Entrevista a Carmen Iglesias. Danza y arte


Carmen Iglesias es una bailarina de español que sobre escena siempre destaca por su gran elegancia, la misma que luce en la vida.


Despertaron mi atención sus recientes fotografías y el teaser de “Ay! Viñetas de Lorca”, estrenado la pasada Navidad en Berna, un espectáculo con el que la compañía suiza Flamencos en Route conmemora su 35º aniversario.

En el teaser -que es excepcional como suelen ser los trabajos de Manuel Toro- Carmen aparece, junto con Eduardo Leal, paseando su una bata de cola negra con la majestad de una diosa viuda.

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Dos cortinas de cabello negro enmarcan la blancura de rostro y armonizan con el color de sus ojos. Carmen no es una mujer de contrastes bruscos. Es sensible y delicada, el ritmo pausado de sus respuestas te va envolviendo. Es una artista cuya capacidad creadora va más allá, pinta y esculpe maravillosas piezas que ilustran esta entrevista. Sabe observar el mundo bajo un prisma creativo e innovador muy interesante.



-¿Cómo llegaste a la danza?


-Soy la pequeña de tres hermanas. A mi hermana mediana la apuntaron a clases de ballet y como yo siempre quería hacer lo mismo que ella, pedí a mis padres que me apuntaran a mi también.


¡En la vida se me olvidará mi primera clase de ballet!



-¿Qué recuerdas?


-Todo, recuerdo perfectamente el olor de la madera de la barra, de la piel de las zapatillas nuevas, mi maillot y mis leotardos rosas... Tengo grabado en mi mente el primer momento en que me agarré a una barra y observaba atónita los pies descalzos de la profesora que me mostraba los ejercicios a realizar...


Aquél mundo me atrapó. Y ya no pude escapar: esa magia y esa emoción que sentía al bailar y al ponerme delante del público, los ensayos y la preparación de los festivales... Con sólo seis años, ya tenía clarísimo que quería ser bailarina sí o sí.



-Sin embargo, te especializas en danza española, ¿Por qué?


-En principio a mí me tiraba más el ballet clásico, pero mi maestra, muy sabiamente, por mis condiciones físicas me animó y guió mis pasos hacia la danza española y el flamenco.


Fíjate que por aquella época, Tamara Rojo era mi mejor amiga. Estábamos en la misma clase en el cole e íbamos juntas a las clases de baile, y mi maestra nos llamaba "mi flamenca" a mí y "mi clásica" a Tamara, ¡Qué vueltas da la vida!


Mira aquí tengo una foto de nosotras en un festival del colegio.



-¿Cuál fue el obstáculo más duro que encontraste para seguir tu vocación de bailarina?


-La lucha con mis padres. Ellos no eran partidarios de que me dedicara al baile profesionalmente y me obligaron a estudiar una carrera universitaria (de lo cual hoy día me siento tremendamente agradecida). Recuerdo estos años como los más duros de mi vida ya que estudiaba por las mañanas en la Facultad de Bellas Artes y por las tardes iba a la academia, y entre horas trabajaba en colegios dando clases extra escolares para pagar mis propias clases de danza.


Lo logré, y fue durísimo. Entonces les dije a mis padres: "cumplí con lo que me pedisteis, ahora ya no me podéis impedir que luche por mi sueño". Y así fue como me convertí en bailarina...



-Cuéntame recuerdos de las compañías con las que has trabajado.


-Una de las primeras compañías con las que trabajé fue el Ballet de Rafael Aguilar. Recorrimos casi todos los teatros de ópera de Alemania que se llenaban una y otra vez año tras año. Fueron años maravillosos y éramos como una gran familia. Tuve la oportunidad de bailar grandes coreografías como Carmen y Rango y pude conocer personalmente a Manuela Aguilar.

De la compañía de José Greco guardo también muy buenos recuerdos. Viajamos por todos los Estados Unidos.


-¿Qué tal fue trabajar con José Greco?


-Toda una experiencia. Ese hombre con ese talentazo brutal, que se transformaba en el escenario de una manera increíble... También conocí allí a María Juncal que bailaba como solista y de la que aprendí muchísimo.


Es una gran lástima que éste tipo de giras hoy en día ya no se pueden hacer, y ni siquiera existen las compañías.



-Veo que no has parado...


-He tenido mucha suerte. Luego estaba la compañía de La Tati, la primera que confió en mí para un papel principal. Hice de Adela en La casa de Bernarda Alba y fuimos al Festival de Jérez. Además, parte de la coreografía la montó Manuel Liñán, que por aquella época era un chaval que acababa de llegar a Madrid. Guardo un precioso recuerdo de su montaje. Fuimos nominadas a los premios Max.


