Entrevista a Gonzalo Zaragoza, Jefe de estudios del Conservatorio Superior María de Ávila


El verano toca a su fin, y a modo de despedida nos aguardaba una sorpresa, encontrarnos con Gonzalo Zaragoza en el pintoresco puerto de Malpica, pues ha venido a Coruña a impartir un curso de verano en la Escuela de Danza Druida.


Gonzalo es Jefe de estudios del Conservatorio Superior de Danza María de Ávila, donde imparte la asignatura de Metodología y Didáctica para la enseñanza.


Conversamos y no puedo dejar de sentir su preocupación por las circunstancias actuales, en las que lo inesperado se ha adueñado de todos. Estamos en un puerto después de la convulsión, como si fuésemos náufragos de un tsunami y hasta allí nos hubiera arrastrado la marea.


Pero lo que se ha desubicado va tratando poco a poco de asentar su orden para afrontar un nuevo “curso” complicado.


Gonzalo nos transmite esa férrea voluntad, asentada en la sensibilidad de su carácter, que le impulsa a seguir siempre adelante guiado por su lúcida inteligencia y su gran amor a la danza.


Fotografía: Armando Rivas


-¿Cómo fue la crisis del COVID en el conservatorio?


-Nos cogió por sorpresa, como a todo el mundo, ya que a finales de febrero era como si no pasara nada y se quitaba importancia a la pandemia, y de repente, nos encontramos con el cierre de los centros.


-¿Ha sido complicado?


-Sí. Hemos tratado de evolucionar encontrando todo tipo de soluciones y hacer lo posible para suplir la carencia de enseñanza presencial, que reconozco es insustituible. Con el confinamiento la enseñanza de la danza se enfrentó a problemas adicionales respecto con otras disciplinas.


Pero a pesar de todo, soy consciente de en el ámbito público somos unos privilegiados, lo cual no me exime de la gran preocupación que sentí y siento por todos, por las escuelas privadas, las compañías, los artistas, los jóvenes que empezaban sus carreras, el público...


-¿Qué te preocupa?


-Me preocupa la danza como tal. Yo soy una persona muy práctica y quizás por mi cargo trato de no cerrarme en mí o en mi asignatura y tiendo a mirar más allá. No somos un compartimento aislado sino que hay que considerar todo el círculo.


-¿Qué círculo?


-Verás, por ejemplo, piensa lo que conlleva el cierre de los teatros. Es un gravísimo problema que se añade a la mala situación que atraviesa la danza ya de por sí. Me refiero a que es un círculo que nos relaciona a todos, porque si no hay teatros el público desaparece, y de este y de la difusión surge el alumno, el futuro bailarín... Si se quiebra una parte, la rueda no gira y se para y deja de funcionar.



-¿Qué solución propondrías?


-Es necesaria la unión del sector, olvidar las rivalidades, luchar juntos porque lo fundamental es que los espectáculos sigan, aunque sea viéndolos desde casa pagando una entrada, tienen que continuar, es el engranaje que acciona la supervivencia de todos.


-¿Las rivalidades lastran a la danza?


-Me atrevo a hacer una crítica al sector y reconozco de entrada que soy yo quien el que primero debe aplicársela, pues es muy necesaria en este momento: miramos demasiado al de al lado, que si hace esto o aquello, que si tiene más nivel que yo o menos... y el enfrentamiento nos hace perder la fuerza.


Estamos demasiado encerrados en cada uno de nosotros. Tenemos que mirar más allá. Si no somos conscientes de que formamos parte de una globalidad, la crisis se nos puede llevar a todos por delante.


-¿En qué consiste la asignatura que impartes de Metodología de la Danza?


-Tratamos de enseñarles a enseñar, que aprendan como se enseña la danza. La Metodología y Didáctica de Danza es como da al alumno un “libro de instrucciones” que luego ellos tendrán que poner en práctica con sus futuros alumnos.


Es complejo y fascinante a la vez, porque se tiene que adaptar a las concretas circunstancias del grado de madurez del alumnado. Implica a su vez mucha reflexión, lo cual es muy positivo. Desde que Virginia Valero me propuso impartirla reconozco que profundizar en la metodología me ha hecho mejorar como profesor de técnica.


-¿Está la danza por encima de la técnica o no?


