De Georges Balanchine a Mr. B. Su historia a través de las mujeres (2ª parte)

La recién compañía Ballet Society fue acogida con tan gran éxito que el director financiero del City Center Theater, les ofrece su primera sede estable. A partir de entonces hasta nuestros días será conocida con el nombre de New York City Ballet desde 1948.


Georges Balanchine encuentra su primera musa nacida en Estados Unidos: María Tallchief (1925-2013). Era tan genuinamente americana que su padre era un indio de la etnia de los osage. Su historia parece un cuento fantástico, pues en el terreno de la reserva se encontró petróleo y los indios se hicieron millonarios. La familia pudo costear a sus hijas una refinada educación que incluía clases de ballet con Bronislava Nijinska.


María era solista de los Ballets Rusos de Montecarlo, cuando decide audicionar para el NYCB. Ella será la piedra angular sobre la que Balanchine edificará el repertorio de la nueva compañía. Se casa con ella en 1946.

María Tallchief y Georges Balanchine

Su nueva esposa, veinte años más joven, es el símbolo de la nueva américa que resurge con fuerza después de la II Guerra Mundial, dispuesta a dominar el mundo.


Y es que la energía que despliega la bailarina encanta a Balanchine sobre el escenario, pero no en la vida cotidiana. Al bailarín Robert Weiss, le comentará:


“¿Sabes? Amo a María, gran bailarina, gran mujer, es como un tigre. Estar casado con un tigre es muy excitante, pero después de un cierto tiempo, requiere demasiada energía…”


En el mismo sentido María opinará sobre su matrimonio: “El trabajo era lo prioritario… La pasión y el romanticismo no tenían su espacio en nuestra vida de casados. Ahorrábamos nuestra emoción para la clase de ballet”, incluso llega a confesar que dormían en camas separadas.


María Tallchief en el Pájaro de Fuego

Los nuevos ballets son ideados para ella como figura central, siendo capaz, incluso, de bailar todas las funciones. Además, por intereses financieros la compañía consideró conveniente rescatar títulos que fuesen conocidos para el gran público.


Así, a continuación la podemos admirar bailando un fragmento de la Princesa Encantada de “El Pájaro de Fuego”, muestra clara de la proeza técnica exigida en la que se aprecia el sello definitorio del estilo balanchiniano, seguido de un extracto de "Sylvia".



Se divorcian en 1952. Aunque María continuará en la compañía y su ex-marido seguirá creando roles para ella, pero una jovencísima bailarina ha cautivado su corazón. Tanaquil Leclerq (1929-2000), se convertirá ese mismo año en su cuarta esposa.


Mr. B y Tanaquil Leclerq

Georges Balanchine se ha transformado en el poderoso Mr. B. Se ha consolidado su planteamiento de que los ballets sean de tema abstracto, prefiere no contar nada ni ornamentar nada más allá de lo que es la danza. Los bailarines deben mantener el rostro hierático para expresar únicamente con el movimiento de sus cuerpos, que se torna rápido y audaz. Llama la atención el hecho de esta pretensión de despojar a la coreografías de cualquier atisbo de sentimentalismo se corresponde con la frialdad de su carácter.


Cuenta Ruthana Boris que un día de 1937 estaba Balanchine en la sala de ensayos, cuando Lincon Kirstein entró, le dejó un telegrama encima del piano y se marchó. Balanchine no le prestó ninguna atención hasta que la clase terminó. Entonces abrió el telegrama, que estaba ribeteado en negro, lo leyó y lo dejó abierto sobre el piano. Se marchó, sin decir palabra ni mostrar sentimiento alguno... Ruthana, intrigada, lo leyó: el padre de Balanchine había muerto.


Lincon Kirstein, para justificar su modo de ser, porque a pesar del largo tiempo que colaboraron juntos no llegaron a entablar lazos de amistad, decía que Balanchine "era georgiano como Stalin".


Alexandra Danilova explica cuales son las razones que a su juicio justifican la dureza de su modo de ser:


"Creo, quizás, que no sabía como se debía amar a otro ser humano. Tal vez si él no se hubiera separado tan pronto de su familia, lo habría aprendido... Toda la dureza de los acontecimientos que vivimos durante la revolución rusa le afectaron a él y nos afectaron a todos. En cierto sentido, fuimos como animalillos salvajes. Fuimos obligados a tener que sobrevivir solos, a salir como fuese adelante, y eso nos marcó."


El tiempo va pasando y su poder aumenta, mientras deja atrás su juventud, de lo cual es plenamente consciente. Cada nueva mujer supone un salto de al menos diez años más de diferencia de edad sobre la anterior.


Las niñas formadas en la American Ballet School han crecido y el elenco del NYCB puede nutrirse con sus propias bailarinas. Las exigencias de Mr. B alcanzan una nueva cota, el mismo las crea y las recrea a la manera de un prototipo.


Su última esposa, Tanaquil Leclerc, es un claro exponente de la bailarina tipo balanchiniano: alta, esbelta y de largas piernas, que danza con innata musicalidad.


Aquí la podemos admirar en "Sinfonía concertante"


Balanchine ya no se adapta a las condiciones de su musa elegida, sino que, al transformarse en Mr. B, son ellas las que tienen que esforzase en encajar dentro del canon estético que impone.


Pero un terrible drama está apunto de acontecer. El filósofo Plotino escribió que quien se abraza a un cuerpo hermoso y le entraga su alma, terminará sumergido en la tiniebla de las sombras. Y ese fue el caso de Mr. B.


