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  • Agustina La Reina (2): la artista que acompañó a Pastora Imperio en el Amor Brujo (1915)

    (Anterior) En el verano de 1931 el viajero irlandes Walter Starkie, uno de los mayores admiradores y estudiosos del mundo gitano, narra en su libro “Aventuras de un irlandés en España” sus andanzas por nuestro país, haciéndose pasar por uno de ellos y tocando su violín para ganarse la vida. Llega a San Sebastian, y un tal Lucas, de quien se ha hecho amigo, le advierte: <<-Tengo grandes noticias para ti. Agustina Escudero ha llegado a San Sebastian. -¿Quien es Agustina? -¡Cómo! ¿No conoces a Agustina, la reina de los gitanos de España? Pues es tan famosa que muchos pintores van a Madrid sólo para pintarla, y dicen que su cara les vale a ellos muchos miles de pesetas. Anda, vamos a verla.>> Agustina tenía un piso en la Plaza de la Constitución, al que accedieron subiendo por una intrincada escalera de caracol. Les abre la puerta su criada, y mientras la esperan en el salón, Starkie admira un fotografía de una joven muy bella. Su acompañante, le explica: "-Es la hija de Agustina, María del Albaicín, famosa bailarina." Agustina ya no posee la radiante juventud que mostraba en los retratos que le pintó Manuel Benedito, como el representado en esta postal de mi colección personal, datado en 1910. Han pasado más de veinte años desde entonces, y Walter Starkie nos describe a la mujer madura en que se ha convertido: <> El escritor la recordaba de un retrato pintado por Ignacio Zuloaga, y le dice a Agustina: “pero, ningún cuadro, señora, puede parecérsele a usted”. "No era alta, pero cuando echaba hacia atrás la cabeza, con un gesto de soberbia muy suyo, parecía una amazona. Su cuerpo era delgado y muy bien formado, y al andar se balanceaba con una gracia tan delicada, que no era dificil descubrir su profesión de bailarina (…) Y respecto a sus ojos, casi no me atrevo a hablar, pues había en ellos, además de su gitanesca belleza, una siniestra luz inolvidable.” El historiador del arte Lafuente Ferrari, en su exhaustivo tratado titulado "El arte y la vida de Ignacio Zuloaga" habla de la amistad que el pintor tenía con toda la familia de Agustina. Especialmente admiró mucho al menor de sus hijos, el torero Rafael Albaicín, que era su ahijado. Lafuente Ferrari escribe: “pude comprobar que Zuloaga había atesorado, sin querer venderlos bastantes cuadros que pueden figurar entre sus obras mejores. Para aumentar este número, destinaba él el retrato de Albaicín, su ahijado, el hijo de Agustina, el torero gitano que podía sentarse al piano e interpretar a Chopin. Alguien le había dicho al pintor que aquel cuadro debía ir al Museo, y entonces, con ese brusco salto que Zuloaga era capaz de dar, sin transición desde la modestia hasta la fanfarronada, afirmaba sin inmutarse: “No hay dinero en España para comprarlo”.>> Agustina siguió siendo modelo de Zuloaga, y se la ve envejecer con el paso del tiempo en los retratos y apuntes que va tomando de ella. La Reina de los Gitanos debió de ser una mujer arrolladora, de las que no podía pasar por la vida oculta bajo el manto de la indiferencia. Agustina desató pasiones, fue un ser libre, valiente, amante de su familia y de una vivaz inteligencia. Fue analfabeta y sin embargo, sus dos hijos menores recibieron una esmerada educación que conprendía el dominio del inglés y el francés, así como avanzados estudios musicales. Ella tuvo tres hijos y todos fueron grandes artistas: María Imperio (1898-1931) -quien debutó como bailarina en el estreno del Amor Brujo, y a la que Diaghilev le puso el nombre de María Dalbaicín, llevándosela con él a París-; el segundo, fue el gran bailaor Miguel Albaicín (1913-1999), quien debutó con la Argentinita y Pilar López; y el pequeño Rafael del Albaicín (1919-1981), el músico torero que derramaba arte en cada gesto. En la visita que Walter Starkie hace a Agustina, ella le invita a que, si pasase por Madrid fuera a verla a su casa, en la calle Lombía número 5, -en pleno Barrio de Salamanca-. Y ofreciendo una muestra de la libertad de su caracter, advierte al irlandés: “que a lo mejor cuando usted vaya me habré marchado ya y nadie en todo el barrio podrá decirle donde vive Agustina Escudero. La vida para nosotros es una contínua aventura; por ello no acertamos a comprender a aquellos que siempre viven y mueren en sus casas. Yendo de aquí para allá vemos muchas cosas hermosas y sabemos dialogar con la naturaleza; el trabajo que Dios nos impuso es el ir errantes hasta la muerte (…)” Starkie le pregunta por su hija María: "-Pero también, entonces, su hija María del Albaicín, está conforme de ser siempre una gitana y seguir errante por la vida?" El relato sobre el triste destino de María contado por su madre merece ser reproducido en su integridad: <

  • Presentación del libro "Papelería sobre la Danza (Y el Ballet) 2" de Roger Salas

    Ayer por la tarde en la Casa del Lector, un espacio ubicado junto a los Teatros del Matadero de Madrid, se convirtió en un centro de culto a la danza. En la mesa acompañaban al autor, Mayda Bustamante, promotora y directora de Ediciones Cumbres, junto con la bailarina Aída Gómez. Mayda Bustamante sigue adelante publicando nuevos títulos, y la felicitamos porque con el presente ha alcanzado el número 14. Se mostró muy feliz con la edición de este primer libro del año 2015, siendo el segundo título que publica del mismo autor. Y no será el último, pues "Papelería sobre la Danza 2" va a formar parte de una colección de cuatro títulos. En el 2 la materia que trata Roger Salas es una investigación que contiene detallados estudios de los repertorios; y nos adelanta que el tercer título será una recopilación de entrevistas; con el cuarto, volverán a salir a la luz las críticas publicadas en su día por El País. Aída Gómez interrumpió el ensayo de la obra que esta misma semana estrena el Matadero (“Adalí “, del 15 de Enero al 1 de Febrero) para acudir a esta cita con la literatura. La bailarina hizo hincapie en la difícil situación que está atravesando la danza en España, de ahí la gran importancia de "estos libros que inducen a reflexionar sobre lo que tenemos y sobre lo que hemos perdido". También consideró que los libros de Roger Salas son algo que siempre hay que tener al alcance de la mano. Roger Salas hizo hincapié en la necesidad que tiene un buen crítico de acudir a los espectáculos, ya que hay historiadores de la danza que no van a ver bailar porque se basan únicamente en las fuentes escritas, sin embargo, considera que es muy importante el contacto directo con la escena, e incluso durante el montaje de las coreografias. Él considera que ha aprendido mucho de actuaciones de Maya Plisetskaya y de Aída Gómez, como grandes figuras, pero también le encanta asistir a las salas alternativas ya que opina que es fundamental conocer y valorar el hecho artístico diario. También recordó, por ejemplo, como disfrutó y aprendió sobre Escuela bolera viendo al maestro Ángel Pericet cuando montó sus "Seis Sonatas para la Reina de España" para el BNE. Así como de los espectáculos de escuela bolera de Aída Gómez. Para ser un buen critico, siguió aconsenjando el brillante autor, "hay que seguir al artista en su desarrollo y continuidad. Un crítico es el que hace ver, oír y no callar. Hay que leer de todo, y tener conocimientos de otras disciplinas artististicas". Agradecemos a Roger Salas tan sabios consejos, y le felicitamos por la publicación de estas obras de imprencindible letura para los profesionales y aficionados a la danza. PAOLA PANIZZA

