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Entrevista a Javier Latorre a las puertas del estreno del Ballet El Loco


Javier Latorre, Mercedes Albi y Paco López

Desde el Teatro de la Zarzuela, a unos días del estreno del "nuevo" Loco, por el Ballet Nacional de España, me encuentro con sus artífices, el dramaturgo Paco López, autor de tan excelsa idea y de la trama del ballet; y Javier Latorre, su coreógrafo, al que le pregunto los detalles y diferencias con aquella primera versión estrenada en 2004, y la actual, que en unos días veremos en el Teatro de la Zarzuela, entre otras muchas cosas. La curiosidad sobre lo que pronto veremos, nos invade.


El loco es un ballet inspirado en la peripecia artística y existencial del bailaor Félix Fernández “El loco” y su desgarro interior tras seguir hasta Londres a Diaghilev, Massine y los Ballets Russes para estrenar El sombrero de tres picos. Un espectáculo de danza sobre la danza que se convierte en una reflexión sobre el artista y sus demonios.


A Javier se le nota que está atravesando un momento dichoso. Artista de temperamento apasionado, es para quien lo entrevista como quien abre un tesoro lleno de joyas. Siempre tiene cosas interesantes que expresar, y esta característica la tiene en la vida y también cuando baila sobre el escenario. Es abierto y comunicativo, muy honesto, sensible e inteligente a partes iguales.


José Manuel Benítez y Miriam Mendoza en el Loco. Fotografía Merche Burgos

-¿Se necesita tener un punto de locura para ser bailarín?


-Pues un poquito de locura sí que hay que tener. Siempre digo que en este país la cultura es la última prioridad, y dentro de la cultura, la danza es la Cenicienta, la hermana pobre.


-¿Por qué piensas que sucede esto?


-Tal vez sea porque en España hay tanto arte diseminado por aquí y por allí que a los responsables no les preocupa, ya que se reproduce por sí mismo. Pero en las actuales circunstancias y ante la falta de salidas, dedicarse a la danza no tiene lógica sino sentimiento. Tenemos que vivir el día a día, disfrutarlo y no pensar en el futuro.


Ballet El Loco, Fotografía Merche Burgos

-¿Qué sentimientos te produce estar de nuevo en este Teatro de la Zarzuela?


-Hay tres teatros muy especiales para mi: el primero, el Teatro de la Zarzuela; el segundo el Gran Teatro de Córdoba, mi casa, ciudad en la que vivo 34 años, donde estrené mis dos primeras obras, obtenido galardones como el del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, etc...; y el Villamarta de Jérez donde desde hace 27 años, desde el inicio del festival, ininterrumpídamente he presentado numerosas obras y también me siento como en casa.


-¿Por qué citas en primer lugar el Teatro de la Zarzuela?


-Cronológicamente fue el primero. Yo llegué a Madrid con 16 años despues de once años bailando encima de caminones, en salas de fiesta, en bodas bautizos y comuniones... Este fue mi primer teatro. Imagínate lo que sentí al bailar aquí.


Yo era todavía un estudiante en la Escuela del Ballet Nacional cuando bailé con el Ballet del Teatro Lírico de la Zarzuela, con el gran Alberto Lorca y el gran Martín Vargas. También me afloran los recuerdos de las grandes noches artísticas vividas durante los diez años que estuve con el Ballet Nacional.


Siempre que entro por la puerta de artistas, que es por donde me gusta a mi pasar, me invade una sensación como si nunca mue hubiera marchado de aquí y volviera a ser aquel joven lleno de ilusión.

Esther Jurado en El Loco. Fotografía Merche Burgos

-Desde que en 2004 que se estrenó El Loco, hasta ahora que se rescata felizmente esta producción, dieciocho años después ¿Qué habéis cambiado del original?


-Fundamentalmente, los que hemos cambiado hemos sido nosotros. Tanto Paco como yo durante estos años hemos madurado, acumulado experiencias, montado muchas obras cada uno por su lado y juntos también, por lo que nuestra visión en el día de hoy es muy diferente.


Se han acortado escenas (dura unos 10 minutos menos), sustituido músicas, actualizado mucho el lenguaje dancístico; Paco, que es muy exhaustivo y perfeccionista ha pulido en la narrativa cualquier fleco que pudiera distraer de la acción principal, por lo tanto, vais a ver un Loco 2.0 bastante diferente del inicial pero manteniendo todas sus características.

