Entrevista a Jonatan Miró cerrando las puertas del Villa Rosa


Hemos ido al Villa Rosa para hablar con Jonatan Miró, que ha sido el director artístico de este emblemático tablao hasta este momento en que ya no se puede continuar.


Me abre la puerta y mis ojos tienen que acostumbrarse a esa nueva oscuridad que inunda la sala. Las sillas y los taburetes están recogidos sobre las mesas. Sin embargo, la belleza del lugar permanece intacta. Todo parece dormido, como si el hada maléfica de los cuentos lo hubiera hechizado.


Aquí derramaron arte figuras de leyenda: Imperio Argentina, la Niña de los Peines, Miguel de Molina, Juanito Valderrama, Chaquetón, Fosforito, el Estampío, el Habichuela, Antonio Mairena y tantos y tantos otros; y entre sus asiduos se contaban desde Hemingway hasta Alfonso XIII, pasando por Ava Gardner o Luis Miguel Dominguín.


Directores de cine como Fernando Trueba o Pedro Almodóvar rodaron en su interior, decorado en estilo arábigo andaluz, con arcos inspirados en la Alhambra, artesonados y azulejería, obra de los mejores ceramistas madrileños.


Jonatan parece tranquilo, resignado… Tal vez tenga deseos de dejar atrás la pesadilla de los últimos tiempos. La lucha no ha servido, ninguna autoridad política respondió a la llamada de auxilio de un sector que agoniza. Primero fue el Café de Chinitas, luego Casa Patas, ahora el Villa Rosa… ¿Cuántos más?


La sangría continúa y el corazón flamenco de la cuidad muere, se apaga su latido. La penumbra y el silencio del adiós lo invaden todo.



-Jonatan, ¿Es ésto definitivo?¿No hay solución?


-No, ya no hay vuelta atrás. En el caso del Villa Rosa llevamos once meses y pico sin ingresos, asumiendo todos los gastos: alquiler del local, suministros; los trabajadores estuvimos aguantando en un ERE, pero finalmente el empresario que lo regenta se ha visto obligado a tirar la toalla porque se arruinaba.


-¿No habéis recibido ayuda?


-El flamenco ha sido siempre autosuficiente y no hemos necesitado ayuda de nadie, pero ahora que sí la hemos necesitado, no hemos recibido nada de nada.


-¿A quién la solicitasteis?


-Como no respondían a nuestras cartas, fuimos a manifestarnos frente al Ministerio de Cultura, y hasta hicimos allí una pequeña performance donde bailé con Inmaculada Aranda, firmamos un manifiesto y solicitamos una reunión con el ministro… No solo no nos recibieron, sino que ni siquiera nos contestaron.


-¿No habéis podido continuar? Es algo que deja atónito. Un lugar tan hermoso y lleno de arte...


-Se ha hecho todo lo posible. En marzo nos cumplía la renovación del contrato de alquiler del local y mi jefe, Jesús Rodríguez, estaba motivado para tirar “palante” como fuese.


Aquí invirtió mucho dinero para ponerlo en marcha en esta nueva etapa que comenzó en 2011. Pero los gastos nos han comido. No hay salida. La situación es insostenible.


-¿Muchos recuerdos?


-Imagínate. A mí me llamaron para venir a bailar 15 días... Y los días se convirtieron en años.



-¿Cuándo te incorporaste al Villa Rosa?


-Fue hace más de diez años, cuando el local empezó una nueva etapa a partir de que José Rodríguez comenzase a regentarlo. Él quería un colmao, una taberna que conservara las esencias de su pasado flamenco, pero no conocía la estructura de funcionamiento de los tablaos.


Funcionaba tipo caseta de feria, era un local de puertas abiertas. Estaba abarrotado de gente. Así que yo me encargué de estructurarlo y dotarlo de una organización como ha funcionado hasta ahora. Fuimos creciendo en calidad y nivel de actuaciones… Nos habíamos posicionado en un lugar muy importante en el mundo de los tablaos. ¿Recuerdos?… Tengo tantos. Parte de mi vida queda entre estas paredes.



-Pero el Villa Rosa tiene una historia muy antigua, ¿Cuándo se fundó?


-Fue en el año 1911, era una freiduría tipo taberna andaluza. Pero Antonio Chacón, que trabajaba en Los Gabrieles, tuvo una disputa y se vino para aquí. Creó entonces el emblemático Villa Rosa.


-En Barcelona también hubo un Villa Rosa ¿Por qué se llamaban igual? ¿Qué vinculación tenían?


-El de Barcelona lo fundó el guitarrista Miguel Borrull, que pienso, con toda probabilidad, que se inspiró en el de Madrid, porque la arquitectura y la decoración eran también muy similares y lo abrió unos años después de este. Llegó a tener también mucha fama, pero la diferencia era que el de Barcelona sí era café-cantante y en el de Madrid no hubo escenario, sino colmao, se trabajaba en los cuartos privados que hay abajo. Venía gente muy selecta y se hacían fiestas privadas. Lo frecuentaba el rey Alfonso XIII, políticos, aristócratas, gente muy selecta. No podía entrar cualquiera.


He investigado su historia, incluso he tenido el privilegio de conocer algún nonagenario ¡que había frecuentado el local en aquellos tiempos! Recuerdo que Blas Vega me contó que aquí se sabía cuando se entraba pero nunca se sabía cuando se salía… y que existía una especie de pacto de silencio de que todo lo que sucedía entre estos muros, aquí se quedaba.


-Me han contado que tienes una gran colección de objetos relacionados con Carmen Amaya.


-Llevo muchos años coleccionando. Me he ocupado de buscar, investigar y reunir, visitando anticuarios, teatros de Estados Unidos, he recopilado por pura pasión, y no solo de Carmen Amaya, también de Antonio el Bailarín, Antonia Mercé, Argentinita, Manuela Vargas…


-Espero que algún día me enseñes tu colección y hacemos un reportaje sobre ella.


-Claro que sí.


-A veces he comprado cosas solo para preservarlas y que no se perdieran.


-Ahora están subiendo mucho de precio, casi ya no se pueden comprar. Y es que tengo la sensación de que se dan cuenta del valor de las cosas cuando ya es demasiado tarde…


-Pues sí, y entonces ya no hay remedio. Dejar este lugar tan bonito, con esta historia detrás y tanto arte que lo ha pisado, me parece una herida irreparable. Están dejando morir el alma de la ciudad. ¿Qué va a ser del Madrid flamenco?


-Pasar, pasará en algún momento todo ésto, pero miedo da pensar qué quedará.


Se ha arrasado el esfuerzo de tantos artistas, de tanta gente… Habrá quien quedará y espero que haya nuevas oportunidades para nueva gente.



-Y el Villa Rosa ¿Volverá a ser un lugar flamenco?


-No lo sé. La fachada está protegida, pero es lo único.


Qué pena! Este es un punto muy céntrico, aquí en la Plaza de Santa Ana, una de las más bonitas de Madrid. Si lo compran y convierten en un Burger King… ¿Cuáles son tus planes?


-Voy a seguir con mi carrera de bailaor, la cual siempre he desarrollado de forma paralela a mi trabajo en el Villa Rosa. Esto es un doloroso paréntesis. Seguiré bailando con la Compañía de Manuel Liñán, y aunque se han caído algunas actuaciones, seguimos en la brecha. Ahora tenemos que seguir tirando, que ya es bastante. Más adelante ya pensaré en otros proyectos.


-¿Te gustaría algún día tener tu propia sala?


-Mucho tendrían que cambiar las circunstancias… ¿Quién sabe?


MERCEDES ALBI

Fotografías Eugenia Sartorius




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