  • “FLA.CO.MEN” de Israel Galván en los Teatros del Canal

    El público abarrotaba la Sala Roja de los Teatros del Canal. Se podía sentir la gran espectación que suscitaba asistir al “Fla.Co.Men” de Israel Galván. Esta producción fue estrenada en la Bienal de Flamenco de Sevilla el pasado 14 de Septiembre de 2014, y se presenta ahora como broche final del XXXII Festival de Danza Madrid. Israel Galván logra sorprender de nuevo con un espectáculo presentado a modo de un originalismo concierto musical, tomando como base las partituras de sus anteriores montajes -“Los Zapatos Rojos”, “La metamorfosis”, “Las Galvanicas”, “Arena”, “El final del estado de las Cosas” y “Lo real”- para crear una nueva obra llena de pasión. Israel baila solo. Le acompaña una orquesta formada por cuatro músicos -violín, bajo eléctrico, xilófono y un excelente guitarrista- junto a dos magníficos cantaores. Entre las piezas musicales que diseñán el particular espacio sonoro en el que se mueve Galván, hay una soleá que fue un regalo que el maestro Morente le hizo. La letra es una auténtica definición poética de su modo de danzar: “Fui piedra y perdí mi centro, me arrojaron al mar, y al cabo de mucho tiempo mi centro vine a encontrar”. Su coreografía es pura expresión, compuesta a base de virtuosos giros y zapateados veloces hechos con botas y hasta con los pies desnudos, y esos brazos oblicuos con poses ajenas al academicismo. El espectáculo quedó aderezado con unas vibrantes “Sevillanas “ de Pedro G. Romero, colaborador habitual de Israel, y unas originales “Alegrías”, coreografiadas por Patricia Caballero. Israel Galván con su personalísimo estilo, se dejó el alma sobre el escenario y convirtió su cuerpo en un instrumento musical más. La danza se volvió música, y para ello el bailarín utilizó hasta su estomago, pues ni un ápice de su cuerpo se resistió a la melodía en que quedó transmutado con sus palmas, los pitos y los pies que golpeaban un enorme tambor situado a mitad del escenario. “Fla.Co.Men” gozó de un ritmo veriginoso, sin que faltase ni sobrase nada. Las secuencias coreográficas, tan diferentes unas de otras, siempre dejaban vislumbrar un universo propio cargado de múltiples colores. La más sobrecogedora tuvo lugar la término de la representación. Entonces, Israel se sienta en el borde des escenario para bailar sentado gopeando con sus pies desnudos el borde del escenario. Fue un momento arrollador, donde hizo gala de una enorme expresividad facial. “Fla.Co.Men” es un remix de flamenco deconstruido con estilo contemporáneo, grandes dosis de humor y un enorme derroche de imaginación. PAOLA PANIZZA (Fotografías de Hugo Castillo y Hugo Gumiel)

  • La estela de Vicente Escudero en Antonio Gades e Israel Galván

    Imaginar al maestro Vicente Escudero, lápiz en mano ante un lienzo en blanco, tratando de esbozar las imágenes cubistas de su próximo espectáculo, nos invita a soñar. Él entendía que un buen bailarín debía dibujar en su cabeza lo que más tarde representaría con su cuerpo. El destino ha querido que el trazado de sus líneas no tuvieran fin. Sin duda alguna los dos grandes protagonistas de su obra serían Antonio Gades, "el ladrón de oído" como el mismo le llamaba, que entendía que "una cosa es bailar y otra pisotear la tierra" e Israel Galván el "vanguardista" del flamenco contemporáneo. Fue Pilar López la que supo encontrar el paralelismo entre Vicente y Antonio. Ambos estaban predestinados a conocerse siendo ella el nexo de unión. Una vez que tuvieron contacto saltó la chispa de la admiración mutua. Su relación siempre estuvo cargada de mucha magia. Vicente Escudero encontró en Antonio la "comprensión" a su lenguaje, la materialización de su decálogo, su forma de entender el flamenco, de algún modo vió en él reflejada su obra. Con el tiempo, algunos le consideraron su sucesor artístico. Antonio Gades en la película "Bodas de Sangre" de Carlos Saura, narra la serie de casualidades que le unieron al maestro: Recientemente Israel Galván ha presentado TOROBAKA en el Théâtre de la Ville (Paris). Los éxitos cosechados con cada uno de los rompedores espectáculos que presenta en la cuna parisina del flamenco nos llevan a recordar el reconocimiento que ochenta años atrás obtuvo Vicente Escudero. Imaginar cuales habrían sido las impresiones del maestro de maestros sobre esta figura de nuestro tiempo resulta muy sencillo. Si alguien "intencionadamente" o fruto de la casualidad ha sabido extender como pocos el trazo escondido de las líneas dibujadas por el maestro ha sido Israel Galván. Precisamente en el alejamiento del flamenco purista anida su sentir y su éxito. "Soy un 'bicho raro' dentro del flamenco, como lo han sido en otras épocas Vicente Escudero, Carmen Amaya o Farruco". Llevar el flamenco a los extremos más vanguardistas es su intención sin el ánimo de imitar a nadie, como el mismo ha declarado en alguna ocasión, pero bebiendo de las fuentes del pasado. Y esas fuentes indudablemente están muy marcadas en la pieza "Silencio" que interpreta Israel en la película "Flamenco" de Carlos Saura. GEMMA ORTEGA

