De Georges Balanchine a Mr. B. Su historia a través de las mujeres


Era mayo de 1927, la compañía de Ballets Rusos llega en gira desde Marsella a actuar en el Liceo de Barcelona. Es algo que suele suceder en todas las primaveras.


Cuenta Richard Buckle que Diaghilev se enteró de que los bailarines le estaban preparando una fiesta sorpresa cuando regresaran a París, para conmemorar el 20º aniversario de la compañía. Pero él se opuso y dijo:


"Un aniversario es el principio del fin, algo que cierra una carrera. Y yo no estoy dispuesto a abandonar... Deseo seguir siendo siempre joven"

Sin embargo, moriría dos años después, en Venecia.

En mi colección cuento con un programa de aquella función.



La piezas representadas en el Liceo no eran los últimos estrenos de la compañía, sino coreografías de Massine que estaban en su mayoría incorporadas desde hacía tiempo al repertorio, como muestra el programa.

Sin embargo, aunque la muerte está pronta de sorprender a Serge Diaghilev poniendo fin a sus Ballets Rusos, en ellos mismos se contiene el germen del futuro. Basta echar una vistazo a las fotografías de los bailarines que ilustran la página central del programa:

En la esquina inferior izquierda, casi ocultando su rostro con la mano y sin que, a diferencia de los demás pueda identificarse por su vestido el rol que interpreta, figura un joven bailarín llamado Georges Balanchine. Tampoco el programa desvela qué bailó, aunque figura entre los bailarines "primerísimos" de la compañía.

Cuando Diaghilev en 1924 contrató en París a aquellos 4 jóvenes que había escapado de Rusia, Alexandra Danilova, Nicolás Efimov, Georges Balanchine y su primera esposa, Tamara Geva, fueron incorporados a la compañía como bailarines. Si bien, advertido el empresario sobre la capacidad de Balanchine para coreografiar, se le dio la oportunidad de montar los bailables de las Óperas en Montecarlo. Superado el reto, poco a poco fue empezando a estrenar alguna obra como "Pastorale", que data de 1926. En la siguiente fotografía correspondiente a este ballet se encuentran sus dos primeras musas: a un lado Tamara Geva y en el contrario, Alexandra Danilova, quien a pesar de que era su mejor amiga, estaba próxima a sustituirla en el corazón de su esposo.


Tamara Geva, Luvov Tchernicheva, Alicia Nikitina, Alexandra Danilova y Sege Lifar en Pastorale. 1926

¿Era George Balanchin un buen bailarín? El mismo responderá a su biógrafo Taper: "Lo fui, aunque ahora no lo parezca, fui un bailarín maravilloso."


El secretario de Diaghilev, Boris Kochno, comparte esta opinión y escribe: "En los pocos papeles que bailó, Balanchine fue maravilloso" y añade, "le gustaba ser cómico y a veces sobreactuaba".


También Tamara Geva opina sobre la preferencia que él sentía por maquillarse e interpretar papeles que requerían parecerse lo menos posible a cómo era.


Lo más probable es que no bailase en el programa del Liceo, o quizás hiciese papeles acusadamente teatrales, como el corregidor del Sombrero. Ese año sufrió una lesión de rodilla que le fue mal operada, dando al traste con su carrera de bailarín. Esa es la razón por la que en su foto no aparece ataviado para un rol, porque no pudo danzar ninguno significativo.


Pero Georges era un superviviente, una de las características que mantiene a lo largo de su trayectoria es su enorme capacidad de adaptación. Desde que empezó a coreografiar con catorce años la fiesta de fin de curso ("La nuit"), supo buscarse la vida y comenzó diseñar pequeñas piezas con un toque erótico y acrobático, que danzaba con Tamara Geva en los music-halls de San Petersburgo para ganarse el sustento.

Tamara Geva y Geroges Balanchine. "Etude", 1923

La más curiosa característica de aquel que estaba destinado a modificar el rumbo del ballet en el siglo XX, es que en su vida todo se mezcla. Sus creaciones coreográficas dependen absolutamente de los avatares de su vida personal y de su forma de ser.