Tanaquil Leclerc con Corrado Cagli, Vitorio Rietti y Mr. B

Encontrándose el NYCB de gira por Europa, Tanaquil enferma en Copenhague y la ingresan con unos raros síntomas. Los médicos están desconcertados hasta que finalmente emiten el diagnóstico.


Vida Brown, maestra de la compañía, cuenta que una noche, sobre las 5:30 h. alguien tocó a la puerta de su habitación y cuando abrió, allí estaba Balanchine con aspecto cadavérico. "Es Tanny, tiene polio", dijo y se abrazaron llorando.


Tanaquil nunca volverá caminar. Curiosamente, cuando tenía 15 años fue protagonista de ballet benéfico titulado "Resurgence". Ella interpretó a una enferma de polio y el mismo Balanchine, ataviado con una capa negra, simbolizaba la enfermedad. Él consideró que fue un presagio, y aunque en "Resurgence" la muchacha paralítica logra levantarse y andar, en el mundo real no sería así.


Balanchine queda atado a una mujer que no puede andar. Tardará años en poder divorciarse, aunque finalmente lo hará. Aspira a casarse con otra bailarina de sus bailarinas del NYCB, Suzzane Farrell.


Mr. B y Suzzane Farrell

Pero cuando Balanchine regresa de México, donde logró al fin obtener su divorcio, se encuentra con la terrible sorpresa de que Suzzane se ha casado con otro, Paul Mejía, un bailarín de la compañía.


Suzzane Farrell con su esposo, Paul Mejías

Mr. B confersará al periodista Solomon Volkov:


"Es duro tratar con jóvenes bailarinas cuando tú ya no eres joven, cuando has pasado de los cincuenta. Si ellas tienen diecisiete, prefieren ir con sus amigos de diecisiete. Naturalmente, te puedes plantear filosóficamente la cuestión: qué es esto, qué sucede, qué será. Pero ello te consterna, especialmente, si lo que tú no quieres es simplemente causar una impresión agradable, sino que te encuentren atractivo... Si te interesas mucho en ellas, puedes salir muy dañado. El amor es muy importante en la vida del hombre, especialmente hacia el final. Más importante que el arte."


Suzzane terminará marchándose del NYCB debido a que Balanchine impide que su esposo vuelva a bailar en escena, lo que cortará de cuajo el desarrollo de la carrera de la bailarina durante una década. Ella se convertirá en una verdadera obsesión para Mr. B que quiere encontrar una sustituta idéntica. Hubo otras "musas", pero tal vez la única que tuvo el valor de contar abiertamente lo que le ocurrió fue Gelsey Kirkland.



Ella cuenta que a Mr. B solo le importaba su aspecto físico, no lo que sentía; que él consideraba que ella tenía una cabeza desproporcionada para su cuerpo, y que incluso la presionó para hacerse la cirugía estética con el fin de parecerse a Suzzane Farrell... Su testimonio es espeluznante.


Mr. B y sus bailarinas

Mr. B vive rodeado de sus bailarinas, algunas casi niñas, que lo adoran y harán cualquier cosa por complacerle y lograr inspirarle un papel que lance al estrellato.


Toda existencia se compone de luces y sombras, y al modo lunar en Balanchine existe la cara de un hombre elegante que oculta un lado mucho más oscuro. Pero la alta sociedad de NY y la prensa nunca desvelaran lo que era un secreto a voces.



Balanchine se cuida mucho, odia envejecer y es asiduo de todo tipo de tratamientos. Irá a Suiza para hacerse una cura de rejuvenecimiento, consistente en inyecciones de células extraídas de órganos reproductivos animales.


De repente, enferma, deja de poder coordinar sus movimientos. Su deterioro mental es galopante. Es ingresado en el Roosevelt Hospital of pneumonia durante seis meses. Lo más granado del mundo de la danza irá a visitarle: sus ex-mujeres, sus bailarines, Barishnicov le lleva comida de un restaurante georgiano, Nureyev se arrodilla ante su cama...


Fallece el 30 de abril de 1983. La autopsia revela que la causa fue la enfermedad de Creutzfeldt Jakob o encefalopatía espongiforme, tal vez provocada por los tratamientos de rejuvenecimiento que se practicó.


Su testamento también provocó sorpresa para el NYCB, pues no legó a su compañía los derechos de las coreografías, sino que los repartió entre una 13 personas diferenciados por títulos. Aunque el gruesos de los mismos fue repartido entre 3 mujeres: Tanaquil Leclerc -le donó el conjunto más rentable entre el que se encontraban los derechos del ballet más rentable: "Cascanueces"-; Barbara Horgan, su asistente personal -quien confesó que la donación a Tanaquil se debió a que Balanchine siempre se sintió culpable por lo que le sucedió-; y la bailarina alemana Karin von Aroldingen, en cuya familia Mr. B se había sentido acompañado en sus últimos años. Se unieron y crearon la Balanchine Foundation para preservar los derechos y memoria del artista.


Para Karin coreografío "Who cares?", todo un arquetipo de exhibición acrobática de aquellas bailarinas que fueron conocidas como las velocistas del ballet y marcaron toda una época. Un bello recuerdo de unos títulos que constituyen el gran legado imperecedero del más destacado coreógrafo del siglo XX.



MERCEDES ALBI




Todas sus mujeres acudirán a su entierro salvo Vera Zorina.























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