  • Agustina la Reina: la artista que acompañó a Pastora Imperio en "El Amor Brujo" (2015)

    Al entrar en la primera sala del Museo de la Fundación Manuel Benedito, llaman la atención del visitante dos retratos de una bellísima mujer morena. En uno, en tonos rojizos, la modelo posa de cuerpo entero tumbada sobre un diván. Sus ojos negros miran desafiantes. Y así debieron de parecerle al excelso pintor valenciano -discípulo predilecto de Sorolla- cuando títuló el lienzo como “La Gavilana” (1910). En el segundo cuadro, inacabado, la hermosa gitana viste de blanco con un mantón de grandes flores. ¡Cuantas historias dormidas acuden a la mente contemplandola! Su nombre era Agustina Escudero Heredia y es recordada como modelo de grandes pintores, especialmente de Manuel Bendito y Zuloaga, que fue padrino del más pequeño de sus hijos, el torero Rafael del Albaicín, que tantas veces pintó. Y es que Agustina, apodada la Reina, fue mucho más que la misteriosa imagen que contemplamos en los lienzos. En su existencia el arte y la pasión se mezclan, sin que todavía nadie se haya tomado la molestia de rescatar los fragmentos dispersos de su biografía. En el Museo Manuel Benedito una suerte de azar ha querido que los retratos de Agustina estén colgados a pocos pasos de donde se exhibe el magnífico cuadro que le pintó a Pastora Imperio. Dos mujeres que en vida compatieron la escena del Teatro Lara en el histórico momento en que se estrenó “El Amor Brujo”(1915), y cuyas imágenes pueden contemplarse ahora bajo un mismo techo, cercanas y unidas para siempre. "El Amor Brujo" reunió a Pastora y Agustina en el mismo escenario, lo que constituye una muestra de la grandeza y generosidad de Pastora que, sin temer que la belleza de Agustina la eclipsara, le ofreció subir al escenario para acompañar a su hija, que tenía una clara vocación artística y terminaría siendo María del Albaicín. Así, las dos gitanillas del reparto fueron María Benitez – actuando bajo su nombre artístico de Perlita Negra- y la hija de Agustina, María, conocida como María Imperio hasta que unos años después Diaghilev, en su último viaje a Sevilla, le cambiara el nombre por el de María del Albacín, y la contratase como estrella principal de "Cuadro Flamenco", que se estrenó en París en 1921. A pesar de que Agustina actuara en el estreno del “El Amor Brujo” -obra que marca un antes y un después en la danza española- no queda constancia de su trayectoria escénica. Agustina bailaba y cantaba en el ámbito doméstico, y subió a escena para acompañar a su hija porque solo tenía 13 años. Agustina estaba casada con Benigno García Gabarre, un tratante de caballos perteneciente al clan de los gitanos del barrio de Tetuán, en donde vivía hasta que enviudó. Mucho mejor que cualquier biografía es siempre lo que el propio personaje cuenta de sí mismo. Agustina nunca escribió, pero gracias a Walter Starkie y su libro “Aventuras de un irlandés por España”, existe un testimonio directo sobre su persona, y cómo sería “la Gavilana” que el escritor irlandés no duda en afirmar: “Desde que he caído bajo la influencia de la Reina Agustina tengo la sensación de que cualquier cosa me puede pasar”... (continuará) MERCEDES ALBI