A Balanchine le encantan las mujeres. Ellas se van sucediendo en su vida y en la escena. Podrían clasificarse sus obras en en períodos diferenciados con el nombre de la mujer que habita en su corazón, su trayectoria profesional toma el rumbo que van marcando sus encadenados amores. Nunca ama a dos al mismo tiempo, pero ellas aparecen y desaparecen de su existencia dejando en cada ballet una huella perenne. Y la de Alexandra Danilova está en la Terpsícore de su "Apolo y las musas".


Serge Lifar y Alexandra Danilova en "Apolo y las musas", 1928

El gran coreógrafo cae rendido ante las bailarinas, siempre bellas, jóvenes y de gran talento en las que se inspira. Robert Gottilieb afirma en su biografía: "Él tuvo relaciones con muchas mujeres que bailaron para él, y varias de sus amantes y amigas lo describen como un hombre enormemente sensual".


A Alexandra Danilova la sucede una niña, Tamara Toumanova, que solo tiene 13 años cuando la descubre en París como alumna de la escuela de Olga Preobrazhenskaya. Será una de las tres famosas "baby ballerinas" del Ballet de Montecarlo para las que crea varios ballets. Balanchine, que tenía entonces 29 años, hubiera deseado casarse con ella, pero su madre, que siempre la acompañaba, se lo impide.


Tamara Toumanova

Lincon Kirstein propuso a Balanchine marchar a los Estados Unidos bajo su mecenazgo con el ambicioso objetivo de fundar la compañía de ballet americano "con bailarines estadounidenses y que no dependiera del repertorio europeo". Aceptó el reto a condición de que primero montasen una escuela para formarlos. Nació en 1934 la School of American Ballet, y coreografió "Serenade" para las 17 alumnas que la componían, emprendiendo una gira por todo el país con gran éxito. El germen del ballet americano comenzaba a echar raíces.

George Balanchine y Vera Zorina

Balanchine caerá rendido ante otra bellísima bailarina que está vez sí se convertirá en su esposa: Vera Zorina, quien entonces se encontraba anímicamente desolada por una relación que había mantenido con Leonide Massine.


Ella será su "Water Nymph" en una secuencia de la película The Gold-wyn Follies, una escena muy interesante nos permite apreciar el proceso entre lo que Balanchine imagina y su plasmación real. Así el mismo describe preso de entusiasmo:


"Será maravilloso, precioso, gran escenario, redondo, con columnas griegas a cada lado; entonces, en el fondo la estatua de un gran caballo blanco. El poeta llega y ve la a la preciosa Ondina salir del agua... cubierta de flores blancas. Ella, lentamente, lentamente sale del agua -estará sexy con las telas húmedas pegadas a su cuerpo-, entonces ella bailará en el agua, y el poeta caerá rendido de amor por ella"


Gracias al milagro del cine podemos al fin admirar la filmación de una coreografía de Balanchine interpretada por la mujer para quien la soñó.



Las piezas que crea para la hermosa Zorina son hechas a su medida y para su lucimiento. Se observa claramente una relación directa entre amor-deseo y coreografía.


Vera Zorina en Polka Circus

Pero Zorina lo deja y se casa con un productor musical con quien tendrá un hijo en menos de un año. Ella le reprocha en sus memorias:


"Ponía a sus mujeres en un pedestal, donde ellas no necesariamente querían estar. Las mujeres no buscan ser idealizadas, porque ello las deshumaniza. Ser amada en exceso puede ser algo opresivo, incluso, sofocante."


Lincon Kirstein regresa de la guerra en 1946 y crearán una compañía que en un principio se denominó Ballet Society. Comenzará para Georges Balanchine una época de gran efervescencia creativa en la que desarrolla las líneas maestras de su estilo. Nacerán títulos como "Los 4 temperamentos" o "Tema y variaciones", un ballet encargo del American Ballet, que tendrá como protagonistas a Alicia Alonso y su pareja de entonces, el bailarín Igor Youskevitch.


A medida que transcurre el tiempo, Balanchine acrecienta cada vez más su grado de exigencia sobre los bailarines. No le gusta que Igor Youskevitch exprese sentimientos, quiere que olvide los tics del bailarín romántico y le corrige incesantemente. La misma Alicia Alonso cuenta como el coreógrafo la exprime hasta alcanzar el límite de sus posibilidades.


Está naciendo Mr. B y dejando atrás aquel joven llamado Georges Balanchine.


(continuará)




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