Inma Salomón y Eduardo Martínez en El Loco. Fotografía Merche Burgos

-Desde que se creó el ballet El Loco en 2004, se puso el foco en el personaje histórico olvidado que fue el bailaor, Félix Fernández, al que Diaghilev contrató para su compañía con un mal final para el joven artista que terminó sus días encerrado en un sanatorio mental inglés. Se ha especulado mucho sobre lo que en realidad pasó con él, ¿Cuál es tu opinión?


-Pues yo creo que Diaghilev como buen productor sería un ser implacable, y todo lo que fuera en contra de su negocio y resultado artístico, quedaría a un lado. En ese sentido ante un hombre de estas características y además nacido en Perm, que es la ciudad donde nació mi mujer, pues no me atrevo a hablar mal de él (bromea)... Pero no lo sé realmente, ¿Quién fue Félix en realidad?


Un gran artista seguramente que con las condiciones de redes de hoy en día, hasta hubiera sido famoso.


-Seguro, porque era grandísimo bailaor. Diaghilev “consideraba a Félix el bailarín español más brillante de su tiempo”. Mi opinión es que si el empresario ruso hubiera buscado alguien para dar lecciones a la compañía, habría escogido a un maestro experimentado y no a alguien tan joven. Pienso que lo incorporó a su compañía como alguien que tenía algo valioso que ofrecer.


-Lo cierto es que Félix fue extraído de su ámbito e ignoraba las pautas del "juego de las grandes ligas", por lo que se encontró ante un mundo implacable que no fue capaz de manejar. Sea como fuere, yo dejo atrás las conjeturas históricas y me quedo con el personaje recreado en el ballet: un Félix loco por la danza, un ser soñador que cayó aplastado por el peso del mundo que le rodeaba.


Fran Velasco y José Manuel Benítez en El Loco. Fotografía Merche Burgos

-En el Loco que vamos a ver, hay tres bailarines distintos que lo interpretan: Nino, Eduardo Martínez y Albert Hernández, ¿Cuál te gusta más?


-Los amo a los tres. Han construído tres locos completamente iguales y completamente distintos. Es una de las grandes magias que va a tener este espectáculo, porque ver a los tres locos en acción es muy interesante. Ten en cuenta que ese papel afecta al resto del reparto, se establece una relación diferente de los bailarines con cada uno de los tres locos.


-¿Podrías señalar alguna característica diferenciadora de cada "loco"?


-José Manuel Benítez hace un Loco más infantil, mas indefenso, más fantasioso; Eduardo crea un Loco avieso, interiorizado, tímido y muy a la defensiva; y Albert es directamente un psicópata, si se pudiera ver su expresión de cuando su cabeza hace crack en un plano corto, se transforma totalmente, asusta.

Inma Salomón y Rubén Olmo. Fotografía Merche Burgos

-¿Y sobre las tres "Karsávinas"?


-Miriam Mendoza es perfecta, técnicamente impecable; Inma Salomón es una presencia brutal además de su técnica, evidentemente, se come el escenario; y Dévora construye una Karsávina frágil, adorable e interpretativamente es muy muy buena.


-También hay en 2 repartos en el papel de Massine.


-Tanto Carlos Sánchez como Juan Berlanga desarrollan dos personajes distintos, dentro de ese papel de divo, de estrella del ballet clásico, y tecnicamente están los dos maravillosos. Y he tenido la suerte de tener un Fran Velasco en plenitud, que encaja fenomenal en el papel del maestro originario de Félix, que es el que le atormenta y se le aparece en el manicomio; y Jesús Florencio que hizo el mismo papel de maestro de ballet de los Ballets Rusos...


Ruben Olmo como Diaghilev. Fotografía Merche Burgos

-Es una trasposición con la realidad que Rubén Olmo, el director del Ballet Nacional de España. haga el papel de Diaghilev, ¿Cómo te parece que queda?


-Queda fenomenal. Es un privilegio realmente tenerlo conmigo y ha sido él por quien se ha podido poner todo esto en pie. No tendré vida suficiente para agradecérselo.


MERCEDES ALBI

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