  • Entrevista a Ludmila Pagliero (2): una étoile argentina en la Ópera de París

    (Primera Parte) -¿Surgió una salida? -Siempre intervino en mi vida el elemento sorpresa, el azar inesperado y emocionante. En 1999, Ricardo Bustamante, el director del Ballet del Teatro Colón se marchaba al Ballet de Santiago de Chile. Un día, de repente, suena el teléfono. Era Ricardo, que me ofrecía un contrato de un año para cuerpo de baile. Estaba tan impaciente de entrar en el escenario que acepté inmediatamente sin preguntar nada a mis papas. Mas tarde este día, se lo cuento a mis papás y... ¡Se arma una revolución en mi casa! Fue mi primera separación familiar. -¿Fue duro? -Me sentía feliz de poder trabajar y subir al escenario. Yo estaba en mi mundo. Vivía sola, tenía un sueldo, y siempre fui alguien para quien su libertad era muy importante. Pero el desarraigo físico y la lejanía familiar ha sido un precio muy caro a pagar. -¿Cuánto tiempo estuviste en el Ballet del Teatro Municipal de Santiago? -Tres años. Se me abrió un mundo lleno de posibilidades. -Cuéntame un momento importante de esa época. -Cuando bailé la Aurora de ”La Bella Durmiente”, mi primer gran ballet, con 17 años. Fue un hito en mi vida. De mi etapa en Chile recuerdo el cansancio físico, porque cada día me imponía nuevas metas y trataba de ir un poco más lejos. Con “La Bella Durmiente” sentí por primera vez lo que significa llevar el peso de una obra a tus espaldas. Es un estrés de de responsabilidad distinto, porque en el cuerpo de baile te escondes, no te sientes tan expuesto. -¿Consideras que el escenario es la gran escuela? -Aunque pudiera pensarse que es la última etapa, hay toda una evolución que se realiza sobre el escenario. Y poder hacer varios espectáculos es lo que posibilita avanzar, es el arte viviente. Es muy importante la experiencia escénica, lo que se aprende entre las paredes del estudio es solo el proceso técnico. En la escena llega la hora de la verdad. -¿Cuándo dejas el Ballet Nacional de Chile? -A los tres años se marchó Ricardo Bustamante, y no sabía qué hacer, estando en Chile, Europa y USA me parecían algo demasiado lejano. Fue entonces cuando conocí a Bernard Courtot. -¿Quién es? -Un bailarín free-lance con el que bailé “El Corsario”. Él comienza a hablarme de lo que hay en el mundo... Y me aconseja que me presente al Concurso Internacional de Ballet de NY, donde gano la medalla de plata y el Premio Ygor Youschevich, por el que logré un contrato de un año para el American Ballet Theatre. Ya me veía bailando con Ángel Corella, con Paloma Herrera, con Joaquín de Luz... Entonces, cuando vuelvo a Santiago con el premio bajo el brazo, este amigo francés me cuenta que hay un concurso en la Ópera de París. Le contesto que está loco, que jamás me van a coger en la Ópera de París. Y además un viaje tan largo era muy costoso, mi familia tampoco me podía ayudar económicamente... Y mi sueldo en Santiago no me hacia rica. Pero al final me lancé. Siempre parecía que había algo más. Invertí todo el dinero del premio del Concurso. Y me propuse ir a aquel mítico escenario del Palais Garnier, aunque solo fuera por pisarlo una vez en la vida. -Llegas a París... ¿Qué sucede? -Me fui una semana antes para preparar el examen, pues tenía que preparar una coreografía: la prueba consistía en una clase y una variación. Me encontré aprendiendo la variación en 15 minutos en la calle con una bailarina de la ópera, amiga de Bernard. Busqué un estudio el siguiente día, pero el piso del que encontré estaba tan deslizante que tenía miedo de herirme antes de la audición. El día siguiente era día feriado en Francia y todos los estudios estaban cerrados. Empece a sentirme desesperada. Finalmente Bernard consiguió que otra bailarina de la ópera me permita entrar y bailar en un estudio de la Ópera de París el siguiente día, y me enseñó durante una media hora que en la Ópera de París los brazos son así, asá... Y esa fue toda mi preparación. Hice el examen, y tuve mi primera gran decepción. No era en el escenario, sino en la Sala Petipa, y yo que había ido para poder pisar su suelo aunque solo fuera una vez... -¿Pasaste la prueba? -Termino quinta y me dicen que no tenían contrato para mí, pero que si acaso, ya me llamarían. Dije “chao”. Si no hay contrato... Regreso a Chile, hago una última producción y me voy a Argentina para preparar mis papeles, la visa a Estados Unidos. Pero como se quejaba mi madre, siempre hay algo más... -¿Qué fue esta vez? -Justamente el día que me levanto en la mañana para ir a la Embajada de Estados Unidos a por la documentación, suena el teléfono. ¡Me llaman de la Ópera de París! Me ofrecen un contrato de 3 meses. Recuerdo que estaba con mi mamá tomando unos mates, eran las 8 de la mañana. Me quedé sin saber qué hacer, y pregunté si lo podía pensar. Me contestaron que no, porque si no aceptaba llamaban a otra. Y en un minuto decido: me voy para allá. No me voy a USA, me voy a Europa, y empieza toda una revolución en mi casa para ir a Europa. -¿Por qué Europa? -Había algo con Europa... En el Instituto del Teatro Colón nos ponían vídeos de la Opera de París. Era como no podría decirte... Allá, el estilo ideal de la bailarina era el estilo francés. Es el estilo que podíamos ver en las vídeos. Me dije, me voy 3 meses, y luego me buscaré alguna compañía en Italia, Alemania o Inglaterra. Seguía pensando que lo de París era un sueño imposible. -¿No pensabas que te pudieras quedar en la Ópera de París? -Yo tenía la idea de que, como existe un puente entre la escuela y la compañía de la Opera, todos los bailarines estaban formados allí. Ni conocía la historia de José Martínez ni de esos pocos artistas extranjeros que lo habían logrado. -Y te quedas... -Sí, voy renovando el contrato. Y una vez más llega “La Bella Durmiente” y bailo una de las hadas. Yo solo era refuerzo del cuerpo de baile, pero resultó que las seis bailarinas que tenían que hacer el papel se lesionaron. -¿Cómo se llega a étoile? -Se hace por nominación. No hay concurso. El director de la ópera y el del ballet deciden hacerte étoile por un espectáculo específico. -¿Cual fue el tuyo? -Otra vez el azar... Nunca lo olvidaré. Fue el 22 de marzo de 2012. Estaba programada en una pieza de Mat Eks y otra de Robbins en el Palais Garnier; y en Bastille se hacía la Bayadère. El maestro de bailé y asistente de la dirección me dice: “mira, Ludmila, ya sé que hace dos años que bailaste el papel, pero necesitamos que sustituyas a la Gamzatti en una semana, porque la bailarina no se encuentra bien...” Uff, pensé que era complicado, pero respondí que ok. De repente veo que a la chica, que tenía que bailar esa noche, le cuesta caminar.. El maestro me viene a ver. Presiento que hay un grave problema. Y me pregunta: “¿Cómo te sientes para bailar hoy? No tenemos a nadie más, sois vos o probaremos con otra”. Yo me quedé helada. No podía ni ensayar, y por si fuera poco, aquella función se retransmitía en directo para los cines de toda Europa. Y él me dice: “Bueno, no lo pienses, simplemente hay un poco más de gente que te va a estar mirando...” Hacemos un ensayo de media hora y casi corriendo nos vamos de Garnier a Bastille, para probarme los trajes. Y aquella función fue por la que me nombraron étoile. -¿Cómo pudiste recordar un papel que no habías ni ensayado? ¿Cuál es el secreto? -¿Secreto? Hay una memoria corporal que es increíble, que queda en el cuerpo. Es como si el movimiento quedase escrito y registrado dentro de uno mismo. -Insisto, me parece que para hacer algo así hay que tener una cualidad muy especial, porque incluso se puede producir un bloqueo, un terror escénico y quedarse en blanco, sin saber qué hacer. Dime cómo lo haces. -Lo que uno trata de hacer sobre el escenario es una acción. El público quiere verte en ese instante. No se plantea cuánto tiempo te ha costado preparar el papel. Nadie te lo va a preguntar, lo que desean ver es el resultado. Así, en la pelea con Nikiya quieren que la bailarina lo viva en el instante. Yo me lo planteo como una oportunidad de experimentar, me meto en el papel como si estuviera ocurriendo realmente por primera vez en mi vida. Viví, me sumergí en las emociones del personaje, no pensé en que podía bloquearme, en los posibles errores en los pasos y me lancé a sentir. Ese es mi secreto. -¿Has bailado en España? -Sí, he estado en galas con José Martínez y debo decir que cuando yo era solista el fue quien me dio mi primer rol protagonista en “Les Enfants du Paradis”. También he actuado en el Teatro Real con “Joyas” de Balanchine, pero todavía no era étoile. -¿Qué piensas de la situación de la danza en España? -La danza está en España. Se siente. Son sociedades que han crecido con el que baila, porque lo llevan en la sangre. La danza en España no desaparecerá aunque actualmente por la crisis las circunstancias sean adversas. Estoy segura que resurgirá. "Un ser alado en este corto vuelo prende como una aparición de llama ardiente, surge de entre las sombras con anhelo el brillo de Ludmila evanescente" MERCEDES ALBI (Fotografía de cabezera por Julien Benhamou)