-Es la cuestión difícil, danza y técnica van unidas porque la danza es la unión de técnica/movimiento/expresión. El dominio técnico posibilita llegar a ser mejor intérprete, pero la Danza es mucho más que un ejercicio físico. Un exceso de técnica mal entendida nos puede llevar ser meros ejecutores de movimientos, sin transmisión, sin respiración, sin sensación, en definitiva sin expresión...


-¿Cuándo y por qué empezaste a bailar?


-Empecé a bailar... No me gusta mucho contarlo porque parece como de película, aunque fue así. Te lo cuento.


Una noche en TVE2 vi a Margot Fonteyn con Nureyev bailando “Romeo y Julieta”, y les dije a mis padres: “eso es lo que quiero hacer”.


Mi madre lo entendió, y mi padre, no entendió nada (ríe).


-¿Dónde aprendiste?


-Me llevaron al estudio de Luis Fuentes, que en ese momento iba y venía de Estados Unidos, y también estaba con él Africa Morris. Ese fue el comienzo.


-Dame datos sobre tus compañeros de estudio para ubicarte temporalmente.


-En ese momento que yo entré, de allí salían, por ejemplo, Raul Tino, Ricardo Franco, Felipe Alcoceba... que luego serían parte del primer elenco del primer Ballet Nacional que dirigió Víctor Ullate. Luego, me sigo formando con Carmen Roche, que es la que realmente me ha configurado en mi estilo junto con Lola de Ávila. Y hay una persona que me me ha enseñado mucho: Ana Baselga, que también provenía de la Escuela de María de Ávila. Digamos que he estado siempre con profesores del mismo ámbito.


-¿Has bailado en escena?


-Sí. Y muy joven. Solo tenía 17 años cuando entré en el Ballet de Montecarlo, tuve un bajón muy fuerte que me hizo parar 2 años, y luego entré en el London City Ballet.


-¿Por qué detuviste tu carrera?


-Yo era casi un niño cuando entré en el Ballet de Montecarlo. Y hay veces que el grado técnico no va parejo con la madurez anímica. Me encontré de repente lejos de mi entorno, en un mundo desconocido, en una compañía de 70 bailarines... Me sentí sobrepasado. Cogí una depresión que me hizo engordar once kilos novecientos gramos.


-¿Te hundiste?


-Sí, y remonté y entré en el London City Ballet, que era una compañía formada en su mayoría con excomponentes del Royal y del English. Yo ya era más consciente de la realidad y pude empezar a descubrir mi camino en la danza. Y me di cuenta de una cosa…


-¿De qué?


-De que yo disfrutaba mucho más en el ensayo que en el escenario. Me gustaban las clases, la repetición... Eran los momentos que me hacían más feliz.


Un día Valentina Savina, que entonces era profesora del Ballet Lírico Nacional, me presagió: “Gonzalo, tu serás un buen profesor”. Tenía razón, en la enseñanza descubrí mi vocación.


-¿Te consideras afortunado de haberte dedicado a la docencia?


-Mucho. Me considero afortunado. Primero empecé a enseñar con Carmen Roche, y es un verdadero placer ser profesor en la misma escuela que te has formado, porque tienes la ventaja de que conocer el modo en que se imparte; más adelante, conocí el proyecto de Virginia Valero, quise ser parte y obtuve mi plaza en el conservatorio.


Virginia fue para mí una especie de guía, he aprendido mucho de ella dentro y fuera del aula. Al principio me confió un grupo, estábamos entonces en la calle Soria. Luego, cuando la nombraron directora del Conservatorio Superior, me propuso formar parte de su equipo directivo del que formo parte desde el 2006.


-¿Qué haces aquí en Galicia?


-He venido a Coruña impartir un curso de verano en la Escuela Druida, porque desde hace varios años colaboro con Mercedes Suarez, que cuenta conmigo como profesor invitado, y me encanta ya que me lo paso bomba en las clases.


-¿Por qué?


-Date cuenta que en el Superior son alumnos adultos, y me estimula cambiar y enseñar a gente de otras edades.


-¿Vislumbras el futuro con ellos?


-Ahora vamos a atravesar un tiempo difícil, pero no me cabe duda de que la danza está en ellos y eso nunca puede desaparecer, debemos permanecer abiertos y flexibles para tratar de descubrir lo que haya de positivo en esta situación.


MERCEDES ALBI

Fotografías: Gabriel M. Olivares y Armando Rivas

Fotografías Escuela Druida: M. Suárez

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