"Aion" de la CND, un tiempo que permanece (crítica)

El programa “Aion” estrenado la noche de ayer en el Teatro de la Zarzuela, se compone de 3 piezas emblemáticas que, aunque más de un siglo separa la primera -“Grand pas classique” de Paquita- de las dos siguientes -Kylian (“Petite mort”) y Forsythe (“The second detail”)- cada una es muy característica en su estilo.
Ante todo se aprecia, en este momento de la Compañía Nacional de Danza, un trabajo muy arduo, pues las tres obras son muy exigentes, y la compañía mostró solvencia en todas, aunque la más aplaudida fue “Petite mort”.
Muriel Romero, su actual directora, suele inspirarse en la Grecia clásica para escoger los títulos de los programas. Así, Aion (αἰών) es el dios de la eternidad, de la permanencia, en oposición a Cronos, la otra deidad del tiempo pero del que nos consume. Mientras Aión permanece, Cronos pasa. Por tanto, Aion nos muestra piezas que vencieron al tiempo y no cayeron en el olvido.
Aion nos muestra piezas que vencieron al tiempo y no cayeron en el olvido
El ballet “Paquita” fue estrenado originalmente en la Ópera de París en 1846, con coreografía de Joseph Mazilier y música de Édouard Deldevez. Era el momento de esplendor del ballet romántico. De hecho, Paquita fue nada menos que Carlota Grissi, la bailarina que rivalizó sobre las puntas con la legendaria Marie Taglioni. Pero de aquella versión original no queda nada. El “Grand pas classique” que ha permanecido en los repertorios, es una creación evolucionada del ballet que estrenó Marius Petipa en el Teatro Imperial de San Petersburgo con música de Ludwig Minkus en 1881.
Hay que poner en valor que el “Grand pas classique” es una especie de prueba de fuego para los bailarines. El “balletómano” goza especialmente apreciando esas diferencias de estilo a las que se enfrentan los solistas en sus variaciones. Todos fueron muy aplaudidos aunque cada uno, como todo buen artista, posee personalidades diferentes, y en esta obra no se pueden diluir. Hamin Park, Thomas Giugovaz fueron unos excelentes Paquita y Luicien; el papel de Íñigo, el jefe gitano que también pretende a la protagonista, corrió a cargo de Daniel Lozano, cuya variación denotó una noble precisión de estilo, junto con las solistas Laura Pérez Hierro y Celia Dávila, y el resto de bailarinas del elenco.
Hamin Park, Thomas Giugovaz fueron unos excelentes Paquita y Luicien
Un primer descanso de 20 minutos supuso el salto en el tiempo de más de un siglo para adentrarnos justamente en el año 1991, que fue cuando se estrenaron las otras 2 obras que componen el programa.
“Petite mort” de Kylian hace contener el aliento. El concierto para piano núm. 23 de Mozart tuvo una cadencia musical perfecta con el pianista Gustavo Díaz-Jerez bajo la batuta de Daniel Capps y la ORCAM. Frente a estos tiempos en los que la música clásica se interpreta con excesiva velocidad y parece que la brusquedad se ha puesto de moda, cuando se toca para danza parece que todo se equilibra y retorna a su sensibilidad melódica adecuada.
Cuando se toca para danza parece que todo se equilibra y retorna a su sensibilidad melódica adecuada
Poco se puede decir sobre una obra maestra tan sutil y hermosa como es la “Petite mort” de Kylian, salvo que hay que dejarse llevar. La bailarina Kayoko Everhart lució en pleno esplendor su magnetismo, pero el resto de bailarines hicieron que esta pieza tuviese un encaje perfecto dentro del repertorio de la CND.
Y para terminar, la precisión de “The second detail” de Forsythe en una atmósfera armoniosa de tonalidades grises, con la que se recrea un estilo tan diferente a su contemporáneo, pero que a su vez conduce al espectador hacia universos diferentes que poseen la virtud de arrastrarle a otras realidades.
MERCEDES ALBI


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