  • "La Source": el Ballet de la Ópera de París recrea su antiguo esplendor

    Durante el pasado mes de diciembre ha cosechado un gran éxito, en la sede del Palais Garnier de la Ópera de París, el ballet “La Source”. La obra original se estrenó 1868, en los últimos años de la era postromántica. Fue una época de esplendor -bajo el reinado de Napoleón III y su esposa, la española Eugenia de Montijo- que produjo algunos títulos emblemáticos que todavían permanecen en el repetorio, como el ballet “Coppelia”. Edgar Degas, asistió a aquel primer estreno de "La Source" y quedó tan profundamente fascinado por la actuación de la bailarina Eugénie Fiocre, que le inspiró el cuadro titulado ”Mademoiselle Fiocre en el Ballet La Source”. Por desgracia el incendio del edificio de la antigua Ópera -sita en la calle Peletier- en el año 1872, destruyó el atrezzo y los archivos existentes. Este lamentable suceso convierte a la pintura de Degás en uno de los pocos indicios que se conservan de la obra primigenia. La versión actual fue realizada por el bailarín étoile y coreófrafo, Jean-Guillaume Bart, en 1977, quien propuso esta brillante idea a Brigitte Lefevre. No se trata, por tanto, de una reconstrucción sino de una re-creación de la trama original con su música (Minkus y Delibes). El ballet se ha sintetizado en dos actos y tres escenas. Se abre el telón y la magina de la danza nos traslada a un reino imaginario, donde conviven a la par el ambiente exotico de una corte del Caucaso con el mundo fantástico de las ninfas y los elfos del lago. En esta atmósfera plena de reminiscencias orientales, acontece una historia de amor a tres bandas entre el cazador Dejemil (Karl Paquette), Nouredda (Laetitia Pujol) y la ninfa Nalia, el espíritu de la fuente (Ludmila Pagliero). La coreografía de Jean-Guillaume Bart es todo un homenaje a la técnica de la escuela francesa de ballet. Es un ballet muy dinámico que alterna las danzas de conjunto con bellísimos pasos a dos y solos de esmerado vituosismo, sin que decaiga en ningún momento la atención del espectador. La étoile Ludmila Pagliero brilla sobre el escenario con luz propia. La bailarina argentina posee una técnica envidiable que conjuga a la perfección con unas grandes dotes interpretativas. Ludmila sobre el escenario se convirtió realmente en una ninfa, un ser etereo proveniente del más allá, de un lugar donde los seres alados existen y parece que en vez de caminar se deslizan como si flotaran ajenos a la fuerza de la gravedad. Karl Paquette fue un perfecto partenaire cuya danza destacó por sus magníficos giros; Laetitia Pujol ofreció una muestra de equilibrio y armonía en total consonancia con su papel de Nouredda. Alister Madine, en el rol del elfo Zael, y Vicent Chaillet como Mozdock, el hermano de Nouredda, compaginaron un tandem dancístico que subrayó la diferencia entre los dos mundos escénicos: el de la ligereza de las ninfas y elfos, con el reino del Cáucaso y sus danzas de caracter. La variación de Nalia (Ludmila Pagliero) del primer acto, y la escena final, en la que la étoile alcanza su culmen interpretativa, muriendo para que su amado Dejemil logre ser su felicidad al lado de Nouredda, fueron momentos inolvidables por su alta intensidad poética. La meditada sencillez de los elementos escenográficos concentró toda la carga visual en el magnífico vestuario diseñado por Lacroix con piezas de Swarosvski. Todo un sortilegio de la imaginación quedó desplegado en torno al cuadro de Degas, así el atuendo de la Nouredda moderna recuerda en su inspiración al que vistiera la “mademoiselle” del cuadro, Eugénie Fiocre. Y es que con “La Source”, el Ballet de la Ópera de París ha logrado recrear un título desaparecido para convertirlo en un ballet inolvidable. PAOLA PANIZZA (Fotografías Julien Benhamou)

  • En torno a “El Amor Brujo” del Ballet Víctor Ullate de la Comunidad de Madrid

    Ha sido muy acertado por parte del Teatro Real programar “El Amor Brujo” a las puertas del centenario de su creación, que se celebrará en el 2015. Ha pasado un siglo desde el momento en que el gran Manuel de Falla regresara de París -a consecuencia del estallido de la Primera Guerra Mundial-, su lugar de residencia durante ocho años. Allí se había marchado harto de tanta incomprensión y de que no se pudiera estrenar en España -especialmente en el Teatro Real, que era donde correspondía- su ópera “La Vida Breve” (1905). De nada sirvió que la obra hubiera sido galardonada con el premio de la Real Academia de Bellas Artes de Madrid, la excelsa partitura durmió durante años en el fondo de un cajón hasta su estreno en Niza. Existe, por tanto, una deuda de naturaleza moral contraída con el más grande de nuestros compositores, por lo que espero y deseo que en este año de conmemoraciones, la música de “El Amor Brujo” suene y se represente en todas sus versiones, desde la maravillosa “pantomima coreográfica” creada para Pastora Imperio (1915), al ballet que Antonia Mercé y Vicente Escudero estrenaron en París (1925), dirigiendo la orquesta el mismo Manuel de Falla. “El Amor Brujo” de Víctor Ullate tiene luces y sombras, grandes aciertos que contrastan con alguna escena, a mi parecer menos conseguida (el aquelarre de bailarines-murciélagos). Se abre el telón y nos sumergimos en una atmósfera escénica exquisita con tintes de noche tornasolada, en donde se desenvuelve el drama. La iluminación, el vestuario, el equilibrio de colores son muestras evidentes de una magnífica dirección artística, que cuenta con un gran equipo capaz de crearla, además de unos bailarines con buen nivel. Víctor Ullate ha sido muy generoso, no ha escatimado medios. Uno de los grandes aciertos ha sido escoger como director de orquesta a Josep Vicent, a quien estoy segura de que, si Don Manuel de Falla levantara la cabeza, felicitaría complacido. Dirigió con sensibilidad, extrajo los matices sutiles de la música, sin menoscabo del brío que requiere la partitura. Otro de los aciertos fue contar con la presencia de Rubén Olmo. El arte de Rubén no necesita ni de la música, como demuestra en un solo que baila al silencio, ataviado con una impresionante capa negra que juega con los brillos de su forro verde irisado, y efectuando unos giros perfectos con toda la elegancia que caracteriza su danza. También disfrutamos del gran bailarín en que se ha convertido Josué Ullate, el cual parece poseer un cuerpo que no conoce los límites, siendo capaz de acometer cualquier proeza sin aparente esfuerzo y con una técnica impecable. Candela, interpretada por Marlen Fuerte, mostró sobre la escena su gran ductilidad. El resto de los papeles: Lucía (Ksenia Abbazova), el Espectro (Cristian Oliveri), la pitonias (Leyre Castresana) así como el cuerpo de baile, fueron un claro ejemplo del buen hacer de la compañía. No cabe duda de que Estrella Morente es un personaje mediático, un polo de atracción para el público. En estos tiempos en que el Ballet de la Comunidad de Madrid afronta los recortes, y sobrevive a pesar de la crisis, acometiendo además una producción carísima en el Teatro Real... ¿Es un acierto o un desacierto contar con la presencia de una cantante cuya voz carece de la envergadura suficiente para salir airosa de este reto? La dificultad quiso solventarse añadiendo a la obra canciones más asequibles a su registro, lo cual desvirtuó la partitura, algo a lo que también contribuyeron los “añadidos” musicales, destacando el que acompasó al tremebundo aquelarre de bailarines-murciélagos. Admiramos el gran trabajo desarrollado por Víctor Ullate, que mantiene contra viento y marea, a base de lucha y constancia, a nuestro pequeño gran Ballet de la Comunidad de Madrid. Y aconsejamos no perderse este Amor Brujo, en el que las luces superan los momentos de sombra, lo cual incluso es un factor que actúa en consonancia con el argumento, pues en su trama subyace una lucha entre el bien y el mal, lo bueno y lo malo, lo sublime y lo ridículo. MERCEDES ALBI (Fotografías Javier del Real)

