Sobre las alianzas entre la danza moderna y el ballet por Walter Sorell



Puede haber empezado con una invitación de George Balanchine a Martha Graham para que lo acompañara en la coreografía "Episodes" en la que la señorita Graham hizo la primera parte y el Señor B. la segunda, ahora la única sección que todavía esta en el repertorio de la compañía. Si la memoria no me traiciona, ambas partes estuvieron muy juntas, y el hecho de que la contribución coreográfica de Martha Graham se haya descartado más tarde puede haber tenido razones puramente técnicas.


Es sorprendente ver cómo gran parte de la danza moderna podría influir en el ballet clásico que tuvo su rostro del siglo XX levantado mediante el impacto de los bailarines descalzos que reclamaban autoexpresión. Las razones de ser de la danza moderna son la libertad interna ilimitada de expresar pensamientos-sentimientos y a oponerse al mundo dentro y fuera. Tampoco está ni psicológica ni técnicamente equipada para montar un ballet clásico. Aunque he oído que Balanchine dijo no veía ninguna diferencia entre la danza moderna y la clásica, que podía ver solamente la diferencia en la danza buena y mala, tomo esta declaración como un gesto generoso de su parte. El ballet, una forma de arte con tradición milenaria, puede afrontar el hecho de jugar con la idea de tratar una producción de una obra de danza moderna. Pero cuando se juntan realmente los dos, uno encuentra que hay una diferencia muy notable de actitud, en matiz, en actuación y técnica, en ejecución de un gesto cargado de significado, todo lo cual contribuye a una experiencia diferente de danza.


Me inclino a pensar que es una filosofía básica de la vida que subraya las discrepancias más fácilmente que sus puntos de parecido o exclusividad. Los bailarines nunca se parecen mucho cuando hacen una danza moderna o en una compañía de ballet. Todo esto tiene poco que ver con el hecho de que hoy en día los bailarines o los bailarines de ballet empiezan sus carreras con compañías de danza moderna, o que la danza moderna se ha acercado a la técnica del ballet y las bailarinas ruedan en el piso, la cuarta dimensión descubierta por la danza moderna.


Ya que la danza moderna siempre a sido financieramente más débil que el ballet y ha necesitado una exposición más general, es decir, forzosamente un público que no sea del ballet, uno solamente puede aplaudir una política de compañía de ballet para que incorpore las piezas de danza moderna en su repertorio. El Ballet Joffrey triunfó con La Mesa Verde de Kurt Jooss, no solamente porque es una creación eterna, sino también porque el coreógrafo fue uno de los primeros en fusionar con éxito lo "moderno" y el ballet. Desde el principio, Jooss enfocó su creación con la visión de utilizar la expresividad dramática moderna con la técnica del ballet.



Summerspace de Merce Cunningham, cuando tuvo nueva coreografía del Ballet de la Ciudad de Nueva York, logró una fluidez y precisión como nunca había tenido con su propia compañía, pero es cierto que perdió algo de su estilo casual innato que es una característica vital de la obra de Cunningham. Pero en su impacto total, le fue muy bien.


La Pavana del Moro y The Traitor de José Limón se han convertido en una parte de algunas compañías de ballet, también, también del repertorio del ABT. Tenemos que sentirnos agradecidos por ello porque lo anterior es una obra de arte en composición, impacto dramático y textura coreográfica, una totalidad creativa raramente lograda por obras de danza moderna, incluyendo ballets. Lo último está menos estrictamente estructurado, pero crea vigorosa y exitosamente un cuadro dramático de la historia más grande jamás contada.



Limón tiene una forma muy personal de comunicar el drama interno de sus personajes. Hay una cierta grandeza, con un toque de arcaico, en sus modales; hay una intensidad en la armonía entre los bailarines a un nivel emocional e intelectual, y hay una atmósfera especifica creada a través de la comunicación emocional del intento dramático a través de la expresión facial tanto del movimiento del cuerpo. En su mejor momento, sus obras, tales como La Pavana del Moro y Missa Brevis (que puede haber sido una mejor elección que The Traitor), alcanza una "comunión mística con el cielo" (una frase seleccionada de uno de los ensayos de Limón).

Puede deberse al tiempo insuficiente de ensayo -espero fervientemente que sea eso- poco de esto se ha logrado hasta ahora por la puesta en escena de las obras de Limón por el The American Ballet Theatre. Los bailarines aprendieron los pasos y los aprendieron bien. Con cada actuación, los bailarines indudablemente adquieren más fluidez. Pero estos son prerrequisitos. Parece que los bailarines sabían lo que están haciendo, pero no los porqués y los cómo.

En La Pavana del Moro bailan muy bien uno con otro, pero el impacto dramático de la pieza solamente se transmitirá cuando obtengan el sentimiento de bailar contra cada otro en tanto están juntos, cuando las pausas y los acentos ganen la agudeza que requieren, cuando fluyan majestuosamente en la Pavana casi parecerá que dan camino al poder volcánico de las emociones fundamentales.


Todavía siento, que tanto el ballet como la danza moderna solamente pueden ganar de tales uniones. Pero el bailarín de ballet tendrá que aceptar la idea de que no es necesariamente la excelencia técnica por sí sola lo que ayuda a recrear la esencia poética de un trabajo originalmente concebido en términos de la danza expresionista moderna.


(Sorell, 1971)

Extraído de: Walter Sorell. Looking Back in Wonder. Diary of a Dance Critic. Columbia University Press,1986.


Texto y fotografías seleccionadas por Luis Antonio Valdivia Durán


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