-¿Cuál es el papel que más has disfrutado?


-Son muchos. Ahora me viene a la mente una soleá preciosa que bailaba con Nani Paños, María Juncal y David Romero. Fue en la compañía Pura Pasión de Cristóbal Reyes. No puedo decirte que es lo que más me ha gustado. Todo me ha enriquecido.



-¿Has estado en la Compañía de Joaquín Cortes?


-Sí y también aprendía muchísimo El nivel de exigencia era tan grande que aprendes a hacerte de hierro... Lo más bonito de aquella compañía era que los 20 bailarines que la formábamos estábamos muy unidos y nos apoyábamos.



-¿Y con Rafael Amargo?


-Fue una época bonita. Ahí tuve la gran oportunidad de trabajar con Rubén Olmo como coreógrafo invitado y verlo bailar cada noche era un espectáculo.


Una de las experiencias más bonitas fue cuando Amargo me otorgó el papel principal de Candela en El amor brujo, que años antes había sido interpretado por Olga Pericet. Me empapé los vídeos de Olga hasta la saciedad pero realmente me lo tuve que trabajar sola. Fue una gran oportunidad pero eché en falta trabajo con el coreógrafo.


-Pero... ¿Con quién no has trabajado?


-Es verdad, he estado en bastantes compañías (ríe). De todas en general guardo muy buenos recuerdos. Lo que más me gusta es ir reencontrándome en el camino con compañeros, que pasado el tiempo se han hecho grandes, pero siguen conservando la misma naturalidad y compañerismo contigo, aunque para serte sincera... eso no pasa con todos.


-Actualmente, estás casi más tiempo en Suiza que en España. ¿Desde cuándo bailas con Flamencos en Route?


-Sí, prácticamente estoy más tiempo allí que aquí. Es algo muy estimulante. Acabo de cumplir 10 años con los Flamencos en Route. Me considero afortunada de pertenecer a ella ya que no existen muchas compañías privadas en el mundo que tengan tanto flujo de trabajo con ese nivel.


Pienso que es muy admirable la labor de Brigitta Merki ya que en este año 2020 se cumplirá el 35 aniversario de la compañía. Últimamente está contando con la colaboración de jóvenes coreógrafos, lo cual me parece muy inteligente por su parte y muy motivador para nosotros los bailarines. Hemos tenido un gran éxito con "Ay!! Viñetas de Lorca" que hemos estrenado esta Navidad en Berna.



-¿Qué jóvenes coreógrafos han participado?


-Pues, Eduardo Leal, con quien me ha hecho mucha ilusión volver a bailar ya que nos conocimos hace años en la Compañía de Joaquín Cortés y luego seguimos juntos con Rafael Amargo. Ha sido un precioso reencuentro tenerlo ahora como compañero de baile y coreógrafo, y además con él te sientes como si nunca hubiera pasado el tiempo; y con David Coria que ha creado un solo precioso para mí.



-¿Disfrutas bailando el solo hecho por David?


-Es un reto porque David es un coreógrafo muy exigente. El resultado ha sido maravilloso ya que ha sido una coreografía hecha totalmente a mi medida con la que me siento cómoda en todo momento. Ha conseguido que me sienta yo misma al cien por cien.


-Por cierto, me encantan tus esculturas y tus cuadros.


-Es algo que solo puedo hacer cuando tengo tiempo, y no tengo suficiente porque siempre, afortunadamente, estoy trabajando, pero algún día lo retomaré.



-¿Es la danza la que te inspira las obras?


-No podían ser otra cosa más que movimientos de baile. He tratado con ellas de sintetizar la esencia del movimiento. Hace unos 5 años hice unas esculturas por encargo de la bailaora “La Truco”, como trofeos para unos premios que otorgaba al final de unos cursillos que organizaba. Fue una experiencia super bonita.


También empecé la especialidad de pintura y en mis cuadros represento aquello que yo me imagino en mi cabeza cuando escucho música, lo traslado al movimiento en mi cabeza, como haciendo un primer boceto o improvisación super virgen, previa a una posible coreografía imaginada.


-¿Eres feliz?


-Me considero una gran afortunada por haber sido capaz de alcanzar el que era mi gran sueño desde niña, y hasta el día de hoy, y con 45 años, poder seguir ganándome la vida haciendo lo que amo.


MERCEDES ALBI

Fotografías de "Ay! Viñetas de Lorca" por Alex Spichale

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