  • Con Azucena Huidobro, autora del libro “Quiero Bailar Flamenco”

    Conversamos con Azucena Huidobro para felicitarla por el éxito obtenido con “Quiero Bailar Flamenco”, un libro dirigido a los más pequeños, cuya segunda edición verá próximamente la luz. Azucena ha dedicado su vida a la danza y no ha perdido ni un ápice de la ilusión que sentía cuando siendo casi adolescente, con sólo 17 años, entró en el Ballet Español de Madrid, bajo la dirección del maestro Granero. Desde entonces no ha parado de bailar formado parte de las más célebres compañías de danza española -Ballet Teatro Español de Rafael Aguilar, José Antonio y los Ballets Españoles, la Compañía de Aída Gómez y Compañía de Antonio Márquez, Ballet Nacional de España con Aída Gómez- con las que ha recorrido el mundo. Actualmente, es Asistente de Dirección de Antonio Najarro en el Ballet Nacional de España. Azucena es un ser inquieto e inteligente. Su rizada melena envuelve una cabeza que no para de bullir, de pensar, de buscar la forma de transmitir a los demás el gran amor que siente por la danza española. -Felicitaciones por la segunda edición de tu libro, "Quiero Bailar Flamenco" ¿Cómo te sientes? -Muy contenta, la venta ha funcionado muy bien, tanto que la editorial Planeta me ha dado la buena noticia de que se va a reeditar, tanto en inglés como en español (*) -¿Se ha vendido bien en inglés? -Sí, se agotaron enseguida, incluso antes que la edición española. También había memos ejemplares, pues salieron 500 en inglés, y 3.500 en español. -Es un libro con unos dibujos preciosos... -Las ilustraciones son de Mario García Arévalo, con quien he trabajado mano a mano, y ha sido muy duro. El no sabía nada de danza y yo le daba las referencias de cada detalle por pequeño que fuera. Por ejemplo, si una niña aparecía en una postura, esta debía ser la correcta desde la posición de los pies a los dedos de las manos... Mi objetivo es que el libro fuera un referente didactico además de un cuento. Por ello, muestra una realidad, cómo es un aula de danza, cómo son las castañuelas, de qué color son... Para que los pequeños alumnos se sientan identificados con lo que ven cada día. Le enviaba a Mario fotos con posturas. Las posiciones de brazos son mías; para los toques de palillos... Pues me fotografiaba las manos. Y los pies de los zapateados son de mi peque (ríe). -Cuéntame de que trata el cuento. -El personaje principal es una niña, Sara. Ella es el reflejo de mi vida, de cómo me acerqué al mundo de la danza, de mis experiencias como bailarina... Aunque te confieso que la idea de escribirlo me llegó durante un período en el que impartí clases de danza, el cual coincidió justamente con el tiempo en que mi hija comenzaba también a aprender el flamenco. Ahí me llegó la inspiración. -¿De qué forma? -Yo tenía un montón de cuentos de ballet, pero me di cuenta que no encontraba nada de flamenco, y buscaba algo para que mis alumnas más pequeñas se divirtieran aprendiendo ¡No había nada! Entonces, empezó a surgir la idea en mi cabeza. Pensé que me encantaría poder llegar a casa y leer con mi hija un cuento que no fuera ni de Barbie, ni de Monster Hight, sino que tratase de algo que compartimos las dos. -¿Es un libro solo para niñas? -No. Uno de los personajes es un niño, y es importante que así sea, pues por desgracia los chicos todavía lo tienen más dificil para que sus padres les lleven a aprender a bailar. -¿Pero cómo llegas a poder plasmar tus ideas en un libro y que te lo publiquen nada menos que en Planeta? -Conseguí tras muchas averiguaciones la dirección mail de la editora juvenil de Planeta. Y le envié un correo. -¿Te contestó? -Sí, me propuso que cuando viniese a Madrid me reuniera con ella. Así fue, y me presenté en la entrevista sin nada escrito. Todo estaba dentro de mi cabeza. -¿Cómo les convences? -Esas cosas que pasan... Sentí desde el primer momento que entre Marta - la editora- y yo surgía una corriente de empatía muy fuerte. Y propuso a la editorial estudiar el proyecto. Así, en un par de meses lo aprobaron y ¡Zas! Había que ponerse manos a la obra... -Un idea que se plasma y que logra el éxito, porque tu libro es un referente para que los pequeños aprendan sin darse cuenta. -Ese era mi objetivo, crear un referente en el campo didáctico. -¿Tienes pensado escribir más libros? -Mi cabeza no para, ideas tengo muchas. Cuando Marta apostó por mi proyecto, en la editorial no conocían el mundo de la danza ni el flamenco... Es un tema que se dirigía en a un público especializado. Ahora me alegro tanto de que me digan que el libro funciona, que se vende... -¿Qué es lo que más te enorgullece? -Les he podido demostrar que apostar por la danza tiene recompensa. También hay muchos gestos particulares, anécdotas que me han contado que me ponen muy contenta. -Cuéntame alguna. -El otro día me pongo a firmar ejemplares en una academia de danza, y me dicen que llegó una niña con una libretita de anotaciones como la del libro, y le comenta a su profesora: "traigo una libreta como Sara". Esas cosas a mi me emocionan un montón. Las niñas serán el futuro público. El final de mi cuento, y esto le encantó a la editora, no es como suele ser, que la protagonista logra sus sueños y se convierte en estrella. Sara dice que no sabe que pasará, si llegará o no a primera bailarina, ni sabe que será de su vida... Sin embargo, eso no es lo que importa, porque el vínculo con el maravilloso arte del baile español está creado, y su amor por él quedará en ella para siempre. Para mí esta conclusión significa un homenaje a toda la gente que ama la danza, que no son famosos ni pretenden serlo. Son miles y miles de personas a los que me apetecía dedicarles un guiño. Ellos forman parte del público que siempre esta ahí para darnos el mejor de los aplausos. MERCEDES ALBI (*) Pulsando sobre las palabras subrayadas, se accede los enlaces para comprar el libro.

