"Un libro para el deleite: "El imaginario de la Aljafería" por Marta Vela

El libro de Marta Vela titulado “El imaginario de la Aljafería en Il Trovatore, Verdi, Wagner, Meyerbeer” publicado recientemente por la editorial Pregunta, es un interesante trabajo de investigación que gira en torno a esos tres artistas.

No se trata de un ensayo al uso, sino que es un mosaico en el que las vidas de los célebres compositores se entrelazan en un mismo momento. Además, Marta deja que hablen por su propia boca, como si los devolviera a la vida, a través de una selección exquisita de textos y fragmentos de correspondencia que van configurando el caleidoscopio que nos traza para que el lector extraiga las conclusiones por sí mismo.
la Aljafería de Zaragoza es el ambiente que inspirara a Verdi para su ópera Il trovatore, basada en la obra de teatro de García Gutiérrez
Narra el contexto en el que termina confluyendo y plasmándose la idea de España y su ritmos, que tanto contribuyó a difundir Pauline Viardot en su tertulia parisina, y que fue el tema central de dos de sus libros anteriores (“La jota, aragonesa y cosmopolita” y “La jota aragonesa y liberal”), pero ahora lo deriva más hacia la imagen física, en concreto a la escenografía, situándose en el palacio de la Aljafería de Zaragoza, el ambiente que inspiraría a Giuseppe Verdi para su ópera Il trovatore, basada en la obra de teatro de García Gutiérrez.

En el libro afloran las relaciones y sentimientos de los tres compositores que coincidirán a mediados del siglo XIX en París, capital cultural del mundo, donde los artistas anhelaban triunfar: Meyerbeer destacaba como el compositor de moda, el favorito del público, ante los ojos de un estupefacto Wagner, quien solo era un kapellmeister huido de su país natal; y Verdi, que allí se enamorará de la soprano Giuseppina Strepponi, de quien recibirá la inspiración para sus grandes éxitos.
Con Meyerbeer y su ópera "Robert et le diable" nace el ballet de puntas con Marie Taglioni

En la capital brilla Meyerbeer, sobre quien es importante recordar que, sin proponérselo, fue el primer compositor de ballet clásico de la historia, ya que fue en una de sus óperas, “Robert le diable” (1837) donde Marie Taglioni se puso en puntas por primera vez.
En el libro, Marta Vela hace volar nuestra imaginación recreando, por ejemplo, el ambiente del día del estreno en el Teatro de la Nation (1849) de la ópera “Le prophéte”. Y describe: “Entre el público, los principales críticos de momento, Castil-Blaze (Le réforme), Fetis (Le Gazette musicale), los hermanos Escudier (France musicale), Gautier (La presse), Berlioz (Journal des débats), y otras figuras del momento, Verdi acompañado de una cantante elegantísima vestida de negro, madame Strepponi, un consumido Chopin y el protegido de los Viardot, Ivan Turgeniev, un escritor ruso desconocido (…)”. Describiendo tal atmósfera nos hace soñar insertos en la realidad de los hechos que contextualiza.
Marta Vela hace volar nuestra imaginación. Su sello es una conjunción entre sueño y realidad
Y es que esa es una de las características que hacen a Marta Vela única. Así lo demuestra en los programas que emite desde Radio Clásica (“Temas de música” y, actualmente, “Música con estilo”) donde su sello es esa conjunción entre sueño y realidad cuando narra las vicisitudes de los grandes compositores acompañándolas de páginas certéramente escogidas de su música.

Los sonidos son abstractos, pero también lo es la psicología de los personajes, y estos autores plasman sus estados anímicos en su obra. La música no se escribe, sino que se escucha, pero Marta sabe salvar ese puente y hacernos comprender mejor lo que los grandes sintieron.

La época parisina de Wagner es curiosísima. Nos muestra un gran genio en toda la extensión de la palabra pues no solo compone sino que es un gran literato. Es un artista que se sabe superior el resto, que incluso pasa hambre, y en medio de sus penurias se siente tan humillado por el triunfo de Meyerbeer, cuya música aborrece, que será el germen de sus ideas antisemitas.
Wagner se siente tan humillado por el triunfo de Meyerbeer que se generan en él sentimientos antisemitas
En las páginas del libro, Wagner habla, y lo hace con tal brillantez, en un París que se resistía a acogerle como compositor de ópera, viéndose obligado a ganarse la vida como crítico de música. Su enorme agudeza queda plasmada, por ejemplo, en este párrafo sobre Listz:
“Listz ha dado un concierto hace poco. Solo tocó él; nadie más tocó o cantó; la entrada costaba 20 francos; él no tuvo gastos, cobró 10 mil francos y pronto dará un segundo concierto (…) ¡pero qué sería, qué podría ser Listz si no fuera un hombre famoso, o mejor, si la gente no lo hubiera hecho famoso! Podría llegar a ser un artista libre, un pequeño Dios, en lugar de ser esclavo del más banal de los públicos, el público de los virtuosos. Este público pretende de él milagros y desatinos; él les da a ellos lo que quieren, se deja llevar en palmitas y…”
Sin embargo, al cabo de unos años será Listz quien bajo su batuta estrene Lohengrin en Weimar (1850), lo cual pone de manifiesto su bondad y ausencia de rencor.
Y no me resisto a reproducir uno de los párrafos de Wagner que cita Marta Vela:
“Para abordar la esencia del arte del sonido hemos de seguir utilizando la imagen del mar. Si el ritmo y la melodía son las costas con las que el arte del sonido abarca y entra en fecundo contacto con los dos continentes cuyos litorales de eran extraños, en tal caso el sonido mismo es su líquido elemento originario propio, y la inconmensurable extensión de esa materia líquida es el mar de la armonía. La vista solo llega a conocer la superficie de ese mar; su profundidad solo la capta un corazón igualmente profundo”.

También es muy interesante la relación entre Verdi y Giuseppina Strepponi. Es evidente su gran compenetración y la influencia que la cantante con la que vivió al margen de la sociedad, que sirvieron de apoyo y consejo para la creación de las óperas cumbre de su trayectoria: “Rigoletto”, “La traviata” e “Il Trovatore”. Las circunstancias vitales influyen en las composiciones de una manera más que evidente, y conocer estos avatares nos ayuda a comprender tantas cosas del universo creativo de los genios musicales, que amplifica nuestra capacidad para gozar de la música.
Espero con estas líneas suscitar en el lector la curiosidad de asomarse a este trabajo de investigación. Es apto para un público culto y melómano, un lector que aspire a conocer los entresijos del pasado.
Me gusta leer a Marta Vela, a la que la considero una gran investigadora porque innova, abre su propio camino, no se basa en los clichés anteriores, sino que edifica desde cero asomándose a las fuentes directas. Por eso cada libro que escribe es de lectura obligada.
MERCEDES ALBI


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