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Nijinsky y Rómola en Austria al final de la Segunda Guerra Mundial

  • Foto del escritor: sertorio
    sertorio
  • 25 nov 2025
  • 4 Min. de lectura

Si se congela el tiempo y se circunscribe a un momento, resulta apasionante leer este reportaje publicado en 1946, en la revista francesa Point de Vue, que ha sido seleccionado por Luis Antonio Valdivia Durán (Danza Libre).


Vaslav Nijinky, quien fuera el bailarín más famoso del mundo, pasa sus días en compañía de su esposa Rómola. Les tomán estas fotos en un castillo de apariencia abandonada situado en una aldea del Tirol, cerca de Salzburgo. La Segunda Guerra Mundial ha asolado Europa. En esos años parece ser que en la prensa circularon rumores falsos sobre la muerte del bailarín, que fue hallado en un hotel de Viena cuando los aliados tomaron la capital.


<<Nijinsky que fue un loco genial, más que un enfermo sin memoria, y que vive olvidado en una aldea de Austria. Sin embargo...


Fue el bailarín más grande del mundo y hoy no es más que un enfermo de mirada extrañamente vacía, en Mittersill, en el Tirol. Habita en un castillo situado en plena montaña, a algunos kilómetros de Salzburgo. Un castillo que ya tiene un pasado glorioso, pues en él vivieron el príncipe Bernhard de Lippe y la princesa Juliana, así como el duque y la duquesa de Windsor durante su viaje de bodas. También se alojaron allí la reina Guillermina de los Países Bajos y el rey Carlos de Rumania.


Nijinsky hoy no es más que un enfermo de mirada extrañamente vacía


Nijinsky vive allí en compañía de su esposa, la escritora Romola Nijinsky, y de un enfermero —antiguo oficial del ejército zarista— encargado de cuidarlo y vigilarlo.


Nijinky bailando con su esposa Rómola en el Castillo de Mittersill, 1946

Durante los últimos años de la guerra circularon las informaciones más contradictorias acerca del destino del célebre bailarín. Los periódicos del mundo entero anunciaron dos veces su muerte: la primera, en un bombardeo en Budapest; la segunda, durante los combates sangrientos de Viena.


En la prensa circularon informaciones contradictorias acerca del destino de Nijinky

Luego afirmaron que se encontraba internado en una clínica psiquiátrica de esa ciudad, y que su estado era tan grave que los médicos habían perdido toda esperanza de curarlo.


Todas estas informaciones eran falsas. Los corresponsales de prensa descubrieron a Nijinsky en un gran hotel de Viena, el día mismo de la ocupación de la capital austríaca por los cuatro ejércitos aliados.


Nijinsky y Rómola, 1946

Gracias al apoyo de las autoridades estadounidenses, Nijinsky pudo ese invierno abandonar Viena —donde la vida se había vuelto muy difícil— y refugiarse en Mittersill, mientras esperaba la obtención de su visa de entrada a Francia. Esta acaba de serle concedida. Dentro de pocos días, Nijinsky llegará a París, donde no ha estado desde hace casi diez años.


En unos días Nijinsky llegará a París donde los psiquiatras intentará curarlo

Y será en París donde los psiquiatras intentarán, por tercera y última vez, curarlo mediante un tratamiento con insulina. Se recuerda que los dos primeros tratamientos no habían dado resultado. Posteriormente, según su estado, el bailarín permanecerá en Francia o partirá hacia América.


Los médicos que lo han examinado recientemente se muestran optimistas y piensan que este tratamiento con insulina será decisivo para el enfermo

Los médicos que lo han examinado recientemente se muestran optimistas y piensan que este tratamiento con insulina será decisivo para el enfermo. El estado de Nijinsky, en efecto, ha mejorado mucho desde el final de la guerra, mientras que los bombardeos lo habían agravado seriamente.


Hoy, nada en su aspecto deja suponer que Nijinsky sufre de locura. Su porte sigue siendo muy digno; su cuerpo se ha conservado extremadamente joven y flexible. Solo su rostro ha envejecido: profundas arrugas surcan su frente.


Su enfermedad consiste en una especie de inconsciencia constante. Nijinsky vive como en un sueño, y su espíritu parece muerto. Habla muy poco y nunca responde a las preguntas que se le hacen. Pasa los días sentado en un amplio sillón, mirando fijamente el bosque que se extiende frente a él. Sus únicas distracciones consisten en observar los árboles y jugar con cubos de colores y de distintos tamaños.


Nijinsky ya no baila. Sin embargo, a veces recuerda… y ejecuta algunos pasos junto a su esposa. Luego vuelve a caer en la nada.


Solo su rostro ha envejecido: profundas arrugas surcan su frente

Nacido en Kiev en 1889, todo predestinaba a Nijinsky a convertirse en un gran artista.


Primero, su familia: durante cuatrocientos años, los Nijinsky fueron bailarines de padre a hijo.


Muy joven, él mismo frecuentó los bastidores del Gran Teatro Imperial de San Petersburgo y vivió siempre en ese ambiente de danza.


A los nueve años era el mejor alumno de la Escuela Imperial de Ballets Rusos. A los trece ingresó como solista en la Ópera de San Petersburgo. En esa época, los rusos lo apodaron el “Mozart de la danza”.


Su carrera solo duró seis años. De pronto, perdió la razón. Y de un día para otro, dejó de bailar

Durante cinco años fue el primer bailarín de Rusia. Luego partió a la conquista de Europa y América. En 1909 vino de gira a Francia con los célebres Ballets Rusos.


Una sola noche bastó para consagrar en París su talento genial.


Entonces se abrió ante Nijinsky la carrera más prestigiosa de la danza moderna. Recorrió las capitales del mundo e hizo aplaudir sus grandes creaciones, entre ellas el ya clásico El espectro de la rosa.


Pero su carrera de ídolo de la danza solo duró seis años. De pronto, Nijinsky perdió la razón. Y de un día para otro, dejó de bailar.


"Point de vue", 24 de octubre de 1946

(Texto e imagenes seleccionadas por Luis Antonio Valdivia Durán de Danza libre)



 
 
 

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