Entrevista a Jean‑Philippe Dury, coreógrafo y director de la EBB
Actualizado: 21 sept

Jean‑Philippe Dury nos invita a ver un ensayo en la sede de la Fundación Antonio Gades .
Nos lo habíamos encontrado hacía unos días en el estreno en España de “Carmen” por la Elephant in the Black Box Dance Company (EBB), que dirige. Fue un ballet pleno y colorista que puso al público del Teatro Paco Rabal en pie. Los solos, dúos y las partes corales se incardinaban con la música en una suerte de exuberancia que estaba completamente alejada de lo superficial. Era una obra que admite cualquier análisis, en el sentido de que si se separasen las partes del todo, cada mínimo detalle era perfecto.
Pensé… ¿Cómo es él? A la vista de sus trabajos era indudable que nos encontrábamos ante una persona muy sensible, tanto que, inicialmente, podría parecer tímido. Pero si se rasca un poco, aparece un artista que lo es en esencia.
En un mundo en el que proliferan tantos que se imaginan coreógrafos sin serlo, estimula encontrarse con quienes verdaderamente lo son.
Y es que Jean-Phillippe casi no se hizo sino que nació, e impulsado por la autenticidad se fue forjando como si las cosas salieran a su encuentro. Jean vive en plena búsqueda.
En 2013 fundó su compañía EBB que, aunque tiene sede en Madrid, es de ámbito internacional, reuniendo artistas diversa procedencia. Actualmente, son además compañía residente en la ciudad francesa de Pau.
Jean‑Philippe tiene a sus espaldas una importante carrera de bailarín desarrollada en instituciones como la Ópera de París, los Ballets de Montecarlo, la Compañía Nacional de Danza y los Grands Ballets Canadiens… Y como coreógrafo, además de producir sus propias piezas para EBB, ha creado ballets para compañías internacionales tan destacadas como el Ballet de la Ópera de Leipzig.
Ama su libertad, y ser él mismo.
Está ensayando una nueva creación con dos bailarinas Yaiza López y Ditte Vandevoort.

-¿Cómo se va a titular esta pieza?

-“Cuerpo legible”.
-¿Qué deseas transmitir con ella?
-Lo que trato de conseguir es crear una pieza que, sencillamente, se parezca a mí. Por eso me he dado el tiempo de julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre para poder presentar una obra que realmente lleve mi sello. Sin ninguna pretensión, simplemente quiero que lo que salga de este proceso será algo que de verdad me represente.
-Me encanta, transmite mucho. En la música de Dido y Eneas de Purcell, y en las canciones de Chavela Vargas se nota una ausencia.
-Puede ser.
-¿Cómo escoges una música?
-Verás, pienso que la música que escuchas y te gusta, y la pones de fondo en tu casa, no tiene nada que ver con la que coreografías.
-¿En qué sentido?
-Pues que la tienes que reflejar en los cuerpos. Con frecuencia una música te gusta pero la ves aquí en la sala de ensayos y no sirve.
Yo, por ejemplo, en este caso, pensaba que las canciones de Chavela Vargas tenían un mensaje demasiado evidente para ser coreografiadas. Pues, no… ya lo has visto. Ellas, Yaiza y Ditte le han dado más alma todavía.

-Estoy conmovida. Me ha impresionado. La pieza transmite una carga de melancolía muy fuerte, cuéntame ¿Cómo llegaste a la danza?
-Yo iba con mi padre a clase de kárate, y miré por una puerta lo que hacían los alumnos en otra actividad que me fascinó: “mira, papá, ¡gimnasia con música! Quiero hacer eso.
-¿No sabías que la danza existía?
-Para nada, en mi familia no hay artistas, solo vi gimnasia con música y pensé que me encantaba, así comencé.
-¿Eres de París?
-Soy de Chantilly, a una hora de París.
-Y ¿te aceptaron en la École de la Opera de París?
-Una vez en la academia no pude aprender más, la profesora aconsejó que me presentase a las pruebas, y me aceptaron.

-Entonces te formaste como bailarín clásico y luego, entraste en el Ballet de la Ópera.
-Te confieso que durante muchos años, para mí no había otro mundo que aquel. Si vuelvo la vista hacia aquella etapa, todo me parece mucho más rígido y solitario que lo que pronto descubriría.
-¿Por qué solitario?
-Es una compañía tan grande, con dos sedes (Palais Garnier y La Bastille) y unos 170 bailarines, que a veces iba en un ascensor con otros y no los conocía, había incluso días que no hablaba con nadie…

-¿Cuáles son tus mejores recuerdos de tus comienzos allí?
-Todo está muy reglado y había mucha competitividad. Vas pasando etapas, entras de “quadrille” (cuerpo de baile inicial), pasas a “coryphée", luego solista...
-¿Hasta dónde llegaste?
-A “coryphée” pero tuve la suerte de hacer muy buenos papeles, porque cuando algún solista se lesionaba, me escogían para sustituirle.

-¿Cuándo te diste cuenta de que en la danza había otros mundos aparte de la Ópera?
-Cuando cogí una excedencia de un año y me fui a bailar en la compañía de los Ballets de Montecarlo. Era totalmente diferente formar parte de una compañía de otra dimensión (40 bailarines). Y cuando regresé a la ¨Ópera” no quise permanecer allí por mucho tiempo.
-¿Cómo terminaste en España?
-Nacho Duato vino a montar “White Darkness”, el solista se lesionó y Nacho quiso que yo hiciera el papel. Entonces, me propuso que me fuera con él a la Compañía Nacional de Danza en España, y me ofrecía un contrato como bailarín principal. Acepté.

-¿Abandonaste la burbuja de la Ópera?
-Sí, también era algo que me aburría mucho, porque al estar todo tan reglado y siendo coryphée me cansaba de bailar los clásicos y hacer una y otra vez lo mismo.
Yo me sentaba en la sala de ensayos y tenía que estar viendo como bailaban los otros. Recuerdo, por ejemplo un día que Pina Bausch, me señaló y preguntó: ¿ese rubio por qué no se mueve?, y le respondieron que porque solo tenía 18 años; y ella ordenó: ¡pues que empiece a moverse!...

-¿Te gustó trabajar con Pina?
-Muchísimo.
-¿Te influenció?
-A decir verdad, la primera crítica que recibí cuando coreografié una pieza fue que se parecía muchísimo al trabajo de Pina Bausch. Pero yo no trataba de imitarla, sino que de forma inconsciente absorbí muchísimo de ella, de sus enseñanzas y modos.
-Dime una característica de ella que te haya impactado.
-Sobre todo la autenticidad y la importancia de no hacer gestos innecesarios o movimientos que no significan nada.
Recuerdo que trabajábamos cosas tan simples como mover un tenedor de un lado a otro, porque para ella el movimiento que nace de tu pensamiento debía ser esencial para poder llegar al público.
Hoy intento concentrarme precisamente en eso. No quiero cosas vacías; tampoco excesos.

-¿No te gustan los virtuosismos?
-Un bailarín no debe dar todo en un escenario, sino que por el contrario hay que saber guardar siempre una parte de si mismo, no para el público sino para él.
-¿Qué vais a hacer próximamente?
-¿Sabes? Somos compañía residente de la ciudad de Pau, en Francia. Allí tienen tres teatros donde bailamos. Y tenemos que irnos allá para preparar la temporada. También en septiembre emprendemos una gira por Francia…
-¿Por qué sois compañía residente en Pau?
-Todo fue a raíz de la pandemia, no podíamos ensayar aquí y conseguí un permiso en Pau para poder hacerlo. Les encantó nuestro trabajo, así que nos ofrecieron nombrarnos compañía residente.

-Te mueves muchísimo y tu actividad se expande casi más por Francia que por España.
-Trato de tender puentes. La EBB Company Junior ha sido muy importante desarrollarla para que los nuevos talentos obtuvieran una proyección. Hace poco hemos sido felicitados por la Comunidad de Madrid por la gestión que hemos efectuado de los fondos europeos.
-Tienes muchas cosas que contar, me gustaría más adelante visitar vuestra sede y que me hablases de esto.
-Cuando quieras.
-¿Cuál es tu sueño?
-Seguir creando.

MERCEDES ALBI
Fotografías Gabriel G. Olivares


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