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La Alvin Ailey American Dance Theater transmite su vibración (crítica)

17 oct
2 min de lectura

El sabor de lo enraizado, de lo genuino, solo es producto de los espíritus que trascienden al tiempo, como indudablemente lo fue Alvin Ailey, cuya compañía, fundada en 1958, ha interpretado estos días en el Teatro Real dos programas: uno “clásico” (coreografías emblemáticas de Ailey); un segundo con coreógrafos contemporáneos.


Lo cierto es que Ailey creó su propio lenguaje del movimiento, su particular sello, compuesto a base de dinamismo, con mucho movimiento de brazos desde los hombros logrando en los bailarines una sinuosidad muy característica.


Las coreografías de Alvin Ailey parecen bucear en el alma de los Estados Unidos

Pero ¡cómo profundiza!, parece que bucea en el alma de los Estados Unidos. El espectáculo, que duraba más de dos horas, se pasa muy rápido. Sigue manteniendo de principio a fin un soplo de aire fresco.

El bailarín Yannick Lebrun supo llenó el escenario con una danza perfecta de fluida contención

El espectador se interroga sobre cuántos bailarines componen la compañía, pues parecen más de las nueve parejas que son en realidad. Algunos destacan sobre el resto, pero Yannick Lebrun ostenta un cetro propio. En su solo de “A song for you” supo llenar el escenario con una danza perfecta de fluida contención, demostrando poseer ese toque de estilo por el que los grandes artistas hacen parecer fácil lo que en realidad es casi imposible. Embelesa.


El programa está muy bien equilibrado desde las coreografías de grupo, comenzando con fragmentos del II y III movimiento de “Night creature”, seguido de dos solos: “A song for you” y un fragmento de “Cry” por la bailarina Jessica Amber Pinkett, de gran personalidad; entonces, tras un primer descanso, llega “Grace” un trabajo con más impronta de los años 80 y un mayor toque tribal.


“Revelations”, un ballet lleno de sugerencias fue el colofón

La tercera parte y colofón fue “Revelations”, un ballet lleno de sugerencias, es como si desde la primera pieza (“Pilgrims of sorrow”) se emprendiese una búsqueda, atravesarán el mar -o más bien el río Mississipi- (“Take me to the water”) que bien podría significar un bautizo imaginario, para culminar con la alegría de la plenitud (“Move, menbers, move”), dando vida al canto espiritual negro.


Alvin Ailey absorbía e interiorizaba un cúmulo de influencias que luego plasmaba en sus creaciones formando algo único

Se nota que Alvin Ailey absorbía e interiorizaba un cúmulo de influencias que luego plasmaba en sus creaciones formando algo único, un sabor made in USA que logra trascender al tiempo para quedarse y seguir haciéndonos vibrar.


MERCEDES ALBI

 

 

 
 
 

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