  • Entrevista a Ludmila Pagliero (1): una étoile argentina en la Ópera de París

    Llueve en París. Nos dirigimos hacia el Palais Garnier por la Avenida de la Opera. Es un ensueño. Las luces navideñas brillan, se reflejan sobre el suelo mojado llenando el aire de destellos. El edificio de la Ópera de París posee el esplendor de los templos, se respira una atmósfera que sólo es propia de los lugares sagrados. Allí habita el corazón del ballet, pero no es un corazón de piedra sino de carne, porque late dentro del pecho de una étoile: la bailarina argentina Ludmila Pagliero. Ella es la encargada de dar vida sobre la escena al espíritu de la danza. Se abre el telón y la vemos aparecer como la ninfa Naila de “La Source”. Su baile etéreo es pura armonía, expresión, musicalidad, poesía... Nos conmueve. La esperamos a la salida de artistas, sus ojos chispean y tiene el detalle de agradecernos que hayamos viajado desde España para verla. A pesar del cansancio que le ha supuesto hacer dos funciones seguidas, quedamos con ella a la mañana siguiente en el Café Wepler. Ludmila a la luz de la mañana, sin maquillaje, tomando el café con leche con el que desayuna, sigue siendo hermosa. Sus modales son delicados, habla y sonríe con dulzura. Su mirada se pierde recordando los días de la infancia en Buenos Aires. Su relato nos hechiza, nos sumerge en un verdadero cuento de Navidad: su propia vida. -¿Cómo empezaste a bailar? -Por una simple necesidad de moverme, de utilizar mi cuerpo. Yo era una niña que sentía que mi cuerpo tenía que ser el instrumento de algo de lo que ignoraba hasta el nombre. No sabía que la danza existía. -¿En tu familia no hay bailarines? -No, ninguno. Nadie en mi familia se ha dedicado a la danza. Uno de mis abuelos trabajó en el teatro, pero nada más. Yo no sabía ni como expresarle a mi mamá esa necesidad interior que me poseía. Era una agitación, un deseo de fatigarme, de desgastarme físicamente... Me llevaron a clase de ballet y no me gustó. -¿Dónde? -Mi mamá me apuntó a clases de danza clásica en un estudio cerca de casa. Lo encontré aburrido. No había piano, la profesora era severa y golpeaba el suelo con un bastón para marcarnos el ritmo. Salí y dije: no quiero ir más. -¿Y lo dejaste? -Me matricularon en clase de jazz. Y me encantó. Yo me veía como una Liza Minelli danzando y cantando. Por fin, podía mover mi cuerpo como me encantaba. Mi profesora, Silvia, vio en mí algo, y le recomendó a mi madre que me apuntase a ballet. -¿Te gustó esta vez? -Si, me encantó. La profesora era Fabiana Maggio, que había sido bailarina del Teatro Argentino de la Plata. Recuerdo que finalizábamos las clases haciendo improvisaciones. No era tan estricto para una niña tan chica. Era como un juego. Iba, me divertía y me sentía bien. -¿Cuándo se transformó el juego en algo más serio? -Todo sucedió sin pensar, como recorriendo un camino trazado de antemano. Empezaron a recomendar a mi mamá que sería bueno para mí ir al Instituto Superior de Arte la Escuela del Teatro Colón. Ella se quejaba: “vaya, siempre hay algo más...” (ríe). Sin saber tampoco porqué, fue así como me inscribí. Había que pasar un concurso con diferentes pruebas al que se presentaban más de 250 chicas, ¡Y no sabía nada de danza clásica! -¿Estabas motivada? -Sí, y eso era un problema para mi madre., El Instituto de Arte preparaba las chicas a pasar el concurso. A mi mamá le contaba después de las clases que el profesor me reñía, “señorita Pagliero, haga tal cosa”, y mencionaba pasos que yo no entendía. A mi mamá le sabía mal y me preparaba para el fracaso, trataba de consolarme diciendo que si no entraba no pasaba nada, etc... Un día salí llorando de la clase, pero seguí. A la semana siguiente pude contarle: “el profesor me felicitó”. Llegó el día del examen y quedé entre las 12 chicas que escogieron. Todo fue tan rápido que ni me di cuenta de lo que significaba ser bailarina. -¿Qué recuerdas de tu época en el Teatro Colón? -Tengo un buen recuerdo. Estudiábamos con el método Vaganova, con maestros de muy diversa procedencia, de escuelas diferentes. Por eso el bailarín argentino se caracteriza por su facilidad de adaptación, no está marcado, definido, sino que es versátil y moldeable. -¿Qué edad tenías? -Sólo 9 o 10 años. -¿No dudaste de tu vocación cuando te diste cuenta de lo que significaba convertirte en bailarina? -Te seré sincera. Sí hubo un momento muy difícil en la adolescencia, cuando fui consciente de que la danza ocupaba demasiado espacio en mi vida. Se hacía muy cuesta arriba la falta de compatibilidad con los estudios de la escuela normal, a los que había que añadirles la carrera de danza. Dos escuelas y una sola vida, sin tiempo apenas para nada... -¿Cómo lo hacías? -Al final tuve que dejar la escuela y hacer los estudios a distancia. Imagínate, yo tenía que ir por la mañana al colegio normal, luego iba al curso de danza básico, y por las noches, en el Instituto, todas las chicas iban a cursos privados. Yo iba con una profesora que me daba el curso avanzado de tres veces por semana durante tres horas por la noche... 3 horas, 3 veces por semana. Hay una historia que me gusta contar sobre este tiempo... Poco después de mi entrada en el Instituto, Fabianna Maggio, la profesora que me había empujado a inscribirme, me dijo, con mucha humildad, que el nivel de su escuela no era suficiente para mi, "para progresar como se debe progresar con alguien del Instituto". Entonces, mi mamá se fue a buscar un otro estudio, de un nivel mas alto. Encontró uno, que parecía bastante bien. Y yo empecé a trabajar allá. La profesora que había era buena, pero tenía un problema, siempre quiso tener una hija y eso nunca sucedió, por lo que de una cierta manera me adoptó. Quería acompañarme a la escuela, a los concursos, invitarme a pasar tiempo en su casa para entrenarme, etc. Después de un año, un día, durante un curso, tuvimos una disputa en la que habló mal de mi madre. Y no era la primera vez que sucedía. Yo salí de la clase llorando y gritando que nunca iba a volver. Fue a pedir a la secretaria que llamara a mi mamá. De vuelta a la casa, yo no me calmaba. Después de un momento, le expliqué a mi mamá. Ella pidió una cita con la profesora. Durante la cita, la profesora le dijo que Ludmila nunca iba a poder lograr nada, porque no tenía una mamá con un titulo universitario y un papá con dinero. Te hacen sufrir este tipo de cosas cuando eres niña, cuando tienes 10 años. Pero nada está escrito con antelación. Y no se puede tampoco juzgar una persona de esta manera, con este tipo de criterios. A esa edad ya iba sola a todas las clases. Tienes un momento de agotamiento, y empiezan las dudas sobre si es ese tu verdadero camino. Son momentos en los que nada parece claro. -¿Pensabas en tus planes de futuro? -No parecía que existiera, no había futuro, especialmente porque en mi propio teatro no salían plazas para poder entrar en el cuerpo de baile. -¿Surgió una salida? -Siempre intervino en mi vida el elemento sorpresa, el azar inesperado y emocionante... (Continuará) MERCEDES ALBI (Fotografías de Ludmila en "La source", por Julien Benhamou)

  • Un nuevo 'amor brujo' para cambiar de año

    Danza española para despedir y recibir año. El Teatro Real presenta estas Navidades la nueva mirada de Víctor Ullate hacia 'El amor brujo'. Dos décadas después de estrenarse con la obra de Manuel de Falla, el artista zaragozano regresa a la partitura del compositor para hacer “una revisión total'”, según sus palabras, que estará en el coliseo madrileño el 29 y 30 de diciembre, más el de 2 y, con dos funciones, el 3 de enero. Para la nueva coreografía, Ullate ha convocado para que compartan escenario con su compañía al bailaor Rubén Olmo y a la cantaora Estrella Morente. De la parte musical se encargan el guitarrista Pedro Sierra y Josep Vicent, un director con especial dedicación por la danza, que estará al frente de una Orquesta Sinfónica de Madrid que interpretará una adaptación de las versiones original de 1915 y la revisión de diez años después. A esta partitura ha añadido tres canciones populares del propio autor, más una variación de Paco de Lucía sobre para el trance de José, y unos efectos especiales creados para la ocasión por Luis Delgado y el conjunto In Slaughter Natives. La danza también incorpora importantes variaciones respecto a la versión de 1994. “El esqueleto es el mismo, pero todo lo demás está muy cambiado”, asegura Ullate, que declara estar “muy orgulloso de lo que salido” con la revisión, que le ha dejado “un perfume español, pero sin caer en tópicos”. El cambio principal es la “transformación de José en un ser oscuro, con un séquito de ángeles negros que hacen una especie de ritual”. Para ello, Ullate ha incorporado “una proyección que es una obra de arte en 3D”. Además, el coreógrafo ha profundizado en “la complicidad entre Candela y Lucía". De la anterior versión, Ullate ha mantenido algunas partes, aunque con retoques. “La pelea de principio es lo único que hay de lo antiguo, no la he tocado, pero sí perfilado, y la danza del fuego está mejorada”. Otra novedad tiene que ver con Morente, que no sólo canta, sino que también “se mete dentro de la obra”, pues Ullate la hace desdoblarse en la pitonisa. “Estrella está guapísima, con una bata de cola enorme”. Morente se siente “privilegiada” por formar parte del elenco de una “obra magna, profunda, intensa” que conoce muy bien, pues es un titulo que ya ha cantado en unas 30 ocasiones con diferentes orquestas. Pero ninguna como la presente, ya que tiene coreografía de Ullate, con quien mantiene “una relación casi paternal” ya que le conoce desde su niñez, y es en el Teatro Real, un coliseo que su padre la llevaba a ver “por fuera cuando era pequeña”. CARLOS GALLEGO

  • El Ballet Imperial Ruso llega por Navidad

    El Ballet Imperial Ruso fue creado en 1.994 por iniciativa de Maya Plisetskaya, que durante muchos años fue su presidenta de Honor y asesora general. El director artístico del Ballet es Gediminas Tarandá, quien antes de crear la compañía fue solista principal del Teatro Bolshoi de Moscú (1980-1994) y estudió la carrera de coreógrafo bajo la dirección de Yury Grigorovich. Su trabajo fue reconocido con el Primer Premio del Concurso Nacional de Ballet de Moscú (1978), Primer Premio del Concurso Nacional de Coreografía y Ballet (1980), Premio al Mejor Intérprete de Coreografía Moderna (1984). Artista de Honor de Rusia (2005), Orden de Diaguilev (2008). En el teatro Compac Gran Vía se estrena estos días un título muy apropiado en estas fechas, "El Cascanueces", y a partir del 6 de enero el público podrá disfrutar de "El Lago de los Cisnes"; la gran novedad vendrá de la mano de "El Quijote", un título que se representa muy escasamente en nuestros teatros, y que podremos ver desde el 20 de enero gracias a esta querida compañía rusa y a su productora Tatiana Solovieva.

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