“Romero de Torres, gracia y pecado” de Ibérica de Danza (crítica)
- 21 abr
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Actualizado: 23 abr

Ibérica de Danza estrena en España su creación inspirada en el pintor Julio Romero de Torres
La obra gira en torno a su protagonista el pintor Julio Romero de Torres, encarnado por el actor bailarín Jaime Puente, a quien en la ensoñación de su proceso creativo, le acompañan los bailarines Santiago Herranz, Francisco Linares, Alejandro Mármol, Marta Mármol, Begoña Pérez Marsá, Alejandra Rodríguez y Nuria Tena.
Y en verdad que es una especie de todo armónico, como un cuerpo sin fisuras, en el que el texto poético, nos sorprende por su belleza y cuando en el dossier consultamos la autoría, nos sorprende que haya sido obra de un único autor: Manuel Segovia, director de la compañía fundada junto a Violeta Ruiz.
La obra gira en torno a su protagonista el pintor Julio Romero de Torres

Manuel es un pozo sin fondo, y no lo resalto por desmerecer en absoluto a Violeta, pues ambos son complementarios, sino porque dentro de sí contiene tal sensibilidad creativa que no importa el medio a través del cual la manifieste, ya sea en baile, coreografías, música o palabras. Su cualidad es digna de no pasar inadvertida, sino por el contrario profundizar en ello o tratar de hacerlo, ya que los espectáculos que Ibérica crea están tan bien meditados, reflexionados, ensamblados… Se disfrutan mucho, pero si se desea averiguar el porqué, tememos que se nos hayan pasado por alto infinidad de detalles imposibles de apreciar con una sola visión.
Nada es plano, pero tampoco es rupturista, sino profundo en cada uno de sus elementos
“Romero de Torres, gracia y pecado” es, como todas las obras buenas, similar a un iceberg. Desde la superficie, desde la óptica del público, se ve una parte, en el que un elenco de escogidos bailarines de danza española son los protagonistas, bajo los que subyace la parte oculta que los sustenta con un recorrido evolutivo de más de treinta años, como la maestra repetidora Raquel Ruiz y los coreógrafos invitados: Carmen Angulo, Carlos Chamorro y Raúl González, el mapping y escenografía de Miguel Ángel Ramos.
Las escenas se suceden sin cortes entre ellas, son un total de 13, por lo que tal variedad impide cualquier atisbo de monotonía. Entre el público, no cabe el aburrimiento.
Espectáculo armónico y elegante, como un aroma que todavía quedó prendido en el aire instantes después de que bajase el telón
El vestuario, siempre creado por Violeta Ruiz, también es un acierto; en cuanto a la música se van reconociendo melodías de muy distinta procedencia, que pasan por Verdi, Eliseo Parra, Albéniz, incluso por las canciones de Lorca… sin que exista disrupción entre tal amalgama de procedencias ¿Por qué? Porque la dirección musical y los arreglos son muy buenos.

Esa luz que el pintor ha atrapado en el lienzo, lo efímero que se evapora en la danza, frente a lo permanente del lienzo, dan vida a un espectáculo armónico y elegante, como un aroma que todavía quedó prendido en el aire instantes después de que bajase el telón.
MERCEDES ALBI


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