"Juana y los caldereros" un ballet inédito del Maestro Joaquín Rodrigo



Este año 2019 que se termina hemos conmemorado el 20 aniversario de la muerte de Joaquín Rodrígo. La interesante exposición celebrada en la Biblioteca Nacional es solo una pequeña punta de iceberg de la maravillosa labor realizada por la Fundación Victoria y Joaquín Rodrígo, presidida por Cecilia Rodrigo a la que entrevistamos allí junto con la pianista Ana Benavides (acceso entrevista)


Somos conscientes de la gran labor desempeñada por la Fundación Joaquín y Victoria Rodrigo. Y si incomensurable sería resumir y condensar todo lo que aportaron tanto el maestro como su esposa Victoria Camhi, la Fundación conserva tantos tesoros que sería por mi parte injusto no mostrarles mi agradecimiento pues gracias a Cecilia encontré los documentos de Lolita de Pedroso, un material totalmente inédito que fue el embrión de mi libro "Dolores de Pedroso y la Quica: dos mujeres unidas por la danza", editado por Cumbres.


Pero en la Fundación hay muchos tesoros escondidos, y para la danza española el mayor de todos es el ballet “Juana y los Caldereros” una joya preservada en el arcón del tiempo, pues nunca se ha estrenado, nunca ha visto la luz… La partitura está inédita, tuve el placer de escucharla interpretada en la sede de la Fundación por Ana Benavides. Fue un momento inolvidable. 


Victoria y Joaquín Rodrígo

Lo más curioso fue tratar de averiguar el motivo que llevó a Joaquín y Victoria a crear este ballet, pues el libreto fue escrito por la esposa del compositor, la poetisa-pianista turca de origen sefardí Victoria Camhi.

El ballet, que tiene una duración de unos veinte minutos y cuyo libreto se basa en un sainete de Don Ramón de la Cruz, se encuadra dentro del género de los “bailetes”  –piezas danzadas con argumento que se representaban para aderezar las obras de teatro barroco-. Fue el compositor Joaquín Nin Castellanos quien tuvo la intención de rescatar dicho género, difundiendo  su “plan” entre los artistas de la colonia española en el París de los años veinte. Tanto Manuel de Falla como Joaquín Turina se hicieron eco de esta feliz idea cuyo motor principal fue la primera compañía de ballet español, la de Antonia Mercé, la Argentina.


Antonia Mercé en 1930


Fue en 1925 cuando,  gracias a la mediación de Joaquín Nin Castellanos, Manuel de Falla accede a estrenar “El Amor Brujo” en París por la compañía Ballets Espagnols de Antonia Mercé. El gran éxito obtenido hace que se acometa una segunda producción de la compañía,  “El Fandango del Cándil”, basado en una sainete de Don Ramón de la Cruz.


En la historia del arte la casualidad no existe, sino que cada obra es el fruto de un lento y profundo proceso de aprendizaje y maduración, que posibilita la asimilación de las influencias que los maestros brindan a las nuevas generaciones de discípulos. Los jóvenes Victoria y Joaquín, que vivieron con la ilusión y las dificultades del momento histórico aquellos años en París, cuando frecuentaban los mismos círculos y donde asistieron a los espectáculos de Antonia Mercé compartieron, sin conocerse todavía, la efervescencia cultural que emanaba de la colonia de artistas españoles.


 Joaquín Nin Castellanos


Manuel de Falla fue en aquellos años el mentor de Joaquín Rodrigo,  estudiante de la École Normale de Musique de Paris; y Joaquín Turina, que dedica su obra titulada “Bailetes” a Joaquín Nin Castellanos, influye directamente en un estilo compositivo rebosante  de aires andaluces y cuyos títulos evocan de forma incuestionable esta influencia (Concierto Andaluz, Sones en la Giralda …).


“Juana y los Caldereros” es un bailete, un homenaje de Victoria y Joaquín a los años de su juventud, donde se forjaron como artistas.  Así, este ballet  contiene y condensa  todos los elementos definitorios de la música y la danza andaluzas, que  hacen  del arte español un fenómeno universal.


Joaquín y Victoria Rodrígo


Joaquín Rodrigo nos dejó hace veinte años, su esposa marchó un poco antes. Opinaba el maestro, siguiendo el pensamiento de San Agustín, que las almas de los hombres se transformaban con la muerte en "sonidos en el paraíso". Y aunque Victoria y Joaquín ya no estén nos proporcionan con sus creaciones un deleite que nos eleva más allá, pues los genios dejan en su paso por el mundo chispas de eternidad. 


MERCEDES ALBI

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