vera, se fuga con un tenor, y deja plantada a la compañía en plena temporada, siendo sustituida por la joven Tamara Karsávina.

 

Curiosamente, existe una foto antigua del ballet "La hija del faraón" donde el padre de Tamara, Platón Karsavin, aparece de protagonista con Vera Karalli (1890).

 

 

Pero Vera Karalli formó parte de un episodio histórico que marcaría su vida. La bailarina sirvió de cebo para que Rasputín, la noche del 29 de diciembre de 1916, acudiera al palacio del Príncipe Yusupov donde sería asesinado, con la colaboración del Duque Dimitri, sobrino del zar y amante de la bailarina. Y aunque ninguno de estos nobles caballeros desvelaron la identidad de las dos damas presentes durante el oscuro episodio, en el atestado policial se señala claramente su participación. Dos meses más tarde estallaría la revolución, y Vera Karalli se uniría al numeroso grupo de bailarines rusos en el exilio, que desprovistos del calor de su público y de su fama, fueron como fantasmas de un mundo que desapareció para siempre.

 

Falleció en Austria en 1972, siendo su último destino profesional el de maestra de ballet de la Ópera de Viena.

 

 

Me gusta verla bailar su "Muerte del cisne", y contemplar ese rostro al que la cámara amaba. Ella poseía el don de llenar la pantalla con su expresión, con su magnética y rara belleza.

 

Cuantas historias se llevó a la tumba, cuantos secretos quedaron sin conocerse, sin que un biógrafo fidedigno desvelase los misterios que albergaba su mirada...

 

 MERCEDES